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La alcaldía de Madrid, «tentadero» de ilustres

Fraga, Solana, Peces-Barba, Mayor Zaragoza, Plácido Domingo o la viuda de Tierno, entre las personas a las que los partidos recurrieron para convertirse en regidores de la capital.

  • La alcaldía de Madrid simpre tuvo pretendientes de lujo, como Fraga, Plácido Domingo, Peces-Barba y Encarnación Pérez, la mujer de Tierno
    La alcaldía de Madrid simpre tuvo pretendientes de lujo, como Fraga, Plácido Domingo, Peces-Barba y Encarnación Pérez, la mujer de Tierno

Tiempo de lectura 8 min.

23 de diciembre de 2018. 00:35h

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Ángel del Río.  23/12/2018

PP y PSOE buscan candidato para la alcaldía de Madrid. Se mueven en la duda de encontrar personas de renombre y prestigio o confiar en los que ahora son portavoces de sus respectivos grupos políticos en el Ayuntamiento. Los líderes prefieren cabezas de cartel que, por el nombre, puedan arrastrar votos personales, pero algunos de estos posibles, no quieren embarcarse en una aventura incierta que podría poner fin a sus carrereas políticas, como jefes de la oposición.

Desde las primeras elecciones democráticas municipales (1979), la alcaldía de Madrid ha sido el claro objeto del deseo de políticos que ya tenían proyección nacional. Madrid, capital de España, podía ser la «joya de la corona» del partido que gobernara en el Ayuntamiento. Por eso, la alcaldía madrileña ha tenido siempre importantes «pretendientes», ya fueran políticos, o no, gente de renombre, dispuestos a conquistar tan deseado feudo. Unos, por interés personal; otros, por iniciativa de sus partidos, y algunos, aunque pocos, por diversas circunstancias, el caso es que no llegaron a convertirse en pretendientes oficiales, pero sus nombres estuvieron en las quinielas de favoritos dentro de sus propios partidos. Tenemos los ejemplos de Manuel Fraga, Gregorio Peces-Barba, Javier Solana, José Bono, José Borrell, la viuda de Tierno, Encarnación Pérez Relaño, Federico Mayor Zaragoza, Adrián Piera o el tenor Plácido Domingo.

Enrique Tierno fue el primer alcalde democrático de Madrid (1979). En las siguientes elecciones (1983), el viejo profesor planteaba la duda de si volvería a ser el candidato. Él no lo tenía muy claro, y por si acaso, el PSOE, empezó a barajar nombres, entre ellos el de Gregorio Peces-Barba, con un perfil de catedrático, parecido al de Tierno. El entonces presidente del Congreso de los Diputados, se lo pensó, pero terminó rehuyendo la candidatura. Enrique Tierno muere en 1986, a un año de las elecciones municipales. Le sustituye en la alcaldía, Juan Barranco, pero el partido ya anda buscándole relevo, nuevo candidato a la alcaldía para los comicios de 1987. Se vuelve a proponer a Peces-Barba. En esta ocasión sí se lo plantea más seriamente, pero al final decide seguir en la singladura de la nueva universidad de Getafe, la Carlos III, de la que llegaría a ser rector, y es Barranco quien encabeza la candidatura socialista al Ayuntamiento.

El PSOE nunca perdió la esperanza de ver a Peces-Barba sentado en el sillón de la alcaldía, y volvió a intentarlo en 2010, con vistas a los comicios del año siguiente. En este caso, Gregorio «el deseado», sí estaba convencido, pero puso una condición: no tener que competir en unas primarias con su amigo Jaime Lissavetzky, al que consideraba «un excelente candidato» para disputar la alcaldía a Ruiz Gallardón. Peces-barba añadió: «Mi nombre tendría que ser aceptado unánimemente por todo el partido». No se aceptaron sus condiciones y, finalmente, Lissavetzky fue el candidato.

Solana, Bono, Borrell...

El PSOE perdió la alcaldía de Madrid en 1989, cuando una moción de censura apeó a Juan Barranco del sillón y, desde entonces, los socialistas no han vuelto a recuperarla, pese a los esfuerzos por encontrar al candidato que hiciera posible volver a gobernar la Casa de la Villa.

Durante el primer mandato de Enrique Tierno, el PSOE ya pensaba en el relevo del viejo profesor. Como queda dicho, sonó el nombre de Peces-Barba, pero sobre todo, el de Javier Solana. La intención llegó a oídos de Tierno y exigió al partido que se definiera o, en caso contrario, dejaría de inmediato la alcaldía. Parece que Solana dijo: «No quiero líos con don Enrique. Dejadle donde está, que es muy feliz, y pensar en mí para otra ocasión». Y así se hizo.

Nos situamos en 2006, con las perspectivas puestas en las elecciones municipales del año siguiente. El PSOE, de nuevo, a la tarea de encontrar un candidato de peso. Y entran en liza una serie de nombres, parece que dispuestos a «opositar»: José Bono, Federico Mayor Zaragoza, José Borrell, Javier Solana y, de nuevo, Peces-Barba.

El ex ministro Bono

Rodríguez Zapatero se reunió con él en varias ocasiones para convencerle de que fuera el candidato a la alcaldía de Madrid. El ex ministro se muestra reacio a batirse electoralmente con su amigo Ruíz-Gallardón. A Bono le gusta estar en las quinielas, y sobre todo, que el propio presidente del Gobierno, le «suplique» que sea el candidato al Ayuntamiento. Y declara públicamente: «Es algo que me agrada. Me alegra que en mi partido se acuerden de mí para un puesto de esa importancia». Pero quería coincidencia absoluta con su candidatura dentro del partido y unas declaraciones de Felipe González le enfriaron los ánimos. El ex secretario general del partido dijo: «Yo no me plantearía a los ex ministros socialistas, José Bono o Javier Solana, como candidatos del PSOE al Ayuntamiento de Madrid». En el caso de Solana, añadió: «No le veo como candidato a la alcaldía de Madrid por la desproporción con su cargo actual, representante de Política Exterior y Seguridad Común de la UE». Y de un plumazo, Felipe González, se cargaba las ilusiones de ambos «candidatos». Por lo que se refiere a Federico Mayor Zaragoza, dentro del PSOE le consideraban como uno de los «consejeros científicos» de Zapatero. El «candidato» reconoce públicamente el honor que supondría para él ocupar la alcaldía de Madrid, pero dentro del partido hay serias discrepancias y se le borra de la lista de «pretendientes», como también se hizo con José Borrell, otro de los nombres barajados y apoyado especialmente por la Federación Socialista Madrileña.

PP: Fraga, Adrián Piera...

En 1985, Manuel Fraga era presidente de Alianza Popular. Algunos dirigentes, entre ellos, Jorge Verstringe, intentan la operación «Retiro de Fraga a la alcaldía de Madrid». Se trataba de «jubilarle» de la política nacional para dar paso a nuevos aspirantes y asignarle un retiro de oro. En agosto de 1986, antes de emprender viaje a Galicia, se le pregunta por el asunto, y Fraga responde: «Deben responder quienes han tenido la idea. Esa posibilidad no sólo se discute en el seno de AP, sino que llega, incluso, al seno familiar, donde algunos miembros tienen opiniones diversas. Nunca daré un paso que me pueda impedir cumplir mis responsabilidades como presidente y fundador de AP. La tradición francesa de que los principales dirigentes políticos sean alcaldes, es difícilmente exportable a otros países». A pesar de esas dudas, el partido se ocupó de divulgar su nombre como candidato a la alcaldía de Madrid, hasta que Fraga empezó sospechar que querían relegarle y tiró de su conocida firmeza: «Busquen a otro. De mí que nadie vuelva a hablar para ese cargo». Otro pretendiente frustrado.

En 1982 Alianza Popular buscaba un candidato de prestigio, que estuviera muy vinculado a Madrid. No importaba que fuera independiente. Y lo encontraron en el presidente del comité ejecutivo de IFEMA, el veterano empresario, Adrián Piera, madrileño y madrileñista. Se pensó la oferta, pero pronto la idea quedó frustrada al exigírsele que se afiliara al partido.

Plácido y la viuda de Tierno

Hubiera sido un buen alcalde, que habría «dado el cante». Así respondía un afamado castizo ante la posibilidad de que el tenor Plácido Domingo fuera candidato a la alcaldía. En 1983, dirigentes de Alianza Popular le habían sondeado para que encabezara la lista de los populares al Ayuntamiento. Ser madrileño universal, estar enraizado en la vida de su ciudad, hacían de su candidatura una opción de lujo. El tenor dijo que le encantaría, pero que tenía muchos compromisos profesionales que le impedían acceder. «Aunque quizá en otra ocasión...». Y la otra ocasión llegaría cuatro años más tarde, con vistas a las elecciones de 1987. En esta oportunidad se lo pensó detenidamente. Y cuando todo parecía que apuntaba bien, incluso el PP aceptaba que figurara en su lista como independiente, Plácido Domingo, dio una respuesta definitiva: «A pesar de mi amor a Madrid, no aspiro, por el momento, a la alcaldía de la capital de España. Creo que se ha exagerado esta posibilidad. No me siento preparado. Quizá cuando ya no cante, decida optar por hacer algo por mi ciudad natal y me prepararé a fondo para el Ayuntamiento de Madrid». Pero Plácido Domingo todavía sigue cantando.

Cuando fallece, en 1986, Tierno Galván, en pleno ejercicio de su cargo, se desatan las ambiciones por sustituirle. Encarnación Pérez Relaño, su viuda, se convierte en el deseo político para aspirar al sillón que dejó vacío su marido, de cara a los comicios de 1987. El CDS le ofrece ser la candidata. Ella se lo piensa; lo plantea en el seno del PSOE, para que los socialistas le ofrezcan su candidatura, pero está ya resuelto, porque el elegido era Juan Barranco. Esto hace que Encarna Pérez, se enfade y se ponga a disposición del CDS, pero sus allegados, sobre todo su hijo Enrique, la convence para que no lo haga y no entre en política activa. Lo consigue, aunque sería él quien formara parte de la candidatura de Barranco.

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