Los viajes en crucero durante la tercera edad, ¿un derroche de lujo o una forma de vida?

Los cruceros son lugares que se asocian a las vacaciones momentáneas, un viaje de placer o una luna de miel, pero también tienen todos los elementos indispensables que hay en tierra firme para asegurar una vejez digna y gratificante.

Una de las preocupaciones comunes en la edad adulta es tratar de conocer donde se pasará la vida cuando ya se cruce la barrera de la tercera edad. Para muchos la idea de una residencia, no resulta muy atractiva, principalmente por las restricciones que siempre hay en los centros para ancianos. También se suma el hecho de que muchos ancianos no pueden ser cuidados por sus familiares o no quieren ser una carga para ellos.

El caso de Lee Wachtstetter no tiene nada que ver con ese pensamiento, y es que para ella dónde pasar su vejez no es motivo de preocupación, ya que ella prácticamente vive a bordo de un crucero.

La anciana tiene 86 años y vive su última etapa de una de las formas más divertidas que el ser humano pueda experimentar. Desde hace más de siete años, después del fallecimiento de su esposo y con el consentimiento de sus hijos y nietos, decidió emprender una vida diferente a una anciana de su edad y se embarcó en un destino de recorridos por el mar a bordo de cruceros, donde pasa sus años de forma calmada y divertida.

Los cruceros son una excelente oportunidad para conocer gente y hacer nuevas amistades

Esta es una de las formas que muchas empresas turísticas ofrecen a las personas mayores que buscan tranquilidad, estimulación y por supuesto entretenimiento, en una edad donde ya las ocupaciones laborales quedaron atrás y solo queda disfrutar de aquello que se sembró en el transcurso de la vida.

Los cruceros son lugares que se asocian a las vacaciones momentáneas, un viaje de placer o una luna de miel, pero también tienen todos los elementos indispensables que hay en tierra firme para asegurar una vejez digna y gratificante.

Otra de las personas que se embarcó en esta idea y que le ha resultado de gran beneficio para su vida y su salud fue Bea Muller, que también con 86 años de edad, vive a bordo de un crucero. Muller obtuvo los recursos para acceder a sus viajes a bordo, vendiendo sus casas y objetos personales.

Según testimonios de personas ligadas a la vida turística, esta idea no solo puede resultar una fórmula eficiente para que un anciano pueda vivir el resto de su vida tranquilo y feliz, sino que resulta similar a lo que una persona pagaría viviendo en tierra, donde los servicios de limpieza, alimentación, ropa y gastos médicos pueden estar en un orden similar a lo que cuesta un crucero.

Además, la persona no solo se libra de funciones del hogar como limpieza, suministro de alimentos, preparación y mantenimiento, sino que en los barcos ya se cuenta con el personal que lo haga por ella, haciendo su vida mucho más fácil.