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Agua y amoniaco para poner nombre al muerto del ascensor del Hospital de La Paz

Los investigadores tratan de obtener las huellas dactilares del difunto rehidratando los dedos de la mano

  • El ascensor número 54 del hospital La Paz, por cuyo hueco cayó el hombre, con carteles de fuera de servicio, el pasado miércoles / El Confidencial
    El ascensor número 54 del hospital La Paz, por cuyo hueco cayó el hombre, con carteles de fuera de servicio, el pasado miércoles / El Confidencial

Tiempo de lectura 4 min.

16 de julio de 2018. 12:58h

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Nacho Abad 14/7/2018

La principal herramienta con la que cuenta la Policía para resolver el misterio del hombre del ascensor de La Paz es el amoniaco. Para ser más preciso, amoniaco, alcohol y agua. Desde hace días la Policía Científica está tratando de poner nombre y apellido al cadáver que fue localizado en el hueco del ascensor número 54 del centro médico madrileño. Para conseguirlo se han centrado en los dedos del difunto. Primero los fotografiaron y después los introdujeron en alcohol durante 24 horas para frenar la descomposición. El siguiente paso fue rehidratarlos para conseguir recuperar las huellas dactilares. ¿Cómo se hace? Técnicamente es sencillo. Dependiendo del estado de los dedos, estos se sumergen en una solución compuesta de amoniaco y agua que con el paso de los días se va equilibrando hasta que el porcentaje sea de 50% de ambos líquidos. Entonces se saca la extremidad, se seca, se entinta y se le toma la huella al fallecido.

Los agentes de la científica están en el final del proceso de reseña necro-dactilar. Una vez logrado, las huellas se introducirán en el SAID (Sistema Automático de Identificación Dactilar) y en la base de cadáveres anónimos y personas desaparecidas. La base del SAID sólo acumula los datos de los detenidos y la otra, la de personas ausentes cuya reseña se coge del registro del DNI. Sin embargo, ninguna está conectada con la base del Documento Nacional de Identidad, por lo que no es seguro que pueda producirse una coincidencia. Todo depende de si el muerto fue detenido en el pasado o por alguna razón tuvieron que tomársele las huellas.

Mientras esta línea de identificación avanza, los agentes tratan de establecer qué ocurrió, y cómo un hombre de entre 50 y 60 años pudo acabar en el hueco de un ascensor. El trabajo está siendo de chinos. Lo primero fue registrar el cuerpo. En los bolsillos no se encontró nada. Ni documentos, ni tarjetas de crédito, ni carné de conducir, ni nota manuscrita, nada. Sí localizaron un objeto curioso: una llave metálica de apertura de ascensor. Comprobaron uno a uno los accesos al elevador y la cámaras de seguridad de cada piso y, después de dejarse los ojos, establecieron que el desconocido abrió las puertas en una de las plantas altas del hospital. La mala suerte es que hay dos ascensores y las imágenes sólo captan las puertas del de la izquierda, no del de la derecha, que es el 54, por el que cayó el misterioso desconocido, por lo tanto no existe grabación del momento crítico. Los vídeos sí sirvieron para establecer el momento en el que ocurrió todo: fue el 2 de julio, minutos después de las 5:00 de la madrugada. En las imágenes se ve al hombre vagando por la planta sin rumbo aparente hasta que desaparece. Solo. Sin nadie que le acompañe. Revisando las cintas de esa noche se le ve entrando en el edificio a una hora avanzada.

De los vídeos de las cámaras de seguridad se ha impreso la imagen del misterioso hombre, lo manda el protocolo, y se la han enseñado a los pacientes de las plantas superiores y a los del resto de habitaciones, por si fuese un familiar o un amigo, sin resultado positivo. Tampoco pertenece al personal del hospital, ni a la empresa de mantenimiento, ni hubo aviso aquella madrugada de mal funcionamiento que motivase que un técnico tuviese que acudir a reparar nada. Los policías, foto en mano, se han hartado a preguntar en restaurantes cercanos, puestos de periódicos, personal de seguridad... Así lo cuentan los habituales del centro médico, aseguran que les han enseñado una imagen en color del fallecido, de momento sin resultados.

La pregunta ahora es: ¿qué hacía el desconocido individuo en el hospital La Paz de madrugada? ¿Por qué abrió las puertas del ascensor 54 de una de las plantas altas? ¿Cómo cayó? Los investigadores contemplan todas las hipótesis y por prudencia no descartarán ninguna hasta que consigan identificar al fallecido. Al ir sin compañía difícilmente nadie pudo empujarle, poco se podía robar en el hueco del ascensor y tampoco estaba huyendo, con lo que la posibilidad más verosímil es el suicidio. Lo que también es un misterio es porqué todavía nadie le ha echado de menos.

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