Cuando una medalla olímpica molesta en el armario de tu casa y, por lo que sea, decides venderla

Hoy comienzan los Juegos Olímpicos de Tokio y quién sabe si alguno de los medallistas decidirá subastar su presea en un futuro. No será el primero, sino que seguiría a unos cuantos que lo hicieron antes con fines solidarios.

Tommie Smith, en el centro, con la medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos de México 1968. (AP Photo/File)
Tommie Smith, en el centro, con la medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos de México 1968. (AP Photo/File)AP

Un año después de la fecha señalada, pero por fin ha llegado uno de esos días que cualquier buen aficionado al deporte no olvida jamás. En solo unas horas se inaugurarán los Juegos de la XXXII Olimpiada, que se celebrarán en la capital japonesa hasta el próximo 8 de agosto. Serán, sin duda, los más extraños de la historia, porque la pandemia de coronavirus estará presente en todo su programa provocando que, por ejemplo, no haya público en ninguno de los acontecimientos previstos.

El equipo olímpico español, con 321 deportistas en sus filas, intentará mejorar las prestaciones logradas hace 5 años en Río de Janeiro. En Brasil, los deportistas de nuestro país consiguieron 17 medallas, más o menos en la media de las últimas convocatorias olímpicas, pero 7 de esas preseas fueron de oro, una cifra que no se conocía desde Barcelona’92.

Quizá, en un futuro, alguno de los deportistas que, a partir de hoy, consigan una medalla, acaben vendiéndola. Hay que saber que, de producirse este hecho, no serían los primeros; ya hubo algunos antes que lo hicieron, todos ellos por motivos solidarios y benéficos.

Algunos, incluso, ya lo llevaban pensado desde antes de competir. Ese era el caso, por ejemplo, de la nadadora polaca Otylia Jedrzejczak, que ganó la medalla de plata de los 400 metros libre en Atenas 2004. «No necesito la medalla para recordar. Sé que soy una ganadora olímpica. Esto lo llevo en mi corazón», dijo antes de subastar su trofeo por el que obtuvo más de 80.000 dólares, donados para atender a niños con leucemia.

Llevado por su ejemplo, otro nadador, el estadounidense Anthony Ervin, hizo algo similar, aunque en términos más modestos. Después de ganar en Sidney 2000 el oro en los 50 libre y la plata en el relevo de 4x100, decidió retirarse de la competición, a la que volvería más tarde para volver a ser el mejor en Río 2016, y subastar en eBay sus preseas. Por ellas, obtuvo “solo” 17.000 dólares, dinero que fue a parar a las víctimas del horrible tsunami que arrasó las costas tailandesas en las Navidades de 2004.

Nunca una medalla olímpica proporcionó tanto dinero como la de oro que ganó el boxeador ucraniano Wladimir Klitschko en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. En 2012 el púgil decidió subastarla y un misterioso comprador pagó 1 millón de dólares por ella. El dinero fue dedicado a la Fundación Klitschko Brother Foundation, que ayuda a financiar el deporte para niños ucranianos.

No tanta suerte tuvo el mítico Tommie Smith, protagonista de la histórica fotografía con el puño en alto y la cabeza agachada en el podio después de los 200 metros de México 1968. La imagen dio la vuelta al mundo, pero Smith puso a la venta aquella icónica medalla en 2010 por 250.000 dólares y no obtuvo respuesta.