Una pasarela al Madrid árabe del siglo IX

El Ayuntamiento estudia la viabilidad de una estructura que sirva para contemplar los restos de la muralla que se encuentran en los jardines de Larra

Hablar de la muralla árabe es hablar del origen mismo de Madrid. O de «mayrit»/«magerit», como fue bautizada durante la época de dominio musulmán y que en castellano podría traducirse como «abundancia de agua». Así es: dentro de ese pequeño núcleo rural situado justo en el centro de la Península, a los árabes, bajo el emirato de Muhammad ben Abd al-Rahman, Mohamed I, les llamó la atención un pequeño arroyo que discurría en paralelo a lo que hoy es la calle Segovia, lo que les permitía contar con un terreno fértil y cultivable. En el año 850, para proteger ese enclave, el emir mandó construir en torno al mismo un recinto amurallado. A lo largo de sus 980 metros de longitud y dentro de sus cuatro hectáreas de superficie se constituían el alcázar y la almudaina, es decir, la ciudadela musulmana. Elaborada en cantería de sílex y piedra caliza, contaba con accesos a través de las puertas de la Vega (al oeste), de la Mezquita (hoy Arco de Santa María, al este) y de la Sagra (al norte). Ya en el siglo X, con Abd-al Rahmman III, la fortificación fue reforzada. Sin embargo, en el siglo XI, durante la Reconquista, aquel Magerit pasó a manos cristianas, que ampliaron el recinto árabe para construir su propio cercado y proteger así a los nuevos barrios. Efectivamente: nuestra ciudad cuenta a día de hoy con restos visibles de dos murallas, la Árabe y la Cristiana. Y la primera reúne los que se consideran como los vestigios más arcaicos de la capital, de unos 1.200 años de antigüedad.

¿Dónde se encuentran estos restos? Los más relevantes son los integrados hoy en el parque Mohamed I, en la cuesta de la Vega, que empezaron a ser puestos en valor entre los años 70 y 80 del pasado siglo. De unos 120 metros de longitud, 11,6 de altura y 2,6 de anchura, se conservaron gracias a que fueron utilizados como muro de carga en edificaciones posteriores. Sin embargo, en septiembre de 2018 se produjo un nuevo descubrimiento. Técnicos del Ayuntamiento de Madrid realizaron catas arqueológicas en la base del muro de hormigón que sirve de contención de la Cuesta del Rebeque y la calle Factor, en la zona conocida como los jardines de Larra, frente a la Catedral de La Almudena y el Palacio Real. Además de encontrarse huellas parciales de una de las manzanas del parcelario de la Villa de los siglos XVII-XIX, se detectó la presencia de dos silos-basureros que podrían relacionarse con el Madrid islámico. Los sondeos en el sector sur de los jardines pusieron al descubierto una estructura constructiva formada por grandes bloques, así como dos estructuras murarias de diferente envergadura, ambas con el pedernal como material constructivo. El muro contaba con una longitud 7,65 metros de largo con una altura máxima de 3,11 y una anchura de 1,46. «Estos hallazgos, a falta de finalizar y presentar el informe del estudio y análisis del conjunto de la intervención arqueológica, podrían corresponder, en parte o en su totalidad, a secciones de los primeros recintos fortificados de la Villa, bien de un solo momento histórico o de sucesivos», decía el informe del Consistorio.

Así, el actual Ayuntamiento busca ahora conservar los vestigios de los jardines de Larra, debido a que su situación, en pleno centro de la capital y con un constante tránsito de personas, no supone el entorno más propicio. Según confirman a LA RAZÓN fuentes del Área de Cultura, Turismo y Deporte que preside Andrea Levy, se va a «consolidar superficialmente el suelo de alrededor» para preservarla del «tráfico continuo» de gente que pasa por la zona. Del mismo modo, se quiere proteger la zona de la lluvia, ya que su exposición al agua puede constituir asimismo un problema.

Por eso, el Área de Cultura está trabajando en un «proyecto de acondicionamiento y consolidación», al mismo tiempo que se está «planteando la viabilidad» de crear una pasarela, situada a cierta distancia, «para contemplar los restos de las murallas desde un plano superior».

El motivo del interés del Ayuntamiento es que, efectivamente, parece confirmarse el «valor histórico» de ese tramo de la fortificación. La hipótesis que manejan los técnicos municipales es que podríamos estar ante el punto de encuentro, el «codo», en el que se unieron todas las murallas de la ciudad de Madrid, incluidas la Árabe y la Cristiana. Vendría a confirmar que el recinto fortificado fue usado por los cristianos tras la conquista de la ciudad para ampliar su perímetro con una nueva muralla.

Con todo, si bien es verdad que el objetivo último de Cultura es crear esa pasarela superior, se trata de un proyecto en fase embrionaria. «Desde el Área se van a poner todos los medios del Ayuntamiento para conservar, recuperar y hacer accesible el rico patrimonio que atesora la ciudad, pero debido a la complejidad de todos los trabajos y al propio proceso administrativo, es complicado que estas actuaciones se materialicen en el corto plazo», aseguran las mismas fuentes.

Precisamente, y como adelantó LA RAZÓN, para este año está previsto también que se pongan en marcha, durante un plazo de cuatro meses, una serie de trabajos para renovar la otra muralla, la Cristiana, y concretamente en su tramo más visible y destacado, el situado desde los números 15 al 17 de la calle Almendro.