Artistas

David Byrne sí que se parece a una utopía

El estadounidense presenta «American utopia», un disco sobre la desintegración del sueño americano.

El músico, anoche en la Universidad Complutense
El músico, anoche en la Universidad Complutenselarazon

El estadounidense presenta «American utopia», un disco sobre la desintegración del sueño americano.

El escenario esperaba a David Byrne con un sonido grabado de pájaros cantores, una silla de madera y una mesa con un cerebro encima. La noche se cernía teatral sobre el Jardín Botánico de la Universidad Complutense y él surgió como una aparición para interpretar «Here» y el espectáculo fue tan escénico como musical, un verdadero alucine. Su equipo, formado por un teclista, un bajo, guitarra y ¡seis! percusionistas, tocaban sus instrumentos colgados del cuello, como los que llevan las comparsas, mientras el jefe cantaba sin pie de micro. Todos iban vestidos de traje de chaqueta y camisa gris de corte futurista. Con el mismo uniforme, dos bailarines-coristas con el único cometido de dar palmas en «Lazy». En perfecta sincronía se movió anoche esta romería insólita, una batucada tan física como espiritual en «I Zimbra». Fli-pan-te fue, desde el comienzo hasta el final, el espectáculo del líder de The Talking Heads.

«Slippery People» pareció tan urbano como gospel, y a continuación las programaciones electrónicas obraron un giro copernicano en «I Should Watch TV». Con esa melena completamente cana a lo David Lynch (parecen descendidos del mismo Ovni), Byrne gobierna un espectáculo global con un acento místico. Ayer se puso político: «os animo a todos a votar siempre que podáis. Vuestra voz marca la diferencia», pidió. «Everybody Is Coming To My House» precedió a «This Must Be The Place», durante la que se marcó unos bailecitos descatalogados (le visten 66 años) pero simpáticos (¡Byrne domina la técnica de correr en el sitio!). «Once In A Lifetime», «Right Thing», «Toe Jam» (que grabara junto a Fatboy Slim) y «Born Under Punches» donaron en el siguiente bloque en un escenario rodeado de cortinajes metálicos hasta el suelo, por el que asomaban brazos que alcanzaban instrumentos para el cambio. Después llegaron «Dance Like This», «Bullet» y «Everyday» con sus coreografías. Y ojo, que en estos tiempos de trampantojo sonoro, Byrne quiso desmarcarse y anunció que «toda la música que oyen es real. No hay nada grabado en nuestros conciertos», dijo el músico presumiendo de lo que carecía. Porque mentía descaradamente y se comprobó casi a continuación. Los metales en «Blind» estaban grabadísimos (¡no había en escena!) y con seguridad todo lo demás, porque fue un playback descarado. Tan solo se trató de un lunar, ya que todo lo demás sonó en riguroso directo, pero no había necesidad de ello. Podía habérselo ahorrado, pero también resultó una muestra más de irrealidad, de fantasía de una noche en la que no podía quedarse fuera «Burning Down The House», en plena fiesta. Una utopía, la de David Byrne, hasta en sus propias declaraciones. Para el bis final se guardó «Dancing Together», la mítica «The Great Curve» y “«Hell You Talm», enmedio de una agarabía contenida.