Metro de Madrid: las últimas taquilleras

El sábado desaparecen las ventanillas de las últimas 92 estaciones que aún las mantenían. No habrá despidos, se convertirán en supervisores comerciales que atenderán a los usuarios junto a las máquinas

«El cambio me parece bueno. Sólo me da un poco de miedo salir del cristal»
«El cambio me parece bueno. Sólo me da un poco de miedo salir del cristal»

El sábado desaparecen las ventanillas de las últimas 92 estaciones que aún las mantenían. No habrá despidos, se convertirán en supervisores comerciales que atenderán a los usuarios junto a las máquinas

Encarna dejará de ser taquillera de Metro de Madrid este sábado. A partir del 1 de abril, su nuevo puesto de trabajo será el de supervisora comercial. Después de diez años trabajando detrás del cristal de las taquillas de la estación de Príncipe de Vergara, Encarna dejará la ventanilla y pasará a tener un trato mas personal con los clientes, ya que su lugar de trabajo será el vestíbulo y los pasillos de la estación, sin cristal de por medio. Para ello, desde principios de año Encarna lleva recibiendo cursos, tanto teóricos como prácticos. En estos cursos se les enseña a los trabajadores los usos de las máquinas que harán su antiguo trabajo –expender billetes– y a tener un trato «más cercano con el cliente», según explicaba ayer a LA RAZÓN esta empleada.

El próximo sábado culmina un proceso que inició el Gobierno regional en 2003 cuando se inauguró Metrosur y que busca eliminar las taquillas de todas las estaciones del suburbano. La línea que recorre los municipios del sur de la región fue la primera en hacerlos desaparecer y sustutuirlos por máquinas expendedoras y 1.650 «supervisores comerciales», que es la categoría y nueva posición que tendrán a partir del día 1 los antiguos agentes de taquillas. El siguiente paso se dio en la Línea 8, luego en la 6 y, a continuación, en la 1, así como en todas las estaciones que se han ido remodelando a lo largo de estos catorce años desde el inicio del proceso hasta culminar este sábado. Una vez se cierren el día 1 las garitas de las últimas 92 estaciones, la atención a los usuarios de Metro saldrá de los habitáculos de cristal. La compañía defiende que «será más cercana», ya que las antiguas taquilleras estarán junto a las máquinas expendedoras para ayudar a los viajeros, asesorarles en los trayectos o facilitarles la información que necesiten.

Por este motivo Encarna no ve esta medida como algo negativo porque además de que el sueldo «será algo mayor», las condiciones de trabajo y los horarios serán los mismos. En la estación de Metro de Cartagena, sin embargo, la opinión no es tan favorable. Otro de los trabajadores que prefirió no dar su nombre a este periódico aseguró que «está muy disgustado» con el cambio porque aseguró que desde algunos de sus compañeros han sufrido «serias agresiones» en el último tiempo. A partir del sábado, este trabajador, que lleva en su puesto desde 2007, afirmaba ayer que se sentirá más «inseguro» porque «vamos a estar más expuestos a los conflictos que pueda haber dentro de la estación». No obstante este mismo trabajador sí valoró positivamente que a partir de ahora no tendrá que manejar dinero: «Me ahorro el problema de tener que dar el cambio y poder equivocarme. Porque si fallamos nos lo restan de nuestro sueldo», aseguró. Un trasiego de efectivo que además era obligado, ya que el personal de taquilla sólo podía vender billetes que fuesen abonados en metálico. Así, para poder pagar con tarjeta de crédito era necesario hacerlo en las máquinas expendedoras y desde 2016 así lo hacía el 52 por ciento de los usuarios.

Además de la posible inseguridad que les genera salir de las garitas, el taquillero de la estación de Cartagena apuntaba ayer que su nueva posición será más cansada porque tendrá que desplazarse por toda la estación para comprobar que no haya ningún incidente. Y es que los supervisores comerciales serán también los encargados de revisar el estado de a las instalaciones de su estación, de tal modo que Metro de Madrid confía en que se podrán agilizar las reparaciones de los desperfectos detectados rápidamente, ya que podrán avisar directamente a los encargados de mantenimiento en caso de que sea necesario.

Por su parte, tras conocer la noticia de la desaparición definitiva de las taquillas algunos usuarios de Metro aseguraron en declaraciones a este periódico que no creen que «vaya a ser una gran pérdida», ya que «ya se veían muy pocos y cada vez hay menos gente que saca el billete en taquilla». La única pega que aseguraban encontrar algunos viajeros consultados es que al comprar cualquier tíquet de Metro «con un billete grande» la máquina expendedora solo te devuelve «un montón de monedas de un euro que no te caben ni en el monedero».

Según explicaron desde la Consejería de Transportes, Vivienda e Infraestructuras, el cambio de personal de taquilla a supervisor comercial está consensuado con todos los sindicatos de Metro y aparece como uno de los compromisos que tomó la empresa en el convenio colectivo 2016-2019, firmado por la dirección y los representantes de los trabajadores. Según aseguró ayer la compañía pública en un comunicado, este cambio no supondrá ninguna reducción de personal, sino la «evolución de una figura a otra con el objetivo de ofrecer un mejor servicio al usuario». Es más, desde Metro indicaron que se contratará antes de que acabe la legislatura a un total de 590 nuevos trabajadores, entre los que destacan 350 nuevas plazas de jefes de sector, que ocuparán los puestos de supervisor comercial, por lo que la compañía reforzará en los próximos meses la atención directa al usuario, no sólo con la culminación de este modelo, sino también con la contratación de más personal dedicado a ello.

Un lavado de cara de 60 millones

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, presentó ayer el plan de modernización de 23 estaciones de Metro en el que se invertirán 60,6 millones de euros en los próximos cinco años. Las obras se realizarán sin llegar a cerrar los vestíbulos y andenes para no producir más molestias a los usuarios y consistirán en la renovación de los acabados, el pavimento y la iluminación. Se emplearán materiales antivandálicos, se mejorarán los sistemas de impermeabilización y drenaje y se actualizarán las instalaciones de baja tensión y de comunicaciones. Asimismo, coincidirá con la renovación integral, en el caso de las líneas 5 y 8, y con el plan de accesibilidad 2016-2020 mediante el cual se están instalando más de 80 ascensores en 30 estaciones y que supone una inversión adicional de 145 millones de euros en el suburbano, con el objetivo de que el 73% de las estaciones de la red sean plenamente accesibles a las personas con movilidad reducida. En cuanto al plan de renovación presentado ayer y que se prolongará hasta 2021, se actuará en las estaciones de San Blas, Suances, Torre Arias, Canillejas, Aluche, Bilbao, Cuatro Caminos, Tribunal, Alonso Martínez, Gran Vía, Av. América, Diego de León, Príncipe de Vergara, Banco de España, Méndez Álvaro, Cartagena, Ventas, Manuel Becerra, O’Donnell, Sainz de Baranda, Conde de Casal, Pavones y Ascao. En total se transformarán 82.482 metros cuadrados de superficie de uso para el viajero y se beneficiará a 280 millones de usuarios anuales en las 8 líneas afectadas por las obras de renovación.

«El cambio me parece bueno. Sólo me da un poco de miedo salir del cristal»

Supervisora comercial, ese será el nuevo puesto de trabajo de Encarna. Lleva diez años trabajando como taquillera de Metro pero ahora tendrá que ayudar a los clientes sin una ventanilla de por medio. Con su nuevo empleo se siente «contenta pero con algo de miedo» porque ahora, sin crital de por medio, estará más expuesta a cualquier «trifulca».