El saber hacer de Chanel quedará para siempre reflejado en su icónica chaqueta

La famosa chaqueta de Chanel es un icono de moda de ayer, de hoy y de siempre. Quedará para la posteridad.

La firma parisina de Alta Costura Chanel se caracteriza por su eterna elegancia y aún, a día de hoy, sigue siendo una de las firmas de lujo de referencia. La misma que fue fundada en 1910 por una diseñadora adelantada a su tiempo, la mismísima Gabrielle (Coco) Chanel.

Años más tarde, Coco elaboraría la prenda por antonomasia, aunque se reinvente con el paso del tiempo: una chaqueta que marcaría un antes y un después en el mundo de la moda al ser catalogada como masculina: la chaqueta de Chanel.

Hubo un momento en 1954 en el que la reconocida diseñadora quiso apostar por una moda “adaptada a la realidad”, según definía ella misma. Por prendas de líneas rectas y minimalistas que se verían reflejadas en sus legendarios trajes de tweed, que estaban compuestos por faldas hasta la rodilla cosidas en este tejido importado desde Escocia y chaquetas rectas y fluidas.

La elegancia de la ropa llega con la libertad de movimiento”, afirmaba Coco Chanel. Para la francesa, la libertad de movimiento estaba por encima de todo, sin obviar la elegancia y la sobriedad.

Desde su lanzamiento, la ya mítica chaqueta ha sido todo un éxito a nivel mundial. ¿Los motivos? Fue una prenda pionera en la Alta Costura, diferente para una época en la que la ropa femenina marcaba la cintura.

Para hacer este básico, primero se tomaban las medidas a las clientas para, posteriormente, emplear unas 130 horas (mínimo) en la confección hasta que quedara perfecta. Todo ello en París, aunque la chaqueta tenga que viajar varias veces a las sedes de otros países para ser rematada.

Durante esas horas invertidas, los maestros de la costura unen dieciocho piezas de tweed realizadas exclusivamente para la famosa prenda y las cosen a los forros de seda sobre un maniquí Stockman. Una vez hecha la estructura, se le añaden los cuatro bolsillos, todos los botones con el logo de la firma en metal, resina o galatita y un ribete a juego en contraste a una prenda magistral y puramente artesanal.

Entre tanto, le dan forma a las hombreras. Cuando ya está prácticamente terminada, le añaden el secreto mejor guardado de la chaqueta: una cadena ligera que va cosida en la parte de atrás inferior y que le da el peso necesario para conseguir la caída perfecta.

Para finalizar y ser entregada a la afortunada propietaria de esta obra de arte, la casa guarda la chaqueta en una caja personalizada con flores de camelia.