Las agresiones a los funcionarios de prisiones se han duplicado en ocho años

La Asociación de Trabajadores Penitenciarios dice que se maquillan los datos oficiales

La Asociación de Trabajadores Penitenciarios dice que se maquillan los datos oficiales

La Asociación Profesional de Trabajadores Penitenciarios ha denunciado que la tasa de agresiones físicas se ha duplicado en los últimos ocho años, subiendo

hasta 493 en el recuento oficial de 2017. Esto supone que, de media, cada trabajador penitenciario recibirá dos agresiones en su vida laboral. Esta cifra aumenta hasta cuatro si se trata del personal de vigilancia.

Advierten de que las agresiones físicas no paran de crecer y que las cifras oficiales, «a pesar de los intentos de maquillaje y burocratización con protocolos ocultadores como el Peafa, muestran una tendencia ascendente de agresiones físicas a los niveles más altos de los países europeos».

Señalan, además ,que este incremento sigue produciéndose «incluso habiendo disminuido la población reclusa y el personal».

Desde la asociación se añade que «al no ser reconocidos como agentes de la autoridad, muchas veces estas agresiones quedan sin castigo para los internos que las cometen».

Otro problema importante que denuncia estan entidad es que las agresiones verbales y psicológicas no se contabilizan, siendo el único ámbito de la Administración General del Estado donde no se tienen en cuenta. «Un ámbito en el que no deberían estar incluidos los profesionales penitenciarios, ya que su especificidad y ámbito de actuación, merecerían un sector propio y exclusivo».

La Asociación de Trabajadores Penitenciarios considera que la única forma efectiva de luchar contra las agresiones es solucionar la falta de personal y el problema de envejecimiento de las plantillas, la falta de medios materiales y de formación y de especialización adecuada, y atender de forma más eficaz el aumento de las patologías psiquiátricas y la falta de tratamiento específico para enfrentarlas, y recuerda que el colectivo de prisiones lleva años de intensas movilizaciones para conseguir justicia salarial, más medios y más personal.

Como ejemplo de los peligros a los que están sometidos los funcionarios de prisiones en su trato diario con la población reclusa, la asociación ha ampliado la información sobre uno de los últimos incidentes ocurridos en Picassent en los últimos días, con un preso muy violento que agredió a un funcionario y provocó un pequeño incendio en el autobús de la Guardia Civil que le trasladaba al penal de Castellón.

Recluso muy violento

Según esta organización, el pasado lunes día 25 por la mañana, un interno del módulo 2 de Picassent, advirtió al funcionario que se encontraba en el patio de que se preparase, gritando que «¡Vas a tener que llamar a tus compañeros, porque ahora mismo va a haber un muerto!». Acto seguido, el citado interno, equipado con un pincho (cuchillo de fabricación carcelaria) y un pasador arrancado de una puerta, se abalanzó contra un interno del módulo.

Explica la asociación que «solo la rápida actuación y excelente profesionalidad de los funcionarios de servicio en la unidad, que arriesgaron su integridad física, y acabaron por el suelo, evitó una desgracia».

Además, informan de que en los cacheos extraordinarios efectuados en ese módulo tras estos incidentes, los funcionarios han requisado dos «pinchos» más, así como tres mini teléfonos móviles.

Tras protagonizar este violento incidente, y ser visitado por el médico, el interno fue trasladado al Departamento de Aislamiento. Fue allí, donde, hacia las 16 horas se «chinó» (se provocó lesiones, en el argot penitenciario), autolesionándose levemente, en una táctica comúnmente usada por internos violentos, por lo que el médico decretó el pase al Departamento de Enfermería de la Unidad de Preventivos, en situación de protocolo de prevención de suicidios

El miércoles, al interno le es concedido un permiso extraordinario por motivos familiares, permiso que aprovechó para, a su regreso, tratar de introducir una bola de supuesta substancia estupefaciente y un móvil, que llevaba oculto en el interior de su organismo. Al día siguiente, en su traslado a Castellón, provocó los incidentes y agresiones.