Sólo 40 personas dentro del supermercado y prohibido entrar sin guantes

Las tiendas de comestibles de Madrid establecen sus propias normas para mantener distancias entre los clientes y evitar contagios

“Espere aquí, cuando salga una persona, puede entrar”, es la instrucción que se da a las puertas de un supermercado de Alcorcón (Madrid) que de forma habitual abre hasta las 14:00 horas del domingo. La gente se concentra a la entrada y trata de guardar de manera espontánea un metro de distancia de seguridad mientras esperan su turno con paciencia y cara de resignación. Una empleada está en la puerta con un paquete de guantes en la mano. En lugar de estar en la caja o reponiendo productos, como hace de manera habitual, se ha encargado hoy de poner orden en la entrada al establecimiento para que los usuarios que acuden hoy comprar guarden unas normas básicas. Sale una persona del establecimiento y la empleada extiende un par de guantes a un nuevo cliente, que también extiende todo el largo de su brazo para cogerlos . “Entre”, dice decidida a la clienta.

Desde hoy, y después de que ayer se decretara el estado de alarma y limitara la salida a los ciudadanos exclusivamente para cuestiones de primera necesidad, el establecimiento sólo permite la entrada de cuarenta personas para efectuar las compras y, a medida que va saliendo un cliente, va entrando otro. La cola tiene varios metros en la calle. “No tenemos instrucciones de ningún tipo, pero hemos decidido organizarlo así nosotros. Hay que tomar precauciones, pero la cola va rápida, no hay que esperar mucho tiempo”, dice.

La empleada asegura que “el suministro está garantizado. Todos los días llegan camiones con productos y hay de todo, aunque a lo mejor te puedes encontrar productos que no son de la marca que habitualmente compras. Hoy han ido a trabajar los empleados a los que le correspondía por turno y atienden a los clientes sin mascarilla y como cualquier otro domingo.

“Ya no hay papel higiénico ni desinfectante de manos”, dice en ese momento una mujer que está en la cola. “Nosotros reponemos todos los días pero la gente hace acopio de estos productos, parece que hay quien no tiene claro que el agua y el jabón existen”, replica la empleada que está en la puerta.

La gente aguarda en silencio su turno, pero algunos vecinos se han encontrado en la cola del súper. No se acercan y se preguntan a distancia elevando el tono de voz: “¿Qué sabes de Elena?”, pregunta un hombre de mediana edad a otra mujer situada tres puestos delante de ella en la cola. “Ella está bien, pero creo que a su padre le han ingresado”, explica la mujer levantando el tono de voz.

Justo al lado hay una tienda de comidas preparadas. Las vitrinas están llenas de comidas listas para comer. “Ayer fue un fracaso total, hemos vendido un 60% menos de lo que esperábamos y hoy vamos camino de lo mismo. Si seguimos así vamos a tener que cerrar”, asegura a LA RAZÓN el dueño del establecimiento.

Unos metros más allá, en la panadería, se observa un panorama similar: colas organizadas por los propios usuarios que deciden de manera espontánea guardar la distancia de seguridad de al menos un metro. En su interior los empleados reparten las barras de pan con mascarilla, guantes y rictus serio. “La que nos espera... A ver quien aguanta a los niños 15 días metidos en casa. ¡Y también está mi suegra en casa con nosotros!", comenta un señor que acaba de comprar varias barras de pan.