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Una desaparición, mil interrogantes

Marta Robles presenta su nueva novela negra, «La mala suerte», donde recupera al detective Tony Roures

  • Beriestain Concept Store de la calle Pau Clarís donde presentó su nueva novela, «La mala suerte» junto al periodista Carlos Quílez.
    Beriestain Concept Store de la calle Pau Clarís donde presentó su nueva novela, «La mala suerte» junto al periodista Carlos Quílez.

Tiempo de lectura 4 min.

08 de noviembre de 2018. 08:33h

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Carlos Sala.  8/11/2018

Cuando un ser amado desaparece, cuando, de repente, sin explicación, ya no está junto a nosotros, la realidad se abre por completo y es como si desapareciese absolutamente todo, no sólo una persona. No hay tierra firme, sólo un deslizarse hacia abajo arrastrado por la podredumbre y la pena. La atracción hacia el vacío es absoluta. Se necesita mucha fuerza para sobrevivir. Y a veces, ni aún así. Si encima nos convertimos en sospechosos de esa desaparición, en causantes de esa imposible desazón, la vida entonces es un caos, un grito acusador que crece y crece y nos hace cada vez más pequeños. El tormento de las dos caras. Si en un momento así, no tenemos ayuda, no hay salvación posible.

La escritora y periodista Marta Robles ha escrito la historia de una desaparición en «La mala suerte», (Espasa), su segunda novela negra, donde recupera a su detective fetiche, Tony Roures. A partir de aquí, se abrirá una caja de Pandora donde saldrán a la luz todos los dramas que se pueden esconder detrás de un mismo hecho, la desaparición de una adolescente en Mallorca. «Llevo escribiendo muchísimos años. Siempre quise ser escritora, desde que era una niña y las monjas se escandalizaban por las sangrientas páginas que dejaba con mis redacciones. Pero creo que fundamentalmente soy lectora y eso se nota. Mi interés, entonces, por la novela negra es la posibilidad de indagar en el fenómeno del mal y cómo, si el foco de la atención recae absolutamente en nosotros, nadie quedará bien parado», señala Robles.

La escritora presentó ayer su nueva novela junto al escritor y periodista de sucesos Carlos Quílez ante unas atentas y entregadas cien personas. Según los datos de la policía, la mayoría de las personas que desaparecen que no vuelven en las primeras 48 horas, no vuelven nunca. La madre de la desaparecida irá a ver a Roures dos años después de su ausencia. El drama familiar ha roto cualquier posibilidad de capacidad soportable. Allí Roures tendrá que dilucidar quienes son las víctimas y quienes los verdugos en una familia tan rota por la tragedia como por las suspicacias. «En realidad, la novela nació de una pregunta fundamental, qué hay detrás de la maternidad o la paternidad, es un acto de generosidad o de egoísmo. A lo largo de la historia se han tenido hijos por las causas más rocambolescas, desde anexionar reinos a tener mano de obra barata o apuntalar matrimonios. Ser padre o madre es un deseo, no un derecho, y a veces se llegan a extremos increíbles para ser madre o padre», dice Robles.

A partir de aquí, la escritora dibuja una completa radiografía de nuestra sociedad contemporánea en la que, detrás de las apariencias, siempre hay la violencia de la autojustificación y la mansa irresponsabilidad de no quere enfrentarnos a nuestros pecados. «Esta historia vino a mí desde las primeras frases de mi anterior libro. Supe que quería denunciar una situación que para muchos pasa invisible cuando es del todo intolerable. No quería escribir una historia real, sino verosímil, que mostrase qué ocurre en las familias de estos desaparecidos. Quería trascender la trama policial para entrar de lleno en las tinieblas del mal social», comenta Robles.

Estructurada de forma en que conocemos a todos los personajes a partir de las miradas de las personas que tienen más cerca, el detective Roures volverá a copar toda la atención presentándonos a su propia familia o dejándose llevar por la pasión hacia una misteriosa mujer que incluso le hará descuidar su propia investigación. «Es un personaje fascinante, un hombre que sabe escuchar a las mujeres y no hay arma de seducción mejor. No sé si hay mucho de mí en él, salvo que se llama como mi padre», asegura la escritora. Personas con doble cara, maltratos, las incongruencias de las leyes, el dolor de las víctimas, y un arsenal de personajes femeninos fuertes y apasionantes completan una narración que lleva al lector al mismísimo origen del mal. ¿Habrá más historias de Roures? Ojalá que sí.

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