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Sevilla

Concluye la restauración del Cristo de la Buena Muerte

La intervención ha sido realizada por Pedro Manzano a partir de los estudios científicos y técnicos realizados desde 2016

El Cristo de la Buena Muerte en la capilla universitaria / Foto: Manuel Olmedo
El Cristo de la Buena Muerte en la capilla universitaria / Foto: Manuel Olmedolarazon

La intervención ha sido realizada por Pedro Manzano a partir de los estudios científicos y técnicos realizados desde 2016

La Universidad de Sevilla (US), a través de la Dirección General de Cultura y Patrimonio, y la Hermandad de los Estudiantes han dado por concluidos los trabajos de restauración de la imagen del Cristo de la Buena Muerte, que ha regresado este viernes a su capilla. La US ha explicado en una nota de prensa que la actuación ha sido realizada por el restaurador Pedro Manzano a partir de los estudios científicos y técnicos realizados desde 2016.

Los trabajos de restauración se han prolongado desde el 10 de septiembre de 2018 hasta el 10 de enero de 2019. La información obtenida mediante la tomografía axial computarizada y la radiografía digital ha permitido identificar aquellas zonas que presentaban deficiencias de unión entre los planos de ensamblaje de las maderas.

Estas imperfecciones, que se manifestaban al exterior como fisuras o bien como separación de piezas, se han localizado principalmente entre los pliegues del paño de pureza. Para su consolidación, durante los trabajos de restauración se han insertado unas finas láminas de madera que se han fijado con acetato de polivinilo, ha señalado la US.

Igualmente, el análisis de la talla también ha permitido observar que “la tensión que soportaba el brazo izquierdo del Cristo era superior a la de las demás extremidades debido a un problema en el apoyo de la mano sobre el patíbulo”. Esto había generado algunas fisuras en la policromía.

Para conseguir un apoyo firme de los dorsos de las manos sobre la cruz se han insertado dos piezas de madera en las zonas de contacto. Posteriormente, se han tallado en forma de nudos e integrado cromáticamente con la cruz. De ese modo, los puntos de contacto de la imagen con la cruz se han mejorado sustancialmente, consiguiendo equilibrar el conjunto.

También se ha practicado a la talla una limpieza de carácter menor, que se ha restringido a la suciedad depositada en superficie desde la última restauración, que tuvo lugar en 1995. Se ha utilizado un disolvente suave aplicado en hisopos de algodón, que permite retirar las sustancias que se han ido depositando sobre la superficie de la policromía con el paso de los años, manteniendo las reintegraciones cromáticas realizadas por los técnicos del Icroa.

La fase final de la intervención ha consistido en la consolidación de los estratos policromos que se encontraban desunidos del soporte, la reposición del estrato de preparación en aquellas zonas en las que se había desprendido y la reintegración cromática de las perdidas.

Entre las medidas de conservación preventiva planteadas para una mejor conservación de la imagen en el tiempo, la US ha destacado “el control y seguimiento que con carácter anual se va a realizar del estado de conservación de la misma, mediante visitas concertadas en los momentos más críticos por los que atraviesa la imagen en su actividad cultural”.

Resultados de la intervención

El proyecto de conservación de la imagen del Cristo de la Buena Muerte se inicia en diciembre de 2016 con un examen organoléptico ‘in situ’ y la posterior ampliación de estudios mediante imágenes médicas.

La información obtenida dio lugar a un Informe Diagnóstico del Estado de Conservación, emitido en junio de 2017, en el cual se concluía que la imagen presentaba una serie de alteraciones a nivel de soporte y de policromía que era necesario atender, “si bien ninguna de ellas se podía catalogar de grave”. Dicho informe incluía una Propuesta de Tratamiento con una temporalidad de cuatro meses.

Entre los estudios previos realizados a la policromía destaca el análisis químico de la misma. Con él se pretendía conocer los materiales presentes, tanto los originales como los pertenecientes a los recubrimientos o repintes posteriores, así como su disposición en capas, ha explicado la US.

El resultado ha permitido identificar los componentes del estrato de preparación, que está formado por un yeso fino, impurificado de manera natural con arcillas y con cloruro de sodio y blanco de plomo añadidos a concentraciones muy bajas. Sobre la preparación aparecen capas de color al óleo, en el caso de la carnación, y al temple, en el paño de pureza. En la muestra de carnación predomina el aceite de linaza. En la muestra de paño de pureza aparece una mezcla de cola animal (de la preparación) y huevo (de la capa pictórica original).

También se identifican en el paño de pureza tres repolicromías, todas ellas ricas en blanco de plomo y al óleo. En la superior aparece sulfato de bario, lo que indica que “se realizó a partir del siglo XVIII”. La característica principal de la policromía original en ambos casos es la fina molienda de los pigmentos y en la superficie se ha identificado un barniz de tipo acrílico.