La clase política se pasa al Telegram por su privacidad

Existe una nueva aplicación para móviles (y también para ordenador) que está haciendo furor entre los usuarios. Se llama Telegram y es muy parecido al archiconocido Whatsapp... pero mucho más seguro.

La seguridad estriba en dos aspectos fundamentales. Por una parte, en su «arquitectura» interna que lo vuelve menos vulnerable que el whatsapp a los «ataques» externos de «hackers» que podían llegar a suplantar la personalidad y hacerse con el control de la cuenta.

Esta circunstancia, sin duda útil. no es la más determinante para el crecimiento exponencial que está teniendo el número de usuarios de Telegram que ya se cuentan por millones. La principal ventaja es que los mensajes se autodestruyen, se borran solitos. Se puede programar cuándo, desde los dos segundos al minuto.... hasta al mes. No deja rastro.

Ésta es la funcionalidad que está haciendo furor en la clase política valenciana, y es de suponer que en la del resto de España.

Ya son muchos los cargos electos, sobre todo «jóvenes», que se pasan a Telegram, aunque compatibilizando el uso del Whatsapp ya que el anterior aún no es de dominio general.

Y no es que haya que tener necesariamente nada que esconder, pero qué pocos móviles resistirían una exposición pública de todos los mensajes que guardan o de las fotos que a través de las cuenta de mensajería instantánea se envían.

Hay un dicho popular que reza que el peor enemigo de un político es un compañero de partido.

Y ahí es donde el Telegram evita sustos . No es la primera vez que mediante técnicas de escasa deontología profesional se «roba» una foto del texto que en ese momento está enviando o recibiendo un diputado. En 2010, el diputado del PP Vicente Parra calificó al entonces conseller Gerardo Camps de «rayón vago» y tildó a la mayoría del Consell de «hatajo de inútiles». Esas expresiones del diputado fueron «robadas» mediante el uso de un teleobjetivo y publicadas en prensa.

No es la primera vez, pero ahora, con los nuevos servicios de mensajería instantánea que se «autodestruyen» (cada vez hay más), puede ser la última.

No es imposible, pero dos segundos es muy poco tiempo para que alguien pueda leer o «robar» un mensaje.

Además, se da otra circunstancia, según señalaba recientemente otro diputado, y es que los teléfonos de los cargos públicos suele pagarlos la administración, por lo que sus propietarios son más laxos en su uso, e incluso en prestarlos a compañeros o colaboradores cuando es necesario.

¿Quién va a negar el móvil a un compañero que se ha quedado sin batería? El problema viene cuando ese mismo móvil está repleto de mensajes contra el mismo camarada que te pide el favor.

Evita la ocasión y evitarás el peligro, repite constantemente una persona de la administración valenciana que hace unos días lo recomendaba con ahínco.

Una vez instalado y consultando la lista de contactos, sorprende descubrir cuantos políticos ya lo tienen...