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Retos de la movilidad eléctrica: ¿qué tiene que pasar para que España cumpla sus objetivos?

La electrificación, además del desarrollo de combustibles sostenibles, es una de las principales alternativas para reducir las emisiones de los vehículos. Sin embargo, aún existen ciertos desafíos a resolver para que su implantación continúe creciendo en nuestro país

Retos de la movilidad eléctrica
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Cuando reflexionamos sobre las ventajas de la movilidad eléctrica, es posible que también nos hagamos algunas preguntas: ¿Qué autonomía tienen las baterías? ¿Dónde podré cargar el coche? ¿Cuánto tardaré? Más allá de estas cuestiones, lo cierto es que se han matriculado 29.788 vehículos 100% eléctricos en nuestro país en lo que va de año, según datos de la Asociación empresarial para el desarrollo e impulso de la movilidad eléctrica (Aedive). Ya hemos superado la cifra total de 2020, cuando se vendieron 20.156 unidades.

El auge de la movilidad eléctrica en España es patente. En concreto, en octubre, la venta de vehículos eléctricos puros creció un 29,2% con respecto al mismo mes de 2020, según Anfac (Asociación española de fabricantes de automóviles y camiones). En cuanto a los turismos, el 11% del total de los que se vendieron el pasado mes eran eléctricos de baterías e híbridos enchufables, lo que significa que 1 de cada 10 vehículos comprados en octubre estaba electrificado.

El principal motivo que explica este crecimiento es el primer Perte (Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica) del Gobierno de España, donde se enmarcan los incentivos del Plan Moves III para la compra de vehículos eléctricos. Esta estrategia, aprobada a mediados de este año, subvenciona con hasta 7.000 euros la adquisición de un coche eléctrico y hasta 1.300 euros en el caso de una motocicleta por parte de particulares y empresas.

FOTO: Antonio Cruz

Estas ayudas no solo están dirigidas a la compra de vehículos eléctricos, sino también a la instalación de infraestructuras de recarga. El objetivo es que en 2023 haya entre 80.000 y 110.000 puntos de recarga desplegados, tanto públicos como privados, y hasta 250.000 vehículos eléctricos matriculados. Pero ¿qué debe suceder para alcanzar estas cifras?

Baterías eléctricas con mayor autonomía

El primer hándicap es el de la autonomía de las baterías eléctricas y su coste. Actualmente, los fabricantes de automóviles están ofreciendo turismos de gama media con autonomías entre 100 y 400 kilómetros. Solo en las gamas de coches más altas, con precios poco asequibles para una renta media, encontramos 637 km de autonomía estimada, como es el caso del Tesla Model S Plaid.

La buena noticia es que la tecnología ha permitido aumentar cada vez más la capacidad de las baterías de los vehículos eléctricos. «Ya hay modelos que ofrecen una autonomía competente y suficiente como para hacer viajes medios y largos, en los que pueden aprovecharse las paradas necesarias en un trayecto de varios cientos de kilómetros para hacer recargas intermedias», afirma Arturo Pérez de Lucía, director de Aedive.

Por otro lado, los precios de las baterías han ido cayendo con el precio del litio, uno de los elementos que las componen. «Ha pasado de costar en torno a 1.000 dólares el kWh de litio en el año 2010 a rondar los 100 dólares, que es el umbral en el que se considera que fabricar un vehículo eléctrico implica el mismo coste que un modelo de combustión y que se prevé alcanzar de forma generalizada hacia 2023», apunta.

Más puntos de recarga

Los puntos de recarga son un desafío no menos importante para que prospere la movilidad eléctrica. A día de hoy, España registra un total de 11.847 puntos de recarga de acceso público a lo largo de todo el territorio, según el último Barómetro de Electromovilidad elaborado por Anfac. Esto supone un crecimiento de apenas 330 nuevos puntos en el segundo trimestre de 2021.

Además de ampliar la red para alcanzar los objetivos del Perte, es fundamental un despliegue inteligente de dicha red «Habitualmente se dice que hay escasez de infraestructura. Desde mi punto de vista, lo que hay es una falta de profesionalización de la infraestructura ya instalada, y me explico: hay que poner el foco en el usuario de vehículo eléctrico, adaptándonos a sus necesidades», señala Carlos Bermúdez, gerente de Desarrollo de Negocio de Movilidad Eléctrica de Repsol. «Los puntos de recarga de acceso público deberían estar en emplazamientos y estratégicos y que resulten de interés para los usuarios, tanto en ámbito urbano como interurbano, en zonas donde ya estamos acostumbrados a parar a repostar», continúa.

La segunda premisa sería adecuar la tecnología a las necesidades de los usuarios. «No tiene sentido instalar una carga ultrarrápida en casa y una carga lenta en una estación de servicio, donde quieres recargar en el menor tiempo posible», indica. En esta línea, Repsol ya ha anunciado que contará con más de 1.000 puntos de recarga eléctrica públicos en nuestro país para finales de 2022. Serán de recarga rápida o ultrarrápida y estarán instalados cada 50 kilómetros en las principales rutas del territorio nacional.

Bermúdez apunta otros aspectos a tener en cuenta, como el mantenimiento: «Tiene que ser impecable; no se puede permitir que el usuario llegue a un punto de recarga y que no funcione». También defiende el acceso universal para los usuarios de vehículo eléctrico en cuanto a medios de pago se refiere. «Tenemos que dar confort a los usuarios ofreciéndoles distintas alternativas, ya sea con una app o con un QR», ejemplifica.

FOTO: Antonio Cruz

Barreras administrativas

El último desafío de la movilidad eléctrica está en los retrasos en la concesión de permisos y licencias para desarrollar infraestructuras de acceso público, de los que se queja el sector. «Actualmente, hay más de 4.000 puntos de carga públicos instalados o en proceso de instalación a la espera de estos permisos», explica Pérez de Lucía.

Más allá de la autonomía de las baterías, la ampliación y mejora de la red de puntos de recarga o de las barreras administrativas, para el director de Aedive atajar la falta de información también es crucial. «Aunque la evolución de la movilidad eléctrica ha sido abismal desde que comenzó su desarrollo, hace más de 10 años, una de las principales barreras que sigue arrastrando es la de la falta de información». Admite que su principal deseo es que la Administración pública aumente su colaboración con el sector privado «para sensibilizar a la población y a la sociedad» acerca de las ventajas de la movilidad eléctrica.

Por su parte, Bermúdez señala que no hay que olvidar que la electricidad es una de las alternativas para reducir las emisiones de los vehículos ligeros, pero no la única: «De hecho, por las limitaciones que actualmente la propia movilidad eléctrica tiene, está dirigida a un nicho muy concreto. Por ejemplo, a día de hoy, la movilidad eléctrica no es una solución para los vehículos pesados, el transporte marítimo o aéreo. La movilidad eléctrica es por tanto una solución más dentro del total de alternativas energéticas que existen a día de hoy para la descarbonización del transporte», apunta.

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