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El Boloencierro de Matalpino (Madrid) se desinfla

Apenas dos decenas de corredores, casi tantos como medios de comunicación, protagonizaron el primer encierro, que estrenaba sus nuevas medidas de seguridad

  • La nueva versión de la bola mantiene sus 2,7 metros de diámetro, pero modifica su peso en 170 kilos, gracias a la sustitución del poliespán por una estructura hinchable de plástico / Foto: David Jar
    La nueva versión de la bola mantiene sus 2,7 metros de diámetro, pero modifica su peso en 170 kilos, gracias a la sustitución del poliespán por una estructura hinchable de plástico / Foto: David Jar

Tiempo de lectura 4 min.

24 de agosto de 2019. 04:13h

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Rodrigo Carrasco 24/8/2019

La localidad madrileña de Mataelpino acogió ayer la primera jornada de sus boloencierros, que inesperadamente acabó convirtiendo a su versión infantil en el verdadero protagonista de la mañana, ya que estos fueron los que contaron con mayor índice de participación en sus tres carreras. Las seis bolas multicolores, de pequeño tamaño, se encontraron el recorrido lleno de niños dispuestos a sortearlas.

Sin embargo, es el encierro de adultos el que en los últimos diez años había colocado a este municipio, junto a los de El Boalo y Cerceda, en el mapa de las fiestas de la Comunidad de Madrid.

La famosa bola, que con «aires» renovados adelgazaba este año 170 kilos (de 200 a 30) y que abandonaba su esqueleto macizo de poliespan por una cobertura de plástico hinchable, encontró en el recorrido tantos medios de comunicación como corredores, que vistieron el casco obligatorio. La cobertura mediática (una decena de acreditados) no estuvo justificada por el volumen de participación tanto de locales como de foráneos, a penas dos decenas en total.

Son varios los vecinos que aseguran que el pronunciado descenso de asistencia de este año, más allá de que fuese día laborable (viernes), se debe a «las excesivas medidas de seguridad» impuestas este año por primera vez y motivadas a los grave accidentes ocurridos en las dos últimas ediciones. En concreto, este año por primera vez ha sido obligatorio el casco para todos aquellos que quisieran correr.

Tras finalizar la segunda carrera de adultos, uno de los vecinos allí presentes aseguraba que en el pueblo dudan mucho de que esta nueva versión siga atrayendo la visita de curiosos: «Se han cargado el boloencierro. Hoy, como mucho, ha venido la mitad de gente que el año pasado. No hace falta que la bola pese 200 kilos, pero es absurdo que en un año pasemos del poliespan a un peso que roza casi el del encierro infantil, y además, con casco». Pero, a la vez, ha sido precisamente la medida obligatoria del casco la que ha sido más aplaudida por los locales. Uno de ellos afirmaba que «tendrían que haber obligado a llevarlos desde el principio, se habrían evitado muchas lesiones y no habría hecho falta alterar tanto la idea original de la bola.

Más allá de los polémicos kilos del «toro inflable», los cinco encierros de ayer, tres infantiles y dos de adultos, se celebraron sin tener que lamentar ningún tipo de incidente. De hecho, todos los participantes pudieron correr cómodamente los cerca de 600 metros que separan la calle de la Iglesia y la calle de Transformadores, donde se halla la plaza de toros portátil en la que finaliza el recorrido. Durante su recorrido la bola ensabanada de 30 kilos traza dos curvas, empujada por los organizadores del encierro antes de llegar a la recta final, donde alcanza su velocidad punta y se viven las mejores carreras de la jornada.

Otra vecina, que también señalaba las nuevas medidas de seguridad como las causantes del descenso de visitantes, recordó las secuencias de los accidentes más graves de los últimos años: un traumatismo craneoencefálico y una fractura costal múltiple. «Algunos corredores se quedaban parados justo al final del recorrido, a la entrada de la plaza de toros, y eran arrollados por la bola que les empujaba contra la estructura metálica del coso portátil. No era por falta de seguridad, sino por imprudencias puntuales, por no atender a las indicaciones de los organizadores, que siempre recomendaban tirarse en el suelo en caso de que la bola les fuese a alcanzar».

Mañana domingo hay unasegunda oportunidad para esta iniciativa única. Jornada en la que se comprobará si la escasa participación de ayer se debió a cuestiones de calendario o a las nuevas normativas. De todas formas, desde la organización, tanto el alcalde de las tres localidades, Javier de Los Nietos, como el secretario de la bola, recuerdan que «lo que pretendemos es atraer a aquella gente que busque la diversión y no el morbo de un posible accidente».

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