Este yate se convierte en submarino de lujo y se sumerge hasta 300 metros de profundidad

Puede sumergirse hasta 300 metros de profundidad para disfrutar de la vida marina como jamás habrías imaginado.

Nappi
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No sabríamos si definirlo como yate, submarino o nave futurista. Lo que para muchos puede no resultar extraño ver en películas de ficción, tiene previsto llegar a la vida real. Es el sueño de la arquitecta naval italiana Elena Nappi: construir un barco híbrido de lujo que pueda sumergirse en las profundidades del océano.

Su proyecto tiene ya nombre y varias características muy interesantes. Nappi lo ha bautizado como “Caparazón”, podría llegar a descender hasta 300 metros y hacer un recorrido de 10 días. “El mundo de los submarinos de lujo es una de las últimas fronteras en el campo de la experimentación, y quizás el híbrido sea el lenguaje del futuro”, ha anunciado la arquitecta en un comunicado.

Y es que, para la italiana, que lleva años trabajando para que este proyecto sea posible, “Caparazón” abre la veda de los nuevos “megayates”, que combinarán el lujo de una embarcación y la privacidad y experiencia única de la navegación de inmersión.

“Muy a menudo, los propietarios de yates buscan soluciones originales para poder ofrecer a sus amigos y familiares algo especial, y un crucero de buceo de este tipo no tiene precedentes en el mercado de los superyates”, sostiene.

Nappi
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Entre los detalles que ha revelado Nappi encontramos que la nave tendrá tres niveles de cubierta con cabinas VIP, un salón principal, un bar, un gimnasio y un spa. Todo ello bajo la propulsión de un sistema de celdas de combustible y diésel-eléctrico, y diseñado para tener una gran estructura de aluminio ligero de unos 77 metros de eslora.

No obstante, todavía son muchas las barreras que hay que sortear para que “Caparazón”, que la italiana prevé que cueste cientos de millones de dólares, llegue a las aguas. La arquitecta utiliza un ejemplo muy significativo para explicar lo que podría tardar en hacerse realidad:

“El primer automóvil eléctrico fue construido entre 1832 y 1839 –por el empresario y químico escocés, Robert Anderson- y hace relativamente poco tiempo que ha empezado a ponerse en el mercado, por lo que es muy difícil pensar que un modelo como este pueda ser construido pronto”, señaló.

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No obstante, ya lo supondréis, en la época que vivimos jamás hay que subestimar a la tecnología y a las mentes que la desarrollan. Nunca sabemos cuándo pueden sorprendernos con un nuevo reto.