La Joy Eslava medita su futuro post coronavirus: un año de reforma para reinventarse

A punto de cumplir los cuarenta años, esta mítica sala ampliará su oferta con cenas y espectáculos sin renunciar a su esencia de centro neurálgico de la noche madrileña

El Teatro Joy Eslava, en Madrid.Ricardo RubioEuropa Press

Como si la pandemia trajera consigo una maldición contra algunos de los iconos más reconocibles de la ciudad, nos hemos acostumbrado en estos meses a un goteo de malas noticias. De despedidas. Algunas definitivas, otras a medias o, simplemente, un «hasta la vista» con final incierto. Cerró el Museo del Jamón de la Puerta del Sol, huérfano de turistas. Lo hizo la semana pasada el restaurante Zalacaín, en cuyas mesas los poderosos de verdad –que no siempre coinciden con los que deberían ser poderosos– han tomado decisiones trascendentales para el país. Y ayer supimos que la mítica sala Joy Eslava ha decidido parar, tomarse un tiempo y pensar qué quiere ser de mayor. A qué dedicará sus instalaciones en la era post coronavirus. Cuando la rutina de la vieja normalidad destierre esa distancia de dos metros que, de quedarse para siempre entre nosotros, imposibilitaría cualquier futuro para la Joy.

Esta sala ilumina la ciudad desde hace casi 40 años. La fecha de apertura es fácil de recordar. Apenas 24 horas después del intento de golpe de Estado de febrero de 1981 en el Congreso. Mientras Tejero amenazaba la democracia en el Parlamento pistola en mano, a 850 metros en línea recta se daban los últimos retoques al espacio que el actor Luis Escobar concibió como el nuevo punto neurálgico de la noche en Madrid. Esta visión logró plasmarla de forma efectiva. Se hizo realidad al transformarse en lugar de peregrinaje para la gente bien de la economía capitalina y, al tiempo, en estación de paso para rostros reconocibles de la movida madrileña. Ahora, una pandemia que ha zarandeado al mundo la ha sorprendido en plena crisis de los cuarenta, tras haber soportado sobre sus tablas el baile de millones de personas de los cinco continentes. Y sentará la cabeza, mediante una reforma que transformará su modelo de negocio, con más cabida para la restauración, pero sin dejar de lado el show. Se ha tomado un año, que no será sabático sino de reforma y de repensarse. Y si, tras esos doce meses, la vacuna ya es una realidad, seguirá iluminándonos.