Tras las huellas del mayor fuego del siglo en Madrid

La Comunidad ha llevado a cabo un millar de actuaciones para recuperar la flora y la fauna tras el gran incendio que el año pasado asoló Cadalso de los Vidrios, Cenicientos y Las Rozas de Puerto Real

Ha pasado un año del mayor incendio forestal que ha sufrido la Comunidad de Madrid en lo que va de siglo. Arrasó más de 2.000 hectáreas de terreno entre las localidades madrileñas de Cadalso de los Vidrios, Cenicientos y Las Rozas de Puerto Real y la toledana Almorox. Una zona que, afortunadamente, se está recuperando «bastante bien». Así lo afirma Dámaso, propietario de una de las fincas pasto de las llamas. «Se ha recuperado bastante, ha sido un año de lluvias. Hay árboles, que si los ves ahora no te lo crees. Eran robles que después del incendio estaban negros y ahora están verdes. Igual los pastos, que este año están enormes. También los pinares públicos se están recuperando, ya están rebrotando». Es la imagen del antes y el después: «Verlo todo calcinado y verlo ahora. Casi dirías que no ha habido incendio».

Unas 250 hectáreas de los terrenos de Dámaso, en Las Rozas de Puerto Real, sufrieron la devastación propia de un incendio tan violento como el que se produjo. «Todos los veranos tengo el corazón en un puño. Cuando lees en las noticias de los ayuntamientos que han sofocado algún conato de incendio te genera mucha inquietud», comenta Dámaso, para quien ya es imborrable la imagen de los árboles quemados, ver el paisaje totalmente negro: «Ves la finca, antes verde y bastante bonita, toda quemada, y se te cae el alma a los pies». Aquel día por la tarde le avisó un amigo de Cadalso del incendio. Cuando logró llegar a su finca, el fuego ya había cruzado la carretera que conduce a Cenicientos y había penetrado en la sierra. «Hacía mucho calor, la tierra estaba muy seca y el viento soplaba con fuerza. Pararlo era prácticamente imposible. Además, ya estaba la noche encima y los medios aéreos no podían actuar», recuerda.

El fuego afectó no sólo a la zona de arbolado de pinos y encinas, también a viñedos y mucho prado, una zona ganadera. Pero además de las pérdidas por la actividad primaria de cultivos y ganadería, se vio perjudicada en cuanto a la actividad turística. «La gente no quiere pasar el fin de semana en una zona en la que está todo quemado. La gente de aquí lo ha sufrido bastante», explica. Aún le viene a la mente una imagen de la terrible dimensión del incendio y de sus consecuencias: «Cuando volvíamos a casa después de estar haciendo trabajos en la recuperación de las tomas de agua, llegábamos negros de la cantidad de cenizas que había».

La finca, que en un tiempo estaba dedicada a la ganadería y, hoy por hoy, a la selvicultura y a la apicultura, va recuperándose poco a poco con la ayuda de la Comunidad de Madrid. Y es que el Gobierno regional está realizando trabajos de restauración en 19 terrenos de particulares que se han visto afectados por el incendio de Cadalso en el marco de la declaración de la Zona de Actuación Urgente (ZAU), con una inversión de 1.037.770,74 euros. Gracias a esa cantidad se pretende seguir recuperando este paraje, que cuenta con un gran valor natural al encontrarse dentro de los espacios protegidos por la Red Natura 2000: Zona de Especial Conservación «Cuencas de los ríos Alberche y Cofio» y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) «Encinares del río Alberche y río Cofio».

La recuperación del entorno se está haciendo de manera transversal y, en este caso, según informa el Gobierno regional, a través de la Consejería de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio y Sostenibilidad ya se han realizado labores sobre la vegetación en lo que se refiere a la reforestación y restauración de la cubierta vegetal en el monte público. Aunque en su gran mayoría se está repoblando de manera natural.

También se ha actuado sobre el suelo, frente a la erosión del mismo, con el objetivo de evitar su pérdida. Estas actuaciones «son muy de agradecer a la Comunidad de Madrid por la importancia que tienen para la zona», afirma Dámaso. «Las labores de limpia y retirada de ejemplares quemados y el saneamiento de matorrales evitan las plagas, como la del escarabajo del pino, que se reproduce en los árboles muertos y luego se extiende a los pinos sanos. Son trabajos muy costosos que requieren maquinaria, algo que para los particulares es prácticamente imposible asumir», detalla. Y es que también se están impulsado actuaciones para reducir el riesgo de propagación de plagas y enfermedades forestales y de riesgo de erosión del suelo. Además, se han realizado trabajos sobre las infraestructuras, ya que se han acometido labores para la reparación de accesos y caminos dañados.

La Comunidad también está adecuando las zonas de refugio, agua y alimentación de la fauna silvestre y protegida. Así, entre las más de un millar de actuaciones de revisión, limpieza y adecuación del terreno forestal, se ha actuado en el suministro de alimento y agua a la fauna. Se han repartido de manera estratégica por los terrenos afectados más de 20.000 kilos de cereales (avena en rama, alfalfa, maíz, trigo y al mineral) y 9.000 litros de agua en 42 comederos y 20 bebederos de hormigón con el objetivo de garantizar la vuelta de la fauna autóctona.

Además, los técnicos de Medio Ambiente colocaron dos cámaras de infrarrojos para capturar imágenes de los animales que habitaban en la zona y corroborar que volvían a instalarse allí. Entre otras labores, también se han limpiado de cenizas las charcas que son utilizadas por anfibios y reptiles para su reproducción.

La naturaleza se abre camino

La regeneración puede comprobarse por la presencia natural de pino resinero, en ambos montes, procedente del banco de semillas del mismo. También se constata gracias al nacimiento de plántulas de pinos piñoneros en el monte de Cenicientos, consecuencia de la siembra de piñón y acolchado de paja. Y, de manera más patente, por el vigoroso crecimiento de las cepas de las especies rebrotadoras presentes en los montes: castaño, quejigo, alcornoque, rebollo, cerezo, arce de Montpellier (las especies citadas, en particular en el monte de Cenicientos), encina, entre las especies arbóreas, y cornicabra y olivilla, principalmente, entre las arbustivas.