¿Está Largo Caballero a un paso de dejar Madrid?

Vox pedirá hoy en el Pleno de Cibeles la retirada de su estatua en Nuevos Ministerios. PP y Cs añadirán una enmienda

Francisco Largo Caballero. Sus biógrafos solo coinciden en lo esencial: político marxista, dirigente del PSOE y presidente del Consejo de Ministros en la Segunda República ya comenzada la Guerra Civil. A partir de ahí, comienzan las desavenencias. Para unos, un hombre leal al Gobierno legítimamente elegido, un luchador de los derechos de los trabajadores y un represaliado del nazismo; para otros, el principal responsable de la radicalización de la República e inspirador de los asesinatos que tuvieron como consecuencia el golpe militar. Sea como fuere, su efigie es vista a diario por miles de personas que cruzan la Castellana. Así ha sido desde 1985, cuando el Gobierno de Felipe González encargó en su honor una enorme estatua de bronce. Sin embargo, podría tener los días contados.

Hoy se dirimirá su destino en el Pleno de Cibeles. Concretamente, en el punto 49 del orden del día. Vox no pedirá solo la retirada de la estatua; también que se elimine el nombre de la calle Francisco Largo Caballero, en La Almudena, y la placa que le alude en la Plaza de Chamberí. Del mismo modo, solicitará que corra la misma suerte Indalecio Prieto, ministro de Largo, y que, además de acompañarle con una estatua similar en Nuevos Ministerios, da nombre a una calle de Valdebernardo.

En su argumentación, el partido liderado en la capital por Javier Ortega Smith, sostendrá que la retirada responde al cumplimiento de la Resolución del Parlamento Europeo de septiembre de 2019, que condena a los regímenes totalitarios y a sus representantes por su ataque a la libertad, al progreso y al fundamento de nuestro sistema: la democracia.

Lo cierto es que PP y Cs podrían votar a favor de la proposición de Vox. De hecho, ambos partidos añadirán una enmienda conjunta: en lugar de la referencia al Parlamento Europeo, deberá decir que la retirada de estos homenajes se debe producir en cumplimiento de la ley 52/2007. Es decir, la ley de memoria histórica, que, una vez más, tendrá en Madrid una nueva –y seguro que no última– batalla.