De paseo por Ciudad Lineal con el mayor alijo de coca

La Policía detiene a un joven dominicano que burló el control de estupefacientes de Barajas con 17 kilos de cocaína. Caminó durante horas con una maleta que contenía la mayor partida de esta droga incautada en lo que va de año en Madrid

De Barajas a Ciudad Lineal

Los agentes del Grupo II de Policía Judicial de la comisaría de Ciudad Lineal ni se imaginaban que aquel tema de menudeo de droga en la plaza Madres de Mayo iba a desembocar en una intervención de casi 17 kilos de cocaína, la mayor incautación de droga en lo que va de año en la región y, además, realizada por una comisaría de distrito.

Todo comenzó a principios del mes de febrero. Los agentes se percataron del aumento de venta de cocaína a pequeña escala en esta plaza de Pueblo Nuevo y se montaron varios dispositivos discretos de vigilancia para tratar de determinar su procedencia. Pronto se dieron cuenta de que los gramos llegaban a Ciudad Lineal desde el distrito de Tetuán. Hasta allí trasladaron el discreto dispositivo, que dio con la clave el pasado 5 de febrero.

Aquel día observaron a un individuo en actitud extraña. Aunque su tensión se había relajado al superar la verdadera «prueba de fuego»: pasar el control policial de la T-1 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas y burlar el difícil filtro de los agentes de Estupefacientes de la comisaría del aeródromo. Sin embargo, su trabajo aún no había terminado. Aún le quedaban muchos kilómetros por Madrid para entregar la mercancía y cobrar a cambio la cifra prometida.

Era mediodía, estaba parado al principio de la calle Jerónima Llorente esquina con Francos Rodríguez, llevaba dos maletas negras –una grande y otra de mano– y miraba hacia ambos lados de la calle visiblemente nervioso. Acababa de aterrizar de Santo Domingo y se habría dirigido directamente a esta zona de la capital. Sin soltar en ningún momento la maleta pequeña, el sospechoso caminaba por la calle desorientado y cada poco se acercaba a preguntar a los viandantes. Buscaba una dirección acordada que estaba cerca pero no conseguía dar con el lugar exacto. Después de preguntar sin éxito y caminar cada vez más apurado durante unos minutos, se metió en un locutorio situado en la misma calle.

No tuvo inconveniente en dejar la maleta grande en la calle, junto a la entrada del local, sin ninguna vigilancia; sin embargo, la más pequeña la llevaba siempre con él. Realizaba llamadas de teléfono, buscaba algo o a alguien en el exterior, donde fijaba la mirada a través de la cristalera, se asomaba a la calle sin llegar a salir del todo y miraba a ambos lados, pero nada, nadie venía a por él. Los agentes esperaban porque sospechaban que estaba esperando a que viviera alguien para hacer el pase y entregar la custodiada maleta pequeña a otro enlace, tal y como actúan las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico.

Sin embargo, el tiempo pasaba y el tipo seguía allí dentro, cada vez más nervioso. Mientras, los agentes de Judicial esperaban fuera. Creen que durante este tiempo recibió alguna consigna que le ordenó deshacerse del paquete enviándolo a alguna dirección postal por el método ordinario. Así se explica que, en torno a las 17:00 horas el sospechoso por fin saliera del locutorio y se dirigiera andando, siempre pegado a su maleta, hacia la oficina de Correos más cercana, situada en el calle Mariano Fernández, a siete minutos a pie. Entró, y tras realizar algunas preguntas a los empleados sobre cómo enviar el paquete, entraron en escena los policías que llevaban horas tras él; justo antes de que se deshiciera de la maleta. Se identificaron como Policía, solicitaron la documentación al sospechoso y al encargado de la oficina le hicieron pasar a un cuarto anexo.

Allí se hicieron con la identidad del sospechoso: Víctor Manuel de la Cruz, con nacionalidad española y dominicana, de sólo 24 años. Confesó que llevaba cocaína en la maleta pequeña. «Son cinco kilos», dijo a los agentes. Sin embargo, la maleta, que desprendía un fuerte olor a combustible, pesaba mucho más: la organización le habían engañado. Aseguró que no sabía nada de quiénes eran los que le propusieron el negocio de hacer de mula ni a quiénes debía entregarlo, es decir, el clásico modus operandi de estas organizaciones: les pagan el vuelo y sólo les proporcionan un número de teléfono al que llamar una vez logran pasar el control policial del aeropuerto.

15 paquetes

Los agentes procedieron a realizar la prueba del narcotest con dos de los 15 paquetes perfectamente encajados en el trolley que llevaba el detenido. Efectivamente, dieron positivo en cocaína, por lo que se llevaron a Víctor Manuel hasta la comisaría de Ciudad Lineal, donde pasó la noche en los calabozos y pasó a disposición judicial al día siguiente.

El juez de guardia decretó para él prisión provisional. Los 15 paquetes pesaban un total de 16,73 kilos, es decir, casi 17 kilos del estupefaciente que, además, según el análisis preliminar, tenía una gran pureza, a la espera de que los profesionales de Farmacia –dependiente de la Delegación del Gobierno de Madrid, quien custodia el estupefaciente incautado hasta requerimiento judicial– determinen exactamente el grado de pureza. Los agentes estiman que la droga incautada era especialmente buena y que estaría en torno al 80 por ciento, por lo que el valor estimado en el mercado de toda la cantidad rondaría los 2 millones de euros. El precio se calcula a partir de unas tablas que se modifican y se elaboran en función de las variaciones del precio del estupefaciente en el mercado.

La desorbitante cifra que puede alcanzar en el mercado el contenido de la pequeña maleta que «coló» en un vuelo caliente Víctor Manuel se debe a que, antes de venderla, la cortan para sacar más cantidad con menos pureza. Y es que, de un kilo, los «cocineros» de la organización pueden sacar tres y cuatro, sobre todo, si la pureza del estupefaciente –como era este caso– es muy elevada. La calidad de un gramo que se puede adquirir en la calle está, según los expertos, en torno al 30 por ciento.

A sólo unos pasos de un laboratorio de coca

No es la primera vez que la Policía Judicial de Ciudad Lineal golpea el tráfico de drogas. El pasado septiembre se toparon con un individuo en actitud intranquila y paso acelerado, al que varios agentes pararon para identificarle en la calle Virgen de Lluc. Se trataba de un ciudadano español de unos 45 años que confesó que llevaba un kilo de cocaína que acababa de comprar en un piso de la cercana calle Sambara. El hombre aportó suficientes datos (piso, descripción del inmueble, nombre del presunto narcotraficante, etc.), como para que el juez de guardia autorizara a los agentes la orden de entrada y registro en la misma. Así, una pareja de colombianos, hombre y mujer, franqueó el paso a los agentes asumiendo el varón la responsabilidad del tráfico, de modo que su pareja no fue detenida. En el interior de la vivienda, los agentes encontraron 5.000 euros en efectivo, precursores químicos para «cocinar» la cocaína (ácidos sulfúrico y clorhídrico, acetona,...), así como evidencias en las cazuelas de la cocina de haber preparado un lote de estupefaciente, una báscula de precisión y una prensa, entre otros efectos. El hombre ingresó en prisión provisional y el pasado miércoles se celebró el juicio, que quedó visto para sentencia.

De Barajas a Ciudad Lineal.

Víctor Manuel, de 24 años y nacionalidad española y dominicana, llegó a la T1 de Barajas con dos maletas, una de ella con 17 kilos de cocaína. De ahí se trasladó hasta la calle Jerónima Llorente, esquina con Francos Rodríguez. Allí comenzó el seguimiento de la Policía de Ciudad Lineal (imagen 1. Tras caminar varios minutos por esta zona, entró en un locutorio donde permaneció cinco horas a la espera de la consigna para entregar la mercancía (imagen 2). En lugar de entregarla allí, se trasladó a una oficina de Correos de la calle Mariano Fernández, donde quiso enviar el paquete. Allí fue detenido.