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«Se desaprovecha el talento de los médicos porque no se facilita la investigación»

La doctora Astrid Crespo es la única médico que ha ganado la IV convocatoria de premios a Jóvenes Investigadores de la Fundación AstraZeneca, lo ha hecho en la categoría de Asma

  • La doctora Astrid Crespo en el recinto universitario del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, en Barcelona. Foto: Shooting
    La doctora Astrid Crespo en el recinto universitario del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, en Barcelona. Foto: Shooting
Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de octubre de 2018. 07:34h

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Montse Espanyol.  Barcelona. 13/10/2018

«La Barcelona del 92 tuvo tres amenazas. Casi todo el mundo recuerda dos, el terrorismo y la heroína, pero pocos saben que hubo una tercera cuestión que puso en serio riesgo la organización de los Juegos Olímpicos, justo cuando Barcelona pasaba los exámenes del COI: una epidemia de asma de origen desconocido que causó cuatro muertes». Lo cuenta el ex alcalde de Barcelona, Joan Clos, en el libro «Recuerdos» (RBA), en el que 40 amigos de Pasqual Maragall relatan 40 vivencias para que no las borre el Alzheimer. En aquel entonces, Maragall le preguntó a Clos, concejal de Sanidad, por los mejores especialistas y se puso en contacto con Atlanta (Estados Unidos). Juntos descubrieron que los brotes de asma estaban relacionados con descargas de soja en el puerto. Pese a que en 1992 era una niña y vivía en Venezuela, donde nació, la doctora Astrid Crespo, médico de familia, pneumóloga e investigadora en el Hospital de Sant Pau es uno de los «pocos» que conocen la historia. Lo aprendió de los doctores Ferran Morrell y Xavier Muñoz, del Hospital Vall d’Hebron. Desde que empezó a estudiar Medicina, siempre se ha interesado por la pneumología. Hizo investigación básica en la Northwest University de Chicago, pero cuando se interesó por venir a Europa le dijeron que «Barcelona es una ciudad puntera en investigación en Pneumología». Actualmente, es médico adjunto del Servicio de Pneumología del Hospital de Sant Pau e integrante del Grupo de Asma de Investigación en Enfermedades Respiratorias Crónicas Obstructivas del Instituto de Investigación Biomédica. «Mi carrera científica es vocacional», cuenta. «Como a los médicos no se nos reconoce un porcentaje de horas para investigar, saco tiempo entre paciente y paciente, y dedico horas en casa que se las robo a mi familia», explica. De no ser así, su trabajo sobre el asma neutrofílica (AN), una enfermedad grave huérfana de tratamiento, no habría recibido el premio a jóvenes investigadores de la Fundación AstraZeneca en la categoría de Asma y Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica. Con los 20.000 euros del premio podrá pagar a un becario de su equipo y seguir investigando un tratamiento para una enfermedad que hasta la fecha es desesperanzadora. Admite que es difícil hacer investigación en este país y lamenta que «se pierde mucho potencial de gente que está dedicada en cuerpo y alma a los pacientes». En el hospital de Sant Pau, «hay un grupo de médicos que lucha por que sea reconocido un porcentaje de horas para investigación, pero aún está muy verde». Mientras, no tira la toalla y va a seguir robándole horas al tiempo y buscando becas para seguir investigando. Por ahora, tiene los recursos –la financiación y un equipo de seis personas–, para seguir con su investigación. Pretende conocer en profundidad el asma neutrofílica. Descubrir sus características clínicas, su historia natural y la de sus subfenotipos, así como determinar los tipos de neutrófilos asociados a este asma y analizar la flora microbiológica de estos pacientes. Sólo así, podrá desarrollar un tratamiento específico para esta enfermedad. Crespo se lanzó a investigar el AN porque es el único asma que no tiene tratamiento. «El asma no es una enfermedad única, es heterogénea, hay muchos tipos de asma. Se puede clasificar por fenotipos, el tipo de célula que predomina en los pulmones del enfermo. Si no predomina ninguno, se trata de un paciente normal. Luego están el asma eosinofílica, que tiene tratamiento, el asma neutrofílica y pacientes que tienen un asma mixto, que al no tener tratamiento son un reto para la salud pública». El asma afecta a un 5% de los españoles. Y el AN a un 15% de los asmáticos, pero como son pacientes con muchos ingresos hospitalarios suponen una carga económica para el sistema sanitario. No se sabe muy bien porque estos asmáticos tienen el neutrófilo elevado. Esta es una de las claves que intentará descubrir la investigación de la doctora Crespo, en la que participan 100 pacientes de 20 centros hospitalarios. Sant Pau, el Vall d'Hebron o Bellvitge son algunos de ellos. El trabajo arrancó en enero y acabará en septiembre de 2020. Si obtiene resultados, podrían buscar una diana terapéutica y desarrollar un fármaco. Por ahora, se sabe que el neutrófilo elevado está relacionado con infecciones bacterianas. El tabaco, la obesidad, la contaminación y la corticodependencia, también puede producir asma neutrofílica. En el caso del paciente que toma corticoides, la persona está atrapada en un círculo vicioso. Como son un 15% de los asmáticos, las farmacéuticas no les prestan interés. Pero la doctora Crespo es testigo del sufrimiento y la carga emocional que se asocia a esta enfermedad minoritaria huérfana de tratamiento y por eso se ha lanzado a buscar respuestas.

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