Política

Madrid Central costará 80 millones a los repartidores

A falta de cinco días para su entrada en vigor, los expertos alertan de que no está cuantificado el coste total de la medida.

El Ayuntamiento cree que con Madrid Central habrá un aire más limpio y la movilidad será más sostenible
El Ayuntamiento cree que con Madrid Central habrá un aire más limpio y la movilidad será más sostenible

A falta de cinco días para su entrada en vigor, los expertos alertan de que no está cuantificado el coste total de la medida.

Madrid Central tendrá un coste invisible para cientos de ciudadanos que tendrán que cambiar sus hábitos y moverse por el corazón de la ciudad en transporte público en más ocasiones de lo que desearían o invertir en vehículos no contaminantes para desplazarse. Entre los más perjudicados por el cambio están los propietarios del 38% del censo de vehículos matriculados en Madrid (1.792.608 vehículos) que no tienen etiqueta ambiental. El coste para estos ciudadanos no es cuantificable aunque el mensaje de «consuelo» del Ayuntamiento de Madrid es que su «esfuerzo» servirá para que el centro de Madrid tenga un aire más limpio, la movilidad sea más sostenible, se potencie el transporte público y se favorezca el tránsito de peatones y ciclistas.

Sin embargo, sí que se han hecho algunas valoraciones sobre lo que supondrá para los vehículos de mercancías, distribución y reparto por parte de la Fundación Corell. Así, estima que «tendrán un coste añadido de 80 millones de euros, principalmente por el cambio de flotas al que se van a ver obligados los transportistas», explica Miguel Ángel Ochoa de Chinchetru, presidente del patronato de la fundación. A esta conclusión se ha llegado tras realizar una simulación contando con los datos obtenidos del Ayuntamiento y otros propios. A estos costes habría que añadir los que tendrían los comerciantes y aquellos que se ven obligados a cambiar su modo de transporte. La estimación queda recogida en el estudio que presentará el próximo mes de enero la Fundación Corell en el estudio que lleva por nombre «Impacto en el transporte de las medidas para mejorar el aire en las ciudades, una aplicación a las restricciones por categoría de motor». El trabajo pretende servir de base para la futura toma de decisiones por parte de las distintas administraciones implicadas en la movilidad.

Ochoa de Chinchetru considera que «todos los objetivos que persigue Madrid Central son beneficiosos para la salud, pero las medidas que se introducen son más restrictivas que en otros países europeos. Se acometen medidas que imposibilitan a muchas personas el acceso al centro por los medios habituales y habrá qué ver cómo afectan las nuevas medidas a los comerciantes, a los no residentes, a la distribución de mercancías y al transporte público, ya que exigirá más coordinación». En opinión del responsable de la Fundación Corell, «no se ha consultado a los ciudadanos, lo normal es que medidas de este tipo se consensúen y se echa en falta un estudio más racionalizado coste-beneficio de la medida para la sociedad en general», añade en declaraciones a LA RAZÓN.

Más plantas eléctricas

La Fundación ha celebrado en Madrid recientemente un debate sobre la movilidad metropolitana en la que intervinieron expertos de la talla de Samuele Furfari, experto en Energía y profesor de la Universidad Libre de Bruselas, quien cuestionó el modelo de movilidad hacia el que tendemos. En opinión de Furfari, dirigirnos hacia una flota de vehículos sólo eléctricos para minimizar la contaminación sería casi inasumible ya que «España necesitaría duplicar su capacidad eléctrica para que el 10% del parque automovilístico sea eléctrico». El experto asegura que «para realizar una carga lenta del 10% del parque de coches, España necesitaría un 11% más de plantas eléctricas; para carga rápida sería necesario doblar la capacidad eléctrica y eso no es posible sólo con energía renovable».