Política

Man Ray, el ojo que todo lo ve

La Fundación Canal exhibe 107 obras del artista en «Objetos de ensueño». Su pipa es uno de ellos.

«Objetos de ensueño» reúne en la Fundación Canal 107 piezas de Man Ray, como esta, titulada «Moda, juego de transparencias», fechada en 1933
«Objetos de ensueño» reúne en la Fundación Canal 107 piezas de Man Ray, como esta, titulada «Moda, juego de transparencias», fechada en 1933

La Fundación Canal exhibe 107 obras del artista en «Objetos de ensueño». Su pipa es uno de ellos.

El hombre que era un rayo de luz. O de sol, quién sabe: Man Ray. Nació como Emmanuel Radnitzky en Filadelfia pero decidió mutar su nombre. Los surrealistas abrieron los ojos de par en par ante su obra. Y Duchamp le regaló una amistad que ambos perpetuaron hasta el fin de sus días. Nació en 1890 y murió en París en 1976, la ciudad que bullía con agua hirviendo con la vanguardia. Y Nueva York, eterno nido de creadores que daban forma al arte con el único límite de su imaginación.

La Fundación Canal nos acerca un poco más al universo fascinante siempre de uno de los artistas más completos e icónicos que ha dado la historia del arte. Mayúsculo. Estos «Objetos de ensueño», que así se llama la exposición que ha comisariado la historiadora y crítica de arte Pilar Parcerisas, con piezas que nos ayudan a comprender cómo fue esa efervescencia artística de hace más de un siglo. Nos pone frente a la ironía de Dadá, un movimiento que tuvo en nuestro protagonista a uno de sus máximos exponentes.

Ajedrez de botones

Fotografías, rayogramas y una serie de objetos reconstruyen el universo del norteamericano. ¿Quién podría sino él crear un ajedrez superponiendo botones y cuerdas? ¿Quién tuvo la osadía, bendita, de colgar del techo un móvil realizado con perchas de madera? ¿Quién ayudó a que la fotografía se convirtiera en una de las bellas artes? Todos querían un retrato que llevara su firma, y en ese «todos» podemos incluir a Braque, Matisse, Joyce, Satie, Derain y Meret Oppenheim. Posar delante de Man Ray era sinónimo de fotografía única. Incluso los retratos que se muestran ahora de Ady, una de sus musas, revelan que él no disparaba como los demás (hablamos de los años 30 del pasado siglo), ni que la mujer que fue su amante hasta 1940 posara como una maniquí de la época. Lo atestiguan también las solarizaciones. Lo demuestran retratos que ya han quedado como verdaderos iconos: la imagen de Meret Oppenheim con gorro de baño, fechada en 1932 o la titulada «Erótico velado», realizada un año después con la misma protagonista. Dora Maar también posó para él, y Lee Miller, con quien compartió un descubrimiento, la solarización, mediante el que consigue resaltar el contorno del cuerpo o el rostro.

La puesta en escena merece una mención, con esa combinación equilibrada de luz y oscuridad. ¿Hay algo más moderno que «Lamshade», su pantalla de lámpara? ¿Algo más erótico que sus mujeres en escorzo, que sus desnudos que no lo son, los retratos de Duchamp travestido? ¿Lo hay? Sí, el propio Man Ray.