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Un Sant Jordi sin Govern

El 155 deja al Palau de la Generalitat sin la misa que se hacía desde 1434. Torrent llama a no renunciar a una fiesta alegre y libre

  • El entrenador del Manchester City, Pep Guardiola y el entrenador del Manchester United José Mourinho, conocidos por su rivalidad, se besan para celebrar la diada de Sant Jordi en este grafiti, obra del artista urbano TVboy
    El entrenador del Manchester City, Pep Guardiola y el entrenador del Manchester United José Mourinho, conocidos por su rivalidad, se besan para celebrar la diada de Sant Jordi en este grafiti, obra del artista urbano TVboy / Fontcuberta/Efe
Barcelona.

Tiempo de lectura 2 min.

21 de abril de 2018. 10:20h

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Montse Espanyol.  Barcelona. 21/4/2018

Sólo los más mayores recuerdan cuando en Cataluña se celebraba Sant Josep. De eso hace más 38 años ya. El 19 de marzo era festivo, había comidas familiares y de postre se comía crema catalana. Como decía el refrán de «Peps, Joseps i ases hi havia a totes les cases». Ahora, hay más Marcs, Jordis que nacieron en los 80 y que hoy tienen hijos a los que llaman Àlex y Jan.

En 1980, ganó Jordi Pujol. Las malas lenguas dicen que no sentía mucha simpatía hacia Josep Tarradellas, que le quitó el día festivo y le dio a Sant Jordi carácter de fiesta nacional. Aunque lo cierto es que la imagen de Sant Jordi preside el icónico balcón del Palau de la Generalitat que da a la plaza Sant Jaume, desde 1434 se celebra una misa en su capilla y fue Josep Tarradellas quien a su regreso convirtió al president de la Generalitat en protagonista de los actos institucionales.

Sea como fuere, con Pujol, Sant Jordi cogió aires de fiesta. Instauró un desayuno con melindros y chocolate a la taza en el Pati dels Tarongers, que Pasqual Maragall y el tripartito convirtieron en un aperitivo nupcial en el Palau de Pedralbes. Era más moderno, pero poco de izquierdas. Había más de 3.500 invitados y costaba alrededor de los 200.000 euros. Con la llegada de Artur Mas y la crisis económica, la celebración de Sant Jordi quedó reducida a la mínima expresión, la misa, un escueto discurso por parte del president de la Generalitat y la bendición de rosas en el patio de carruajes. El Gremio de Pastelería traía un pastel al president, una tradición que arrancó con Tarradellas, los años previos a la restauración de la democracia y el Gremio de Panaderos de Barcelona llevaba el pan de Sant Jordi. Este año se iban a celebrar 30 años del pan de Sant Jordi –sobrasada y queso para dibujar las cuatro barras–, pero el 155 ha reducido la diada a la mínima aun concierto de carrillón a las 12.00 y a las 18.00 horas, unas sardanas en plaza Sant Jaume y puertas abiertas en el Palau de la Generalitat.

«Nos hubiera gustado que se celebrara con normalidad Sant Jordi, pero nadie ocupa la presidencia de la Generalitat y lo más adecuado es no hacer actos institucionales», alegó ayer el delegado del Gobierno, Enric Millo. Mariano Rajoy no quiere meterse en líos los símbolos. Por no haber, no habrá ni misa ni bendición de flores, una tradición que se ha celebrado durante 600 años y que sólo dejó de hacerse durante la Guerra Civil.

Sí se celebraron ayer los actos conmemorativos en el patio de la biblioteca del Parlament. Allí Roger Torrent recordó a los políticos presos. Y aunque habló de un Sant Jordi «inusual», llamó a no renunciar a la alegría y la libertad de la fiesta de Sant Jordi.

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