MENÚ
sábado 23 febrero 2019
14:02
Actualizado

Daniel Fopiani: «Tratar a la literatura con respeto me ha traído hasta aquí»

El escritor y sargento de la Marina publica nueva novela: “La melodía de la oscuridad”

  • Daniel Fopiani: «Tratar a la literatura con respeto me ha traído hasta aquí»
  • Daniel Fopiani: «Tratar a la literatura con respeto me ha traído hasta aquí»
    /

    KIKE TABERNER

Valencia.

Tiempo de lectura 8 min.

18 de enero de 2019. 21:05h

Comentada
Vicente Coll.  Valencia. 21/1/2019

Daniel Fopiani (Cádiz, 1990) se encontraba de misión en Irak cuando le sonó el teléfono: «han comprado la novela», le dijo su agente. Este sargento de Infantería de la Marina, desde crío, entendió que su escritura no podía ser una afición, sino una dedicación. Desde entonces ha trabajado duro para ver su apellido estampado en el lomo de un libro reconocido. El premio València Nova de Narrativa y, ahora, la apuesta de Espasa por su nueva novela, «La melodía de la oscuridad» han hecho que su sueño despegue. «Ni me lo creo», bromea al preguntarle por los idiomas a los que se va a traducir su trabajo. Sabe de esfuerzos, y ahora llegan las recompensas.

-¿Cómo un sargento de la Marina acaba escribiendo literatura?

-Me ha gustado leer desde que tengo uso de razón. Me lo inculcó mi familia. El gusanillo de escribir mis propias historias nació a los doce o trece años. Pero nunca me dediqué a ello profesionalmente. A los 18 años ingresé en las Fuerzas Armadas, en el cuerpo de Infantería de Marina, y en 2012 aprobé para sargento. Una vez que tuve mi vida estructurada, volqué mi atención a la literatura. Lo que me ha llevado hasta aquí es haber tratado a la literatura con respeto.

-¿Hablamos, pues, de un escritor militar, o de un militar escritor?

-Yo creo que de un escritor militar. Escritor primero. Me nació antes.

-Fue toda una vocación.

-Siempre he dicho que ambas son vocaciones. Cuando comencé, la gente se pensaba que era un “hobby”. Y yo nunca he tratado esta como una afición, sino como un oficio. Pero es muy difícil comer de esto. Pero la Armada también es vocacional. Si no, no hubiera entrado a los 18 años. Mi afán es poder compaginar ambos oficios.

-¿A qué suena esta “Melodía de la oscuridad”?

-Cuenta la historia de un sargento de la Guardia Civil retirado, que fue víctima de ETA en el País Vasco. Lo pierde todo, incluida la visión. Depende totalmente de su mujer, Patricia. Cuando comencé a escribir la novela, me di cuenta de que había muchas cosas que yo no sabía. Tuve que acercarme a asociaciones como la ONCE para escuchar el testimonio de personas que nacieron con visión y la perdieron a lo largo de su vida. He aprendido mucho escribiendo esta novela. Eso el lector creo que lo va a absorber. Más allá de crear una historia, mi objetivo es tratar temas como la inmigración, algo que vivo yo en mi trabajo como militar. También la invidencia y la vida de aquellos que han perdido la visión.

-El personaje de Patricia es fundamental.

-Sin Patricia, la novela no funciona. El protagonista sin ella no podría hacer nada. Patricia empieza como un personaje secundario, pero, a medida que avanza la novela, adquiere un protagonismo brutal.

-El protagonista es víctima de ETA. ¿A qué se debe este guiño?

-Es un aspecto del que parece que cueste hablar. Está claro que “Patria” (nota: novela de Fernando Aramburu) hizo un trabajo fabuloso, no me puedo comparar en la vida con esa obra maestra. Pero son temas sobre los que la gente no se anima mucho a hablar. Yo conté con el asesoramiento de dos sargentos de la Guardia Civil y ese atentado, además, no existió. Es ficción, pero podría haber sucedido perfectamente.

-¿Qué tiene este título, en comparación con los anteriores, para haber dado este salto cualitativo que hemos comprobado?

-El premio València Nova de Narrativa me aportó mucha seguridad. Es una novela arriesgada. Hay una progresión evidente, es una novela mucho más profunda. Los personajes están mucho mejor tratados. Mi narrativa ha evolucionado, entre otras cosas, porque yo mismo he confiado en mi propia voz.

-Ha comentado que la inmigración es un tema que usted ha tocado de lleno profesionalmente.

-Sin ir más lejos, este verano rescatamos ocho pateras en el Mediterráneo. El que está en contacto con cosas así va a tener una visión totalmente diferente del asunto. Cuando uno ve que las personas, familias enteras con hijos recién nacidos, se tiran al mar días enteros, sin comer, sin saber qué va a pasar... Y los ves, los miras a los ojos. En la novela trato concretamente la inmigración rumana. Recuerdo el incremento de la inmigración rumana a principios de los 2000. Esto me llevó a investigar y comprobar que la gitana es una etnia discriminada en Rumanía. Acerco al lector a temas que siguen vivos hoy en día: hay gente que vive sin identificación, solo con el nombre que le puso su padre.

-Se va traducir su obra a varios idiomas. ¿Se lo esperaba?

-Para nada. No me esperaba, para empezar, publicar con una editorial de primer nivel, como Espasa. Yo estaba en Irak de misión cuando me llamó mi agente para decirme que habían comprado la novela. Llamé a mi madre y le dije que me estaban engañando, que no me lo creía. Pero fue verdad. Estoy muy agradecido. Son sueños cumplidos. Llevo muchos años trabajando en la literatura, soy consciente que tengo aún mucho por aprender. Pero no me imaginaba nada de esto. Es lo que siempre he perseguido, pero no me lo creo aún.

-¿Sus compañeros de la Marina lo leen?

-Honestamente, al principio no se me tomaba en serio. Era como una afición, “el sargento que escribe”. Ahora que está cogiendo seriedad, la gente se está dando cuenta de que es otro oficio. Es muy positivo para la imagen de la Armada, ya que la acerca a la sociedad y al ámbito cultural. Rompe con clichés y prejuicios de que el soldado es alguien inculto. Sí que me leen. De hecho, mis mandos están muy contentos con todo esto, y mis compañeros también.

-¿Qué mensaje lanza a los jóvenes escritores que buscan un hueco en la escena literaria de nuestro país?

-Lo más difícil de superar es la soledad: hay que superar la vergüenza a enseñar los textos. Solo se aprende si los demás te leen. La siguiente regla básica es que se lea mucho. Eso llevará a que se respete la literatura. Hay que respetar el oficio, tomárselo con tranquilidad. Con tiempo, trabajo y dedicación se puede llegar a cualquier sitio.

-¿Qué autores podemos encontrar en su camarote?

-Ahora estoy leyendo el último de Pérez Gellida, “Todo lo mejor”. Hay referentes de novela negra que están despuntando: Benito Olmos, Claudio Cerdán, Juan Gómez Jurado, Lorena Franco, Carme Chaparro... Estamos teniendo un auge.

-¿Dónde está el límite para Daniel Fopiani?

-Mi objetivo no ha cambiado: persigo ser escritor. Quiero que el lector medio me reconozca, tener mi carrera, que mi apellido suene. Si pudiera vivir de esto... Sería fantástico, pero no es ese el objetivo primordial. Quiero que la gente me lea y que conozca mi obra. Empecé a escribir otra novela, pero es demasiado pronto para hablar. Estoy recibiendo comentarios animándome a escribir una segunda parte de esta novela, y la propia editorial me ha dicho que me lo plantee.

Últimas noticias