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El terror de los menas se traslada desde Pozuelo hasta Peñagrande

Los vecinos denuncian robos y agresiones por parte de los menores extranjeros que fueron trasladados desde un chalé en la Colonia de los Ángeles, que fue denunciado por los residentes.

  • Los vecinos denuncian que, pese a que los menores tienen hora de recogida en el centro de Peñagrande, se les puede ver a medianoche rondando el barrio / Foto: Cipriano Pastrano
    Los vecinos denuncian que, pese a que los menores tienen hora de recogida en el centro de Peñagrande, se les puede ver a medianoche rondando el barrio / Foto: Cipriano Pastrano

Tiempo de lectura 4 min.

23 de agosto de 2019. 11:14h

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Andrea Garrote.  23/8/2019

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Los vecinos del barrio de Peñagrande están viviendo un calvario desde que se abrió el nuevo centro de menores extranjeros no acompañados (menas) el pasado mes de mayo. Se trata de 14 menores que fueron trasladados desde un chalé situado en la Colonia de los Ángeles en Pozuelo de Alarcón después de que los residentes del barrio, y también la alcaldesa de la localidad, Susana Pérez Quislant, denunciaran que no contaba con las condiciones de seguridad para convertirlo en un centro de menores y, también, por la inseguridad que provocaba.

Un «terror» que se ha trasladado ahora al entorno de la calle Angelita Camarero, en el distrito de Fuencarral-el Pardo, puesto que, según explican los vecinos de Peñagrande, desde su llegada los menas han ido acumulando varias denuncias de los residentes de la zona, a raíz de los múltiples robos y delitos, creando un ambiente de inseguridad para todos los habitantes. «Desde que llegaron hay muchísimos problemas en el barrio, se pasan el día robando y esnifando pegamento», aseguran los vecinos que son testigos de situaciones como esas a diario desde el pasado mayo.

Por ejemplo, una mujer explicaba que acababa de bajar de su vivienda para pasear a su perro por el parque, cuando un mena intento robarla. «Estaba muy asustada, fui rápido y me dio tiempo a entrar al portal», contaba la vecina. «Empezaron a robar móviles a los chavales pijitos, y ellos se quedaban sin decir nada, pero con el resto de nosotros se han equivocado», señala uno de los residentes. Otro vecino del barrio explica que el propietario de uno de los estancos que se encuentra por la zona ha prohibido el acceso a estos menores, ya que en varias ocasiones le han intentado robar en el establecimiento.

Pero no son solamente casos de robos, también los vecinos han sufrido intentos de violación y amenazas. Hace un par de meses, una chica del barrio estaba paseando por el parque, conocido como «El Jericó» por los habitantes de Peñagrande, cuándo cuatro menas aparecieron de la nada y la rodearon con la intención de abusar de ella. Sin embargo, en aquel momento, un hombre estaba cruzando el parque, y la joven pudo echar a correr, escapando del grupo. Otra de las vecinas afirma que ella baja a pasear con su perro con sus amigas y va muy asustada porque los menas la rodean por cualquier sitio que va andando.

Igualmente, otro de los residentes cuenta que un día volviendo a su vivienda después de trabajar a las dos de la madrugada se topó con un mena que sacó algo del pantalón. «No pude ver lo que era porque era muy tarde y estaba todo oscuro, pero parecía un machete o una pistola», cuenta el vecino con miedo. Y es que no es la primera vez que se les ha visto con armas en la mano. Según relata, una tarde se estaban peleando entre ellos en el parque, cuando uno sacó un arma para enfrentarse a su rival. «Llamamos corriendo a la Policía», cuenta una de las personas que se encontraban allí, y una veintena de agentes acudieron a la zona para detener al menor que supuestamente estaba armado.

«Viejo, danos lo que tienes»

La violencia que experimentan entre ellos también se vuelve contra los vecinos, hasta el punto de que el pasado julio uno de los residentes fue agredido. Prefiere no mencionar su nombre por miedo a las represalias pero, según asegura. Todo empezó cuando un grupo de cuatro de estos menores le robaron cuando se encontraba en un banco frente a su casa. «Viejo danos lo que tienes o te meto», le dijeron mientras le rebuscaban en los bolsillos del pantalón. En cuanto cogieron lo que tenían salieron corriendo, y el hombre, de manera inmediata e insensata fue detrás de ellos, junto con otro vecino que había visto lo sucedido, para tratar de recuperar sus pertenencias.

Mientras estaban en busca de estos menores, llegaron hasta el centro de acogida de la calle Angelita Camarero y, al no encontrarlos cerca, llamaron a la Policía, y bajaron la calle resignados con la intención de volver a sus viviendas, dando por perdidos los objetos robados. Sin embargo, cuando estaban bajando un grupo de unas quince personas les cerró el paso. «Había tanto menas como personas mayores de edad. Tenían cuchillos y tijeras en las manos», explica un testigo de lo ocurrido.

Los dos hombres que habían denunciado el robo salieron corriendo, siendo perseguidos por todo el grupo. «Les hicieron correr muchísimo», apunta el residente. Finalmente, uno de los mayores de edad que estaba junto a los menas alcanzó a uno de los hombres clavándole un cuchillo en el glúteo, y al intentar asestarle el segundo navajazo, el otro se puso por medio para protegerle, recibiendo una puñalada en la zona de la clavícula. «Iba con la intención de clavárselo en el cuello, así que tuvo mucha suerte de que la clavícula parase el navajazo», asegura el habitante del barrio.

Para más inri de los vecinos de Peñagrande, a pesar de todos los delitos y denuncias que van acumulando estos menores, no pasan más de tres horas en comisaría. «Al ser menores, aunque les detienen y les llevan a comisaría, los cuidadores del centro prestan declaración y en menos de tres horas todos ellos se encuentran en la calle. Tenemos miedo, yo tengo dos hijas y no quiero que estén viviendo con esta gentuza», concluye uno de los residentes.

Asimismo, los habitantes del entorno del centro de menores denuncian que pese a que los chavales extranjeros que llegan sin acompañamiento de adultos están bajo la tutela de la Comunidad de Madrid, y a pesar de que cada uno de los centros de acogida tiene una hora de recogida que los menas deben cumplir, muchos de ellos infringen esta norma. «Pasadas las doce y media de la noche todos ellos siguen por la calle, y pasada la una, también», confirma otro de los vecinos del barrio.

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