Los fantasmas de Goya saltan al escenario

El Círculo de Bellas Artes acoge «El sueño de la razón», de Buero Vallejo

La trayectoria vital de Francisco de Goya quedó plasmada en su extensa obra pictórica.

La trayectoria vital de Francisco de Goya quedó plasmada en su extensa obra pictórica. A través de ella quedan reflejados, más o menos nítidamente, los distintos momentos personales e históricos por los que fue pasando el genial pintor. Como ejemplo, los últimos meses de su estancia en Madrid en los que, víctima de sus propios fantasmas y de la presión absolutista asfixiante de Fernando VII sobre liberales y simpatizantes de la Ilustración, realizó la serie más oscura de su pintura –las Pinturas Negras– en las paredes de la «Quinta del Sordo». Estos tiempos fueron sombríos para Goya. Viejo y pesimista, vivió acosado por sus miedos y obsesiones, fantasías grotescas y contradicciones vitales. En las últimas semanas –justo antes de exiliarse en Francia y fijar su residencia definitiva en Burdeos– es donde centró la acción Antonio Buero Vallejo en su obra «El sueño de la razón», que ahora estrena la Compañía Ferroviaria en el Círculo de Bellas Artes. Su director, Paco Maciá, piensa que el autor «crea una analogía entre la postguerra y el periodo de represión de Fernando VII sobre liberales y afrancesados. La visión de un artista ante el poder».

Espectáculo multidisciplinar

La encrucijada histórica que vivió «lo dejó desesperanzado políticamente, pero su verdadero drama personal fue una sordera que le hacía verse inmerso en un mundo aparte. Un pesimismo vital acentuado por la vejez y por la situación política que le hace ver el otro lado del ser humano –esa parte oscura que lleva a la violencia– y la estupidez». Para el director, la relación es clara, «las pinturas negras son un reflejo del infierno personal que está viviendo el pintor».

«La obra es compleja –prosigue Maciá–, las pinturas forman parte del texto, no son un mero decorado. Lo primero que queríamos saber es qué quería expresar Buero, para después pensar qué hacer nosotros. El texto era tan exuberante que fuimos hacia la síntesis, a aligerarlo y complementarlo con otros procedimientos. Él apunta su dramaturgia hacia la "obra totals", un concepto que usa y que yo defiendo. Nutrirse de distintas disciplinas que convergen». Por ejemplo, los elementos audiovisuales, «la creación de imágenes proyectadas en las que utilizamos diferentes variantes. Un juego creativo propuesto por Ángel Haro –escenógrafo y pintor–, que ha intentado que las pinturas tengan un espacio significativo en la evocación de los cuadros y en el espacio físico. No representarlas tal cual, sino partir de ellas para aportar el mundo creativo y expresionista que el pintor defendía».

Maciá resalta otros aspectos que han cuidado, como el espacio sonoro, la luz o el lenguaje gestual. «Goya no oye, pero tiene un mundo interior de sonidos que tratamos de expresar. Los actores han aprendido y usan el lenguaje de signos para sordomudos para comunicarse con él. El lenguaje gestual es tan importante –dice el director–, que en momentos sustituye al texto directamente». También «utilizamos técnicas como el "efecto de inmersión", que obliga al espectador a compartir la sordera del protagonista y sumergirse dentro del drama o sombras chinescas que se han recortado de los "disparates"y los "caprichos". La escenografía es sencilla, pero parte fundamental de la obra y efectos como la luz y los sonidos están muy cuidados».

Por otro lado, «el esperpento expresa una crítica social que concuerda el pensamiento existencialista que plasma Buero. Los sueños, lo grotesco y carnavalesco son muy importantes porque constituyen la parte onírica sin la cual muchos cuadros no se entenderían». Y concluye: «Hemos traído a Buero al siglo XXI. Guiños contemporáneos que van bien para esta época».