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El año que vivimos peligrosamente

Contaminación, cortes al tráfico, remodelaciones de gobierno tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento... Estrenamos temporada preelectoral.

  • Manuela Carmena
    Manuela Carmena / EFE

Tiempo de lectura 8 min.

31 de diciembre de 2017. 21:28h

Comentada
Angel del Río 31/12/2017

Podríamos decir que 2017 ha sido el año que vivimos peligrosamente en las dos principales instituciones de nuestra región. Doce meses en los que los políticos, cuanto más han acelerado, más calentitos se han puesto; donde las amistades peligrosas se han evidenciado en los gobiernos regional y municipal. Pero no sólo el frenesí político ha marcado la actualidad; también los aspectos que tienen que ver con la gestión de los recursos públicos, el día a día de las decisiones que han tenido una influencia directa en la vida de los ciudadanos. Enfrentamientos entre instituciones (Hacienda-Ayuntamiento, y Comunidad-Ayuntamiento), la política restrictiva a la circulación privada, la controvertida aplicación de los protocolos contra la contaminación y una serie de decisiones que acapararon portadas. Además, 2017 deja poso para lo que va a ser un año preelectoral, porque en 2018 tendrá que producirse la designación de candidatos.

Convulso en lo político

Ni la Comunidad ni el Ayuntamiento de Madrid se han visto libres de temporales políticos que, en algunos casos, han constituido una auténtica ciclogénesis explosiva. En el Ayuntamiento, la primavera producía una reacción política con la decisión de la portavoz del PP, Esperanza Aguirre, de dejar la corporación municipal y poner fin a su carrera política tras la imputación e ingreso en prisión del que fuera durante muchos años su delfín, Ignacio González. Esa traición a la confianza de la «líderesa» precipitó su abandono de la política. Para sustituirla, los populares celebraron elecciones internas con dos candidatos: Íñigo Henríquez de Luna (candidato del «aguirrismo») y José Luis Martínez-Almeida, un pulso que ganó el último con el encargo de revitalizar la presencia del PP en el Ayuntamiento y poner las bases para una nueva estrategia de actuación de cara a 2019.

Tampoco el Gobierno de Ahora Madrid se libró de su ciclogénesis política, alentada por sus concejales más díscolos, o los que segaron la hierba debajo del caballo renqueante de Manuela Carmena. Pongamos que hablo de Rommy Arce, Montserrat Garcelán, Celia Mayer o Sánchez Mato.

Mientras que Ciudadanos se libraba de los problemas intestinos de los otros partidos, el PSOE vivía bajo la espada de Damocles de su apoyo de investidura a Carmena. En algunos asuntos, como el de los presupuestos, se mostró en contra de las iniciativas del Gobierno municipal, y en otros temas, frontalmente en contra, pero en ninguno suficientemente firme como para desvincularse de Ahora Madrid.

Por lo que respecta al Gobierno de la Comunidad, también ha sido un año convulso. Cristina Cifuentes tuvo que afrontar su primera crisis de gobierno, saldada con el cese de los consejeros de Medio Ambiente y de Sanidad, los polémicos Jaime González Taboada y Jesús Sánchez Martos. En Podemos, José Manuel López fue relevado de su cargo de portavoz y sustituido por Lorena Ruiz-Huerta, mientras que en el PSOE, tras las primarias regionales, era elegido nuevo líder en Madrid José Manuel Franco, en sustitución de la alcaldesa de Getafe, Sara Hernández.

Durante este año las relaciones entre Ciudadanos, grupo que apoyó al gobierno de Cifuentes en su investidura, se se han deteriorado, aunque finalmente consiguiera apoyo para los presupuestos. Distintas comisiones de investigación celebradas en la Asamblea también produjeron tensiones entre PP y Cs, tensiones que igualmente se han evidenciando en otras decisiones tomadas en la Puerta del Sol.

Las relaciones entre instituciones, Comunidad-Ayuntamiento, también nos han dado momentos de tensión, sobre todo en cuestiones que tenían que ver con las medidas tomadas por el gobierno de Manuela Carmena en la lucha contra la contaminación atmosférica, el transporte público y asuntos urbanísticos, como la operación Castellana Norte, Mahou, el Wanda Metropolitano o la manzana de Canalejas.

tres noes al PEF

En el capítulo de enfrentamientos entre instituciones, la más llamativa ha sido la protagonizada por el Ministerio de Hacienda y el Ayuntamiento de Madrid a cuenta del Plan Económico y Financiero (PEF) –presentado en tres ocasiones y otras tantas rechazado por el ministro Montoro, al no cumplir el techo de gasto establecido–.

Tras muchos tiras y aflojas y la intervención de las cuentas municipales por parte de Hacienda, la alcaldesa se mostró decidida a aceptar los requisitos exigidos en contra de Sánchez Mato quien, pese a haberlo elaborado, se mostró públicamente en contra del mismo. Su destitución abrió otro boquete en el casco de Gobierno de Ahora Madrid, que dificulta su singladura. Las diferencias entre concejales de Izquierda Unida, Podemos y Ganemos se escenificaron públicamente.

Sin lugar a dudas el tema del tráfico, la movilidad, y la difícil circulación, ha sido, a nivel popular, el más controvertido. El gobierno de Carmena ha seguido su política de acoso y derribo al tráfico privado. La aplicación del protocolo contra la contaminación, especialmente durante el otoño, trajo de cabeza a todos.

Ha sido este el año en el que se ha decidido el cierre permanente de la Gran Vía al tráfico de no residentes, que se verificará en 2019 pero que está activo durante estas Navidades, además de la «original» y controvertida idea de hacer las calles Preciados y Carmen de sentido único para peatones, una experiencia entre el esperpento y la comedia. Más restricciones circulatorias: nueva zona delimitada sólo para los vehículos de residentes, supresión al tráfico los domingos del paseo del Prado y peatonalización de un tramo de la calle de Galileo, aunque finalmente, y ante la presión de vecinos y comerciantes, se decidió suavizar.

También este año, el gobierno de Carmena se ha llevado algunos varapalos judiciales en forma de sentencias, como la cesión de una nave de Matadero para celebrar un mitin pro referéndum de Cataluña, o la suspensión del cambio de nombre de algunas calles. 2017 ha sido el año en el que la Plaza Mayor ha cumplido 400 años y la efeméride ha pasado sin pena ni gloria, una ocasión perdida.

El año que estamos próximos a estrenar va a tener un gran calado político. Es la antesala de un año electoral y ningún partido se resistirá a la tentación de hacer campaña o prepararse para ella.

Por lo que se refiera a las expectativas en la Comunidad, no parece haber dudas de que Cifuentes volverá a ser candidata a la presidencia. No hay nada seguro en cuanto al PSOE, aunque parece que lo más lógico es que el candidato sea el nuevo secretario general de los socialistas, Franco, toda vez que Ángel Gabilondo puede ser enviado a otro destino. En el caso de Cs todo apunta a que repetirá el actual portavoz, Ignacio Aguado, y en Podemos, la cosa está menos clara: ¿Errejón? ¿Espinar? ¿Rodríguez? Aquí la batalla por encabezar la lista se presume dura.

Por lo que respecta al Ayuntamiento, el PP busca candidato solvente para recuperar la alcaldía. El mejor posicionado es Pablo Casado, aunque también se baraja el nombre de Soraya Sáenz de Santamaría. En el PSOE parece claro que el candidato será Gabilondo, al que personalmente le gustaría estar en la Casa de la Villa. En Cs podría repetir Begoña Villacís, aunque quizá Rivera tenga alguna sorpresa en la chistera. En Ahora Madrid las cosas están que arden. Parece existir unanimidad para convencer a Carmena de que vuelva a ser cabeza de cartel y certeza de que ésta sólo aceptaría si se le diera autonomía plena para hacer la lista, tener derecho de veto, conformar su gobierno y marcarla estrategia del programa electoral. 2018: año preelectoral, año interesante, con presumibles elevados niveles de contaminación política en las dos principales instituciones.

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