Sueños y pasiones que nunca caducan

Bárbara Lluch estrena una de las piezas más sorprendentes de Shakespeare

Cuando a Bárbara Lluch le propusieron dirigir una pieza con la Joven CNTC, «Sueño de una noche de verano» fue la primera y única obra que se le vino a la cabeza, «porque al ser todos jóvenes, los actores interpretan la edad que tienen y se puede subrayar todo lo positivo que poseen, energía, espontaneidad, frescura, por eso pensé que era la obra perfecta para ellos», señala la directora de esta obra de Shakespeare que se estrena el 1 de octubre en el Teatro de la Comedia. Su relación con ella viene de largo, «desde que mi tía estuvo en “Dream”, la adaptación de Lindsay Kemp. Yo tenía unos 4 años y me enamoré de la obra, tanto que me invitó a dar con ellos clases de danza y cuando se rodó la película, Bimba Bosé y yo éramos dos hadas del bosque».

El «Sueño de una noche de verano» es, quizá, una de las obras más sorprendentes y extrañas de William Shakespeare, escrita alrededor de 1595, cuando el genio apenas contaba 21 años. Estructurada de en cinco actos, la obra transcurre en la Grecia clásica, cerca de Atenas. Hermia y Lisandro se aman, pero como el padre de ella quiere casarla con Demetrio, deciden escaparse al bosque. El asunto se complica cuando Helena, amiga de Hermia, le revela la verdad a Demetrio –de quien está enamorada–, con la intención de ganarse su amor. Demetrio sale en busca de los enamorados y Helena decide seguirlo. En el bosque, los cuatro jóvenes coinciden con un grupo teatral contratado para amenizar las bodas de Teseo, duque de Atenas, con Hipólita. Allí, magia, sueño y realidad se mezclan en un maravillo y onírico escenario porque es el hogar de Titania y Oberón, reina y rey de la hadas. Puck, travieso duendecillo a las órdenes de Oberón, provoca toda clase de equívocos amorosos y siembra el caos cuando provisto de una flor mágica pretende que Demetrio se enamore de Helena.Para Lluch, detrás de su aparente sencillez hay una obra muy compleja, más de lo que parece. «Puede parecer una comedia ligera para pasar el rato, pero cuanto más la estudio y ahondo en sus personajes, más capas le encuentro y descubro que tiene más peso y fuerza de lo que parecía. Shakespeare profundiza en las relaciones, en el amor, en los sueños, en el azar, en que no se puede planear nada porque nunca se sabe lo que nos espera. En esta vida tenemos muy pocas cosas bajo control, a veces ni los sentimientos y estos personajes controlan muy poco», afirma. Como todos los genios, el bardo ahonda en el ser humano y sus pasiones, por eso es siempre actual, siempre relevante. Sus personajes están movidos por el amor y el desamor –motor de todo–, por celos, miedos, venganza, orgullo, traición, inocencia, dudas y todos son un poco muñecos del destino o de la suerte, igual que todos nosotros. Lo que más me conmueve de ella –continúa la directora- es la humanidad y vulnerabilidad de sus personajes. Nada es lo que parece. Ninguno somos lo que aparentamos. Y lo que más sorprende –afirma– es que tan joven pudiese crear una obra tan madura y con cierta crítica social».

Ante su manifiesta actualidad, la intención Lluch es traer la puesta en escena al presente «porque, tanto la obra como la estupenda adaptación de Carolina África permiten hacer una transposición en el tiempo que ayuda al público a sentirse identificado. Vestirnos con vaqueros y camisetas y hablar de manera más cercana facilita la comunicación entre texto y espectador. Creo que de lo que se trata de entenderlo, de que nos dé un toque de atención y, con un poco de suerte, no haga pensar», concluye.