Política

Viñetas de Salamina

La novela que lanzó a a la fama a Javier Cercas conoce una adaptación al cómic por José Pablo García

Javier Cercas y José Pablo García, esta semana, en el certamen Cómic Barcelona
Javier Cercas y José Pablo García, esta semana, en el certamen Cómic Barcelona

La novela que lanzó a a la fama a Javier Cercas conoce una adaptación al cómic por José Pablo García

El escritor Javier Cercas, en el día de su cumpleaños, no podía evitar ayer mostrar cierta perplejidad por encontrarse en un evento como el Cómic Barcelona. «Nunca he estado en un salón como este. Mi hijo me ha contado un poco cómo es, pero es que yo de todo esto no tengo ni idea», explicaba al autor de estas líneas. Cercas ayer estaba en el certamen barcelonés dedicado a la viñeta para firmar ejemplares de la adaptación que ha hecho el dibujante José Pablo García de su «Soldados de Salamina» y que acaba de publicar Reservoir Books. Previo a ese encuentro con los lectores, los dos autores mantuvieron el siguiente diálogo con este diario.

J.C.–Esto del cómic es un mundo peculiar. En este tema me siento un ignorante total y no sé por qué genera esta subcultura. Me intriga. De chaval leía al Capitán Trueno, a Ibáñez, el Teniente Blueberry o los héroes de Marvel, pero con el tiempo me he dado cuenta que fue una manera de introducirme en la literatura. Recordará que había una colección que para mí fue extraordinaria. Eran las Joyas Literarias Juveniles de Bruguera, que todavía guardo en casa de mi madre, y donde tenías «La isla del tesoro», «Moby Dick» o «La Ilíada». Tenías el texto e intercalado una versión resumida en cómic.

Fue un vehículo para que mucha gente entrara en Verne, Salgari o Dumas.

J. C. –Sí y «La Ilíada».

J.P.G. –Podían resumir en unas treinta páginas una novela.

Y luego estaban esos cuadernillos que eran únicamente la novela en cómic que se vendía en quiosco.

J.C. –A lo que voy, dentro de mi ignorancia, es que hay un momento que dejas de leer cómics. Hay gente que no, pero ese es mi caso. Me da vergüenza decirlo y voy a ser sincero, pero cuando leo un cómic me sabe a poco. Me quedo con hambre.

J.P.G. –Sin embargo, existen obras, como «Watchmen» de Alan Moore y Dave Gibbons con las que no te quedas ganas de leer más.

Ahora se realiza una distinción entre el cómic –que puede ser Marvel, DC o Mortadelo– y la novela gráfica que es, por ejemplo, la adaptación de «Soldados de Salamina».

J.P.G. –Sí. Es un reciclaje del tebeo de toda la vida en un momento en el que los niños no leen nada. El mercado se ha tenido que definir.

Asociamos el tebeo muchas veces con el público infantil.

J.C. –Precisamente por eso me vais a permitir una pregunta a los dos. El hecho de que se haya siempre asociado el cómic al público infantil, ¿es lo que define que esto –el certamen Cómic Barcelona– sea un microcosmos especial y que haya aquío chavales adultos?

J.P.G. –Sí, hay algo de aferrarse a la infancia y no querer abandonarla. De algún modo los cómics me retrotraen a la infancia. Mi vocación empezó ahí. Creo que ha evolucionado en los últimos años. Ya que no puede dirigirse a un público infantil porque los niños tienen muchas ofertas de ocio, los cómics han tenido que buscar otro público. Ahora las librerías tienen su propio apartado dedicado al cómic, algo que antes no existía y que se limitaba a espacios que eran casi un gueto.

En estos nuevos caminos para el cómic, José Pablo García se ha atrevido incluso a convertir en cómic «La Guerra Civil» y «La muerte de Guernica», ambos de Paul Preston.

J.P.G. –Lo de Paul Preston fue una idea un poco suicida por parte de la editorial porque se trataba de adaptar un ensayo muy denso, con mucha información. Cuando lo leía no veía la manera de sintetizarlo. Era un poco apabullante, pero luego ha funcionado muy bien. El cómic aporta amenidad y claridad y ha funcionado muy bien en los institutos para explicar tanto la Guerra Civil como el caldo de cultivo para el conflicto.

«Soldados de Salamina», un libro que ha tenido muy larga, ahora salta al cómic.

J.C. –No fue una idea mía sino de mi editor Claudio López. Así de fácil. Un día me lo propuso y me dijo que tenía un tío fantástico que podía convertir el libro en cómic. Le dije que muy bien. Pero es que nunca me he opuesto que se haga nada con este y mis otros libros. Me dicen que si soy muy generoso. No, no es generosidad. La verdad es que los libros los hacen los lectores. No me cansaré de decir que los libros son partituras y cada lector lo interpreta a su manera. Hay tantos El Quijote» como lectores tiene «El Quijote». Yo pongo la mitad del libro y el lector la otra mitad. Esto funciona así y en eso consiste la literatura.

La novela ha conocido adaptaciones al teatro al cine. Esta última, de la mano de David Trueba, hacía del narrador del libro una mujer. En el cómic es un personaje que se parece mucho físicamente a Cercas.

J.P.G. –Se parece, pero podría haber sido otro personaje. No quiero olvidar que la experiencia de leer un cómic requiere una participación por parte del lector que es quien lo complementa.

J.C. –Es así. En el caso del cine, yo también creo que es el espectador quien también hace la película. Cada uno lleva las imágenes a su terreno.

J.P.G. –Desde luego. «Soldados de Salamina» tiene una estructura que se presta mucho para ser llevada al cómic. Por ejemplo, ese uso de la autoficción me recuerda al cómic «Maus» de Art Spiegelman.