Kenzo, el sueño de un hombre por dibujar y mostrar al mundo la magia de la moda japonesa

Kenzo Takada. El diseñador de legado inmortal y principios inamovibles. Siempre te recordaremos.

Kenzo. El ícono, la leyenda, la firma. Kenzo Takada, el diseñador. Este domingo, a los 81 años y a causa del COVID-19, su mente creativa se apagó para siempre. Pero no su legado, fuerte, vibrante, inmortal. Hoy queremos homenajear su recuerdo.

Siempre que veíamos una colección o producto de Kenzo, sabíamos que era de Kenzo. Su particular universo de flores y colores inundaba cada ápice de telas y perfumes. Era un hombre discreto, centrado en el proceso creativo y alejado de las pasarelas y los flashes.

Un hombre que comenzó a labrar su futuro allá por 1970 cuando abrió su primera tienda. Pero en realidad, su devoción por la moda se forjó mucho antes. Desde pequeño, amaba dibujar y a través de sus hermanas (y las revistas de moda que ellas leían), el mayor de los siete hermanos Takada empezó a interesarse en el mundo de los patrones.

Un viaje a Europa con 26 años trazó su destino: “Llegué a la Gare de Lyon la tarde del 1 de enero de 1965. Estaba oscuro y la estación era vieja, sucia, oscura. Tomé un taxi y mi primera impresión de París fue lúgubre, lúgubre. Entonces el taxi pasó por Notre-Dame y la vi majestuosa. Eso me consoló un poco”, según palabras recogidas en sus memorias publicadas en 2018.

Durante esa década, París y Londres eran una auténtica explosión de moda. Y es que, de la misma manera que se alinean los astros, Kenzo se alineó con el ritmo latente de la ciudad parisina para traer al mundo algo que todavía no se había visto: Jungle-Jap, una tienda-marca que mezclaba la inspiración de los kimonos nipones y la vestimenta tradicional de los campesinos japoneses con las formas, siluetas y colores del sobrio estilo europeo.

Una firma que sentaría las bases del sello Kenzo y que, años más tarde, pasaría a llamarse como su propio artífice. Seis años después abriría su segunda tienda, también en París. Esta apertura esbozó el camino para otros diseñadores japoneses que vendrían después de él como Issey Miyake, Johji Yamamoto o Junya Watanabe.

Años más tarde se introduciría en el mundo de los perfumes: “A mediados de la década de 1970 lancé una fragancia llamada King Kong, que fue un gran fracaso, pero muy divertido y a partir de la década de 1980 lancé muchas más que afortunadamente se convirtieron en grandes éxitos”, afirmaba el diseñador.

Pero, como anunciábamos al principio, el diseñador nunca quiso ser amigo de los flashes. En 1999, cuando era reconocido mundialmente, vendió su firma al grupo LVMH, manteniendo vibrante la inspiración floral y nipona en unas colecciones que nos enamoran aún a día de hoy.

Kenzo Takada. El diseñador inmortal de principios inamovibles. Siempre te recordaremos.