«Todo es felicidá» sólo para los grafiteros que quiere Mayer

Ahora Madrid incumple su promesa de buscar fórmulas para mantener los frescos de la famosa fachada del palacete de la calle Orellana, que ha sido borrado, mientras la edil de Cultura anuncia un plan de «muros libres» para hacer grafitis

Aspecto de la fachada tras la eliminación de las pinturas después de ocho años
Aspecto de la fachada tras la eliminación de las pinturas después de ocho años

Ahora Madrid incumple su promesa de buscar fórmulas para mantener los frescos de la famosa fachada del palacete de la calle Orellana, que ha sido borrado, mientras la edil de Cultura anuncia un plan de «muros libres» para hacer grafitis

El Gobierno de Ahora Madrid anunció hace cinco meses su intención de «encontrar una fórmula» para mantener y proteger los frescos denominados «Todo es felicidá», que adornaban el edificio del número 5 de la calle Orellana desde hace ocho años. El Ayuntamiento de la capital expedientó a este palacete por una rehabilitación realizada durante la etapa de Alberto Ruiz-Gallardón y antes de que recibiera el permiso municipal, aunque ajena a esta obra del artista Jack Babiloni. Por fin se han retirado los andamios que cubrían la fachada del edificio para devolverlo a su estado original y, en contra del sentir generalizado de los vecinos y visitantes de la zona, las pinturas han desaparecido.

Todo ello al mismo tiempo que la concejala de Cultura, Celia Mayer, anunciara en el Pleno Muncipal algo que suena a todo lo contrario: un plan de «muros libres» para grafiteros que podrán pedir espacios públicos «como lienzo para el arte urbano» a través de una aplicación para móviles, según explicó ayer la delegada de Carmena. Una coincidencia que el autor de esta conocida fachada de la calle Orellana ha criticado en sus redes sociales al denunciar que «Ahora Madrid destruye “Todo es felicidá” la misma semana en la que presenta iniciativas pro arte urbano».

El propio Jack Babiloni explica también que él mismo se ha ofrecido al Ayuntamiento de Madrid para realizar una obra similar en otro punto de la capital, pero lamenta que no ha recibido ninguna respuesta por parte del Gobierno local. Vecinos del barrio de Justicia, en el que se encuentra este palacete, también han criticado la desaparición de las pinturas. Una de ellas, Lola, calificaba ayer de «indignante» lo que considera como una «gran pérdida para Madrid» porque «me encantaba esa fachada». Carmen y su familia viven justo al lado de este edificio y se confiesan «enfadadísimos» ante lo que califican como «un desastre y una salvajada, porque era un obra de arte espectacular, que además ya estaba muy arraigada y consolidada en la identidad de nuestro barrio». Prueba de ello es que, como recuerda esta vecina de la zona, «muchos madrileños y turistas venían a la calle para fotografiar la fachada», pero Carmen lamenta que «ya es tarde».

Ésta es la sensación que comparten otros muchos residentes del barrio, como José, vecino de la calle Campoamor, la misma con la que hace esquina el palacete de Orellana. «No entiendo por qué hay que cargarse algo tan bello, que ya conocían y admiraban cada vez más personas, por unas obras interiores que no afectan a la fachada. Desde luego, esto no es defender la Cultura, como dice este Ayuntamiento». Mientras, la concejala de este mismo área va a publicar un inventario de vallas para grafiteros, aunque Celia Mayer tampoco les garantiza que sus pinturas duren más de 24 horas.