Padre Ángel: “El mundo de hoy es mejor que el de ayer”

Cuarta jornada mundial de los pobres en la iglesia de San Antón de Madrid

Tiempos de necesidad. Tiempos de solidaridad. El padre Ángel ha protagonizado este sábado la celebración de la cuarta jornada mundial de los pobres en la iglesia de San Antón, donde se han repartido desayunos, y ha destacado que “se ha incrementado la pobreza, la pobreza infantil, la soledad, pero también se ha incrementado la solidaridad”.

El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, también ha acudido a esta iglesia madrileña, donde se exhibe una exposición fotográfica sobre personas sin hogar y ha participado en el reparto de desayunos “junto a políticos, voluntarios, médicos y trabajadores, unos a compartir y otros a poder tomar un poco café caliente”, ha dicho el padre Ángel.

“Hoy ha sido un día más en los que podemos decir que vivimos en una sociedad donde hay solidaridad”, según el fundador de Mensajeros de la Paz que se ha mostrado convencido de que, pese a todo, “el mundo de hoy es mejor que el de hace muchos años” y también será mejor el que “vamos a dejar a nuestros nietos”, porque “vamos a ir mejorando el mundo”.

A su juicio, no hay que “negar la realidad, que nos ha dejado tristes, rotos, pero con la esperanza de que, guardando todas las normas vamos a salir, sin duda alguna” de esta crisis actual, en que “se ha incrementado la pobreza, la pobreza infantil, la soledad, pero también se ha incrementado la solidaridad”.

Aunque hay mucha más hambre que antes de la pandemia, también hay “más oenegés, asociaciones de vecinos y trabajadores que dan mucho de comer. Podemos hacerlo porque nos dan para dar de comer y esta es la otra cara de esta sociedad nuestra”, añadió el padre Ángel.

Según el padre Ángel, a las colas de alimentos “siguen viniendo los mismos y más gente”, personas que han tenido un pequeño negocio, comerciantes, y ha recordado “cada uno de nosotros podemos estar en esta situación”.

Por otra parte, uno de los voluntarios que acudió al reparto ha llamado a “devolver la confianza, la esperanza y un cierto optimismo”, por que hay que “dejar el pesimismo para tiempos mejores”.

Tras manifestar que “la miseria es la pobreza sin esperanza”, este voluntario que acude anualmente en estas fechas ha sostenido que las instituciones democráticas “no pueden delegar esta labor en las entidades religiosas y las oenegés”, y que la iniciativa positiva del Ingreso Mínimo Vital debe llevar incorporado “un compromiso serio” de que los más vulnerables puedan encontrar trabajo.