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Bernabéu, fin a una batalla histórica

Durante décadas el Real Madrid trató de demoler el estadio y construir otro con las plusvalías de los terrenos de la Castellana

  • En los años sesenta el Santiago Bernabéu se había quedado pequeño y obsoleto frente al Nou Camp del Barcelona y el estadio del Manzanares del Atlético de Madrid
    En los años sesenta el Santiago Bernabéu se había quedado pequeño y obsoleto frente al Nou Camp del Barcelona y el estadio del Manzanares del Atlético de Madrid

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22 de abril de 2019. 18:50h

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Ángel del Río.  22/4/2019

Recientemente se ha presentado la remodelación del estadio Santiago Bernabéu, que va a convertirlo en uno de los más modernos del mundo. La llegada de Florentino Pérez a la presidencia del Real Madrid activó esta idea, que ha sido larga y costosa, después de aparcar la vieja pretensión de anteriores presidentes, que era tirar el viejo estadio de Chamartín y construir otro lejos de la difícil movilidad de la Castellana.

El club blanco intentó que se aprobara una operación urbanística que le sería muy rentable: que el Ayuntamiento recalificara los terrenos del estadio, de uso deportivo a residencial, y con la extraordinaria revalorización de los mismos, construir un nuevo estadio. Se hicieron gestiones, y hasta presiones, con el antiguo régimen, para lograr lo que el Ayuntamiento franquista le negaba, incluso que el mismo Franco mediara en este asunto.

En los años sesenta, el estadio Santiago Bernabéu se había quedado pequeño y obsoleto para los planes de futuro del Real Madrid, mientras que el Barcelona contaba con el Nou Camp, y el Atlético de Madrid, con el moderno estadio del Manzanares. La entidad blanca empieza a plantearse dos posibilidades: derribar el estadio y construir uno nuevo en el mismo lugar, o vender los terrenos y levantar otro estadio en la periferia. La primera de las opciones requería fuertes inversiones, que el club no podía permitirse y no se solucionaba el problema de los accesos; la segunda podía ser más rentable. Surge entonces un importante grupo inversor que ofrece al Real Madrid 4.000 millones de pesetas por los terrenos que ocupa el Bernabéu, con la idea de construir en los mismos un rascacielos de 70 pisos de altura, que se bautizaría como «Torre Blanca».

En la entidad blanca se toman muy en serio la oferta, incluso se ojean unos terrenos en el paraje conocido como la finca de Las Jarillas, entre las carreteras de Burgos y Colmenar, y se le encarga al arquitecto Félix Candela, el proyecto para la construcción de un estadio con capacidad para 120.000 espectadores, de los cuales la mitad estarían sentados, con ocho tribunas independientes y una cubierta, al estilo del Olímpico de Münich. Pero antes habría que salvar el escollo más complicado: que el Ayuntamiento accediera a la recalificación de los terrenos del Bernabéu.

Los dirigentes del Real Madrid pensaron que, al tratarse de un club de tanta solera, en el Ayuntamiento nadie se opondría a esta operación, puramente especulativa. Pero se equivocaron. El entonces alcalde, Carlos Arias Navarro, se mostró contrario a esa recalificación, de la que dijo públicamente que: «estaba tan prohibida como lo está el asesinato». Comenzaron una serie de desencuentros personales de Santiago Bernabéu con el régimen, aunque el más sonado fue cuando prohibió la entrada al palco de honor al fundador de la Legión, Millán Astray. El detonante fue que el general legionario, en una de sus visitas al estadio, se saltó el protocolo de la época y besó a la esposa de un diplomático extranjero. Le fue impedido el acceso a la tribuna, pero lo peor es que no fue el presidente blanco quien le comunicó esta decisión, sino un acomodador. Millán Astray, furioso, intentó tomar por la fuerza el palco. Se personó Bernabéu, lo que motivó una agria discusión entre ambos, incluso testigos aseguran que el general llegó a retar a duelo al presidente blanco. Parece que fue el general Muñoz-Grandes el que medió, pero Millán Astray jamás volvió.

La idea de la recalificación de los terrenos fue también desestimada por el alcalde que sucedió a Arias Navarro, Miguel Ángel García Lomas. El Real Madrid hizo un intento a la desesperada: el vicepresidente del club, Raimundo Saporta, llevó las maquetas del nuevo estadio hasta el palacio de El Pardo, con la intención de convencer a Franco. El dictador lo observó detenidamente, pero no hizo comentario alguno, lo que era un mal síntoma. Y, efectivamente, se mantuvo la postura del Ayuntamiento y don Santiago Bernabéu se llevó una de las mayores frustraciones de su vida, lo que hizo que pasara de ser un adicto al franquismo, a mostrarse muy crítico.

Un coliseo en Fuencarral

En 1987, siendo alcalde de Madrid, el socialista Juan Barranco, el entonces presidente Ramón Mendoza, volvió a intentarlo, pero comprobó que era misión imposible. A punto de finalizar los noventa, la entidad blanca resucitaba el viejo proyecto de recalificar –con el visto bueno de la Comunidad– y con esa operación construir un nuevo estadio para 120.000 espectadores en Fuencarral, sólo tres años después de que se terminaran las obras de ampliación del estadio, que habían costado varios miles de millones de pesetas.

Las cuentas le salían al presidente Lorenzo Sanz: 50.000 millones de pesetas por las plusvalías del cambio de uso de los terrenos, de los cuales, la mitad, 25.000 serían para construir el nuevo estadio. Pero tampoco con Álvarez del Manzano en la alcaldía, prosperaron las intenciones del club. Estábamos en una etapa de regeneración del urbanismo y operaciones de este tipo eran casi imposibles. Con la llegada de Florentino Pérez a la presidencia del club, quedó definitivamente aparcada la demolición del Bernabéu y se pasó al proyecto de remodelación recientemente aprobado.

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