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Santander Natura, una oportunidad de cuidar más del planeta

Aunque las consecuencias de la crisis sanitaria son de sobra conocidas, también hay algunos aspectos positivos que hemos podido comprobar, incluso, en los momentos más crudos. Es el caso de la naturaleza, que, durante estos últimos meses, ha encontrado en la pandemia un asueto en el que curarse y recomponerse. Por este motivo, estamos ante una oportunidad única de redefinir la relación que tenemos con el medioambiente

Santander Natura, un programa de voluntariado que ofrece la oportunidad a los empleados de la entidad y sus familias de poner su granito de arena en la conservación de nuestros ecosistemas.
Santander Natura, un programa de voluntariado que ofrece la oportunidad a los empleados de la entidad y sus familias de poner su granito de arena en la conservación de nuestros ecosistemas.Banco SantanderLa Razón

La del COVID-19 ha sido una crisis que ha dejado varias enseñanzas. Una de las más valiosas es la de cómo el frenazo en nuestro día a día ha permitido al medio natural recobrar algo de salud y de espacio. Y es que la anthropause, como se llama en inglés a la reducción de la actividad humana, especialmente durante el confinamiento, ha puesto de manifiesto los enormes beneficios que ha tenido para el medioambiente el parón y la progresiva vuelta a la normalidad que vivimos, en pos un mundo más limpio y verde.

Entidades como Banco Santander han puesto en marcha diferentes programas que buscan precisamente contribuir en esta línea hacia un horizonte más respetuoso y sostenible. Con motivo del Día Mundial del Medioambiente, celebrado el pasado 5 de junio, la entidad reactivaba Santander Natura, su programa de voluntariado para concienciar de la urgencia de cuidar nuestros ecosistemas.

2020, un respiro para la naturaleza

El año pasado nos dejó algunas imágenes totalmente inéditas. Ejemplo de esto fue la vista, por primera vez en 30 años, de la cordillera del Himalaya desde Saharnpur, India, uno de los países con el aire más contaminado del mundo, que veía descender durante la pandemia su polución a niveles insólitos; o el agua cristalina de los canales de la romántica Venecia, en los que se volvió a ver vida animal, debido al cese del tráfico marítimo.

Más cerca, en nuestro país, pudimos ver cómo la fauna local se atrevía a acercarse a nuestras aceras y calles despobladas, abriéndose paso por zonas que hasta hacía muy poco habían sido una verdadera jungla, pero de asfalto: es el caso de los jabalíes por Madrid, que fueron captados por las cámaras de ciudadanos en más de una ocasión por diferentes barrios de la capital.

Además, la contaminación en nuestro aire se redujo un 64% de media, que llegó a ser un 83% en Barcelona, un 76% en Castellón y un 73% en Madrid. Esto se debe, en parte, al gran esfuerzo que han hecho tanto empresas como empleados para fomentar el teletrabajo y mantener el ritmo profesional en el plano digital. De hecho, los españoles fuimos los que más redujimos nuestros desplazamientos para ir a trabajar, según este informe elaborado por Google.

Una oportunidad única para nuestro planeta

Una de las principales luchas medioambientales que quedó en un estado de pausa con la llegada de la pandemia fue la del plástico. De acuerdo con este estudio de la Agencia Europea del Medioambiente, la situación sanitaria nos condujo a un aumento en la demanda mundial de este material, sobre todo en artículos sanitarios como equipos de protección personal, pero no fue lo único. En los pedidos de comida para llevar en los restaurantes y el envasado y empaquetado de las compras en comercios electrónicos, el plástico de un solo uso fue también el protagonista.

A pesar de este protagonismo, es importante que tengamos en mente que hay que reducir el plástico de un solo uso, gran contaminante de nuestros mares y océanos, por el bien de nuestro entorno. Como apunta el último informe de The Pew Charitable Trusts, cada año se vierten en el mar 11 toneladas de materiales plásticos. De no poner remedio, para 2040 estos residuos se habrán convertido en unas 50 toneladas de residuos. Y todo, de un material que tarda entre 100 y 1.000 años en descomponerse.

Colaborando en la limpieza de nuestras playas y ríos

Entre las iniciativas con las que cuenta Banco Santander para combatir el cambio climático y cuidar del medio ambiente, figura Santander Natura, un programa de voluntariado que ofrece la oportunidad a los empleados de la entidad y sus familias de poner su granito de arena en la conservación de nuestros ecosistemas.

Esta acción se puso en marcha en 2019 y ha tenido una gran acogida entre la plantilla del banco. Hace unas semanas, más de 100 empleados y familiares pudieron volver a formar parte de esta cita con el medioambiente en la playa de Zarautz, la más extensa de la costa vasca. La labor a realizar por parte de los voluntarios consistió en la limpieza a fondo y recogida de plásticos de la zona desde el Mirador del Golf hasta el canal de Iñurritza.

Desde su puesta en marcha, más de 700 empleados, junto a sus familias, han participado en acciones como la limpieza de playas en Galicia (con Mireia Belmonte a la cabeza) y Asturias, la plantación de árboles en Zaragoza o en Toledo y la recogida de plásticos y basura en riberas de ríos como el del Tormes, con el Saja o el Guadiana. Con todo este trabajo, se calcula que se ha retirado una tonelada de residuos.

Iniciativas como esta dejan patente el compromiso de Banco Santander con nuestro planeta. De hecho, la entidad, que recientemente se ha convertido en miembro fundador de la Net Zero Banking Alliance para ayudar a movilizar el apoyo financiero necesario que construya una economía global de emisiones cero y cumplir con los objetivos del Acuerdo de París, es uno de los firmantes de los Principios de Banca Responsable, de los Principios de Inversión Responsable y del Compromiso Colectivo de la Acción por el Clima, iniciativas respaldadas también por la ONU.

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