La Fortaleza de Cap Rocat, donde la tradición se vuelve vanguardia

Situado en Mallorca, este hotel, y su oferta gastronómica, se definen como los más recónditos y privados del Mediterráneo.

El comedor de La Fortaleza, en Cap Rocat, con impresionantes vistas a la bahía de Palma.
El comedor de La Fortaleza, en Cap Rocat, con impresionantes vistas a la bahía de Palma. FOTO: Cap Rocat Cap Rocat

Mallorca es uno de los destinos turísticos por excelencia de nuestro país. Allí se reúnen cada año miles de personas, procedentes de todos los rincones del mundo, dispuestos a disfrutar de las bondades de la isla balear: sus playas, sus paisajes, su tiempo y, cómo no, su maravillosa gastronomía. Porque en este enclave se encuentran auténticas joyas culinarias. Y La Fortaleza, en Cap Rocat, es una de ellas.

Situado en una fortaleza levantada para la vigilancia de la Bahía de Palma, Cap Rocat se define como “el hotel más recóndito y privado del Mediterráneo”. Y no es para menos, porque se encuentra situado en una fortaleza militar del siglo XIX rehabilitada, cuya restauración supuso todo un reto para sus responsables, ya que tuvieron que transformar sus instalaciones para poder ser usadas como hotel, a la vez que se cumplían las estrictas regulaciones marcadas para un edificio declarado Bien de Interés Cultural y catalogado como Monumento Nacional.

Además de sus impresionantes espacios destinados al descanso y disfrute de sus exclusivos huéspedes, en esta reserva natural de 30 hectáreas con 2 km de costa protegida, es posible degustar la mejor gastronomía con toda la esencia del Mediterráneo, en dos ambientes diferenciados: La Fortaleza y el Sea Club, donde pueden encontrarse los sabores de siempre con las elaboraciones más naturales.

Uno de los platos que pueden degustarse en La Fortaleza, en Cap Rocat
Uno de los platos que pueden degustarse en La Fortaleza, en Cap Rocat FOTO: Cap Rocat Cap Rocat

Sin embargo para los amantes del buen comer más vanguardista, la cita está en La Fortaleza, de la mano del chef Víctor García. Con dos soles Repsol, se trata un espacio reservado solo para unos pocos privilegiados, porque el restaurante da servicio a tan solo 30 comensales. Su propuesta culinaria es un recorrido por Mallorca y por las recetas más tradicionales de la isla, como el famoso variat o los calamares rellenos, con una reinterpretación vanguardista.

Todo un regalo para los sentidos que en verano se disfruta en la azotea de Cap Rocat, en el punto más alto de la fortaleza, con unas impresionaste vistas de la Bahía de Palma, mientras que en primavera y otoño se traslada a lo que un día fue el comedor de las tropas.