La directora de Calvicam pedía donativos para gasolina a los necesitados

Ana María descargando cajas de cerezas con un voluntario del Banco de Alimentos
Ana María descargando cajas de cerezas con un voluntario del Banco de Alimentos

La avaricia de Ana María Doroteo no tenía límites. La directora de una ONG que se apropiaba de los donativos del Banco de Alimentos para servirlos en su restaurante de Alcalá de Henares estableció una especie de «impuesto revolucionario» a los necesitados de Camarma de Esteruelas, a quienes supuestamente abastecía. Al menos cinco personas beneficiarias de la comida gratuita denunciaron a los Servicios Sociales del Ayuntamiento de la localidad que, a la hora del reparto de alimentos, Ana María ponía «una caja de cartón» para que los necesitados depositaran un dinero «a voluntad». La directora de Calvicam les explicaba que era para pagar la gasolina de la furgoneta con la que repartía la comida donada (un furgón con el que llevaba los alimentos hasta su restaurante de Alcalá, según denunció la cocinera del establecimiento a la Policía el pasado mes de abril). Aunque se trataba de un «donativo» y no de un canon, quienes no dejaban nada, según aseguran, se quedaban sin productos básicos en la siguiente recogida de víveres. «Te dejaban los peores alimentos, muchas veces medio estropeados, como las piezas de fruta o verdura a punto de tener que tirarlas o, directamente, te decían que ya no había nada para ti, que se había acabado», aseguró uno de los afectados al personal de Servicios Sociales. Sin embargo, el temor a la directora de la asociación benéfica Calvicam –siglas que, curiosamente, responden a Calidad de Vida en Camarma– llevó a estas personas a negarse a denunciarlo ante el Banco de Alimentos o de la Policía Municipal, como les instó el concejal de Asuntos Sociales de la corporación municipal, Carlos García (PP), en cuanto tuvo conocimiento de estos hechos, que se remontan a mediados de 2012, según fuentes municipales. «No pudimos denunciarlo porque estas personas nos pidieron que no querían que se enteraran porque les amenazaban por la calle», asegura García. Se trata de familias inmigrantes (de nacionalidad ecuatoriana y rumana) que temían represalias por parte de la también administradora del restaurante de Alcalá Fusión, situado en el polígono Inbisa II de la localidad. La desvergüenza de Ana María llegaba hasta el punto de repartir estos alimentos entre conocidos y familiares sin necesidades económicas, según las mismas fuentes. Pero no queda todo ahí. En alguna ocasión en que Calvicam organizó recogida de juguetes y ropa para necesitados, algunos donantes aseguraron a trabajadores municipales que habían visto a los hijos de esta mujer con algunos de esos juguetes y a amistades de Ana María con ropa cedida para la gente sin recursos. «Cuando supimos cómo actuaba esta organización benéfica dimos la orden a los Servicios Sociales para que no derivaran a la gente sin recursos a esta supuesta ONG. Les mandábamos a Cáritas o a parroquias», afirma el responsable municipal, que conoce bien a Doroteo ya que, desde que llegaron al Ayuntamiento tras las elecciones de 2011, trajo de cabeza a toda la corporación municipal. «En la web de la asociación también ponían que prestaban asesoramiento psicológico a las mujeres maltratadas. Los Servicios Sociales estaban muy preocupados con este tema. Le advertí de que quitara eso inmediatamente porque ella no era una persona titulada al y podía ser peligroso; es un tema muy delicado», explica el concejal del área. Desde el Ayuntamiento también tienen conocimiento de trabajadores que prestaron servicio como voluntarios en Calvicam, que dejaron de trabajar con Ana María porque no comulgaban con sus métodos.

Desde el Banco de Alimentos de Madrid se mostraron ayer indignados con este tema, del que tenían conocimiento desde el pasado 13 de mayo, cuando acudieron junto a la Policía al almacén de Alcalá Fusión a retirar las cajas de alimentos. «Nos sentimos fatal, no sólo porque todos los que trabajamos aquí somos voluntarios, sino por esas 150 familias de Camarma para quienes iba esa comida que nunca les llegó», afirmó la portavoz de la entidad, Pilar Saura. Es doloroso porque el Banco tiene a 70 entidades benéficas en lista de espera porque no dan abasto. «Lo único positivo de todo esto es que al salir Calvicam de la lista de beneficiados, habrá entrado una de estas ONG que llevan tiempo esperando ayuda».

150 familias de Camarma afectadas

El Banco de Alimentos de Madrid proveía cada mes a Calvicam, la ONG de Ana María Doroteo, con unos 200 kilos de alimentos. Esta cantidad se calcula para las 150 familias en situación de necesidad que habían detectado en Camarma de Esteruelas y que, posiblemente, apenas lograron un tercio de la ayuda que aporta el Banco de Alimentos de Madrid, gracias a la solidaridad de empresas y del Fondo Europeo de Garantía Agraria. La entidad abastece de alimentos básicos a unas 80.000 personas de la Comunidad de Madrid. Sin embargo, según explicó la portavoz del Banco de Alimentos de Madrid, Pilar Saura, su aportación a una ONG pequeña como Calvicam, al igual que ocurre con las más de 450 entidades con las que colabora, tan sólo sirve para «paliar» en torno a un 20% de las necesidades de estas pequeñas organizaciones sin ánimo de lucro, no para «cubrir» sus necesidades, ya que en los últimos meses se ha disparado la cantidad de gente que acude a buscar comida a estas ONG.