Mónica García, la anestesista "macarra” de Más Madrid que dispara al Gobierno de Ayuso

La duda de muchos diputados ahora es cómo puede ejercer su profesión con “artrosis” en el pulgar

Pasó prácticamente desapercibida en la anterior legislatura en la Asamblea de Madrid como diputada, cuando entonces militaba en las filas de Podemos. Pero dio el salto a Más Madrid y lo hizo con tanto impulso que ahora está ya al frente de la dirección regional del partido de Errejón. Y está llamada a tener un mayor protagonismo y visibilidad política. No sólo porque se ha convertido ya en una habitual de las tertulias y una voz autorizada en Más Madrid en materia sanitaria por su profesión de médico anestesista en el Hospital Doce de Octubre ahora con la Covid, sino por que el supuesto gesto de “disparo” a la bancada popular de la Asamblea cuando hablaba el consejero de Hacienda, Javier Fernández Lasquetty, al que le profesa especial aversión, la ha puesto en el foco informativo.

Tiene tirón y enganche en Más Madrid y cuentan en los círculos políticos que los mismos militantes del partido errejonista ya han advertido al portavoz de Más Madrid en la Asamblea, Pablo Gómez Perpinyà, de que le está empezando a desplazar y a “comer la tostada”. De hecho, en el debate del Estado de la Región ambos se repartieron el tiempo del intervención correspondiente al grupo parlamentario.

Aunque hasta ahora no tenía un perfil alto en cuanto a visibilidad política, sí que tiene fama de hacer intervenciones broncas. Por eso, en los círculos políticos se la considera “la macarra de Más Madrid”. Su principal defecto es que, aunque pueda defender unos argumentos cargados de razón, la pierden las formas hasta el punto de ser faltona, como se le reprochó ayer al simular el disparo a la bancada popular por la que la que el Grupo Popular ha pedido que se la sancione. Y eso que ella justificó su pulgar levantado que, en lugar de ser un dedo acusador aparentó ser una pistola, con el argumento de que tiene “artritis”. Quienes la conocen justifican incluso que detrás de ese discurso agresivo está su inseguridad para hablar en público.

Quien no es santo de su devoción es el consejero de Hacienda, Javier Fernández-Lasquetty, con quien ayer se despachó a gusto en la Asamblea. Sus peores momentos los tuvieron cuando ella encabezaba las protestas de la Marea Blanca para evitar la privatización de la sanidad cuando Lasquetty estaba precisamente al frente de la Consejería de Sanidad. Ella fue precisamente la que alentó la protesta entre los sindicatos cuando se amplió la jornada a los empleados públicos de 35 a 37,5 horas.

Pero su perfil bronco en público, nada tiene que ver en el trato personal. “Es otra persona, es una mujer dulce y agradable”, cuentan. Ahora, lo que muchos diputados se preguntan en la Asamblea es cómo puede ejercer de anestesista si tiene artritis en el pulgar.