Del campo de concentración a la acera

El artista Günter Deming instaló ayer la primera docena de «Stolpersteine» de las 450 previstas

A Juan Antonio García Acero, madrileño de Lavapiés, que falleció en el campo de concentración de Mauthausen en 1941, le recuerda desde ayer una «stolpersteine» en la puerta de la que fue y es la casa de su familia, en la calle Huerta del Bayo. Foto: David Jar

El artista Günter Deming instaló ayer la primera docena de «Stolpersteine» de las 450 previstas

Juan Antonio García Acero, nacido en Villanueva de La Serena (Badajoz), fue asesinado en el campo de concentración de Mauthausen y ahora un pequeño adoquín le recuerda frente al que fue, y es, el hogar de su hermana desde hace más de un siglo, en una corrala en la calle Huerta del Bayo. «En la Guerra Civil perteneció a la 5ª Brigada mixta, formada toda por carabineros como era él, y cuando se exilió a Francia se integró en la 8ª Compañía de trabajadores extranjeros que fue enviada a reforzar la Línea Maginot, donde le capturaron los nazis», cuenta su nieto, Juan Miguel, que, desde la asociación Memoria Viva, rastreó el calvario de su abuelo por los campos de concentración de Estrasburgo, Gusen y, finalmente, a Mauthausen.

En su «Stolpersteine», que ayer instaló personalmente el artista autor de la iniciativa, Günter Deming, que siempre se ocupa personalmente de colocar las primeras placas en cada ciudad que las recibe, se recuerda su terrible destino en aquel campo de concentración el 23 de diciembre de 1941. Junto al de Juan Antonio, una docena de placas harán «tropezar» –la palabra «stolpersteine» es una mezcla de las palabras piedra y traspiés– a los viandantes para que nunca se olvide a los madrileños que perecieron en la Segunda Guerra Mundial durante el horror nazi.

Entre lágrimas, Eufemio entregó ayer a Deming el adoquín dorado en el que desde siempre se recordará que en la calle Francos Rodríguez nació su padre, Eufemio García, deportado a Mauthausen y ejecutado en el castillo de Hartheim (el centro de eutanasia nazi), dos días antes que Juan Antonio. En silencio siempre, el artista alemán colocó su «stolpersteine» y también, delante del lugar en que nacieron, las de Eusebio González Montes (calle Pinos Alta), Enrique Calcerrada (calle Bravo Murillo), Andrés Fariñas (calle Viriato) y Gregorio Rebollo (calle Nenúfar), todos ellos víctimas madrileñas que estuvieron en los campos de concentración nazis.

De aquí al lunes, Deming colocará también las de Antonio Zurita, José Bello, Pedro Díaz, Francisco Largo, Manuel García, Juan Antonio García y Pablo Agraz, que suponen la primera fase de la iniciativa a la que se sumó el Ayuntamiento de Madrid el pasado diciembre. «Es una de las formas de memoria más bonitas del mundo y de alguna forma consolida la apuesta de que el Ayuntamiento tenga el recuerdo a las víctimas como un elemento esencial de las políticas públicas de ciudad», explicó ayer el Tercer Teniente de Alcalde y responsable de la Oficina de Derechos Humanos del consistorio, Mauricio Valiente.

En total son 450 madrileños los que aparecen en los datos del Gobierno de España y se ha podido cotejar con sus familias, los que fueron deportados y muchos de ellos asesinados en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, que el Ayuntamiento de Madrid pretende continuar instalando en los próximos años en la ciudad. La capital, también el municipio madrileño de Moralzarzal, se suman así no sólo a otras localidades españolas –desde 2015 cada año se han instalado en varios puntos de Cataluña, Valencia y Balares–, sino a otras 1.800 localidades europeas en las que, desde 1997, Günter Deming ha instalado más de 72.000 «Stolpersteine» que, en algunos espacios, se han tenido que denominar «Stolperschwellen» (umbral del tropiezo), debido a la magnitud de la represión.