Madrid, frente a la Unesco: ¿cuáles son sus bazas?

A finales de julio se conocerá si el «Paisaje de la Luz» pasa a ser Patrimonio Mundial

Paseo del Prado y Recoletos
Paseo del Prado y RecoletosDavid Jar

Entre el 23 y el 25 de julio. Estas son las fechas en las que conoceremos si, por primera vez, Madrid puede presumir de contar con un espacio Patrimonio Mundial de la Unesco. Concretamente, en la categoría de «Paisaje de las Artes y las Ciencias». El Paseo del Prado y El Buen Retiro conforman ese «Paisaje de la Luz», apuesta del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, junto al Ministerio de Cultura. Precisamente ayer, la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, recibió en la Real Casa de Correos al embajador permanente de España ante la Unesco, Juan Andrés Perelló, para respaldar la candidatura. Ahora bien, ¿cuáles son las posibilidades de Madrid para hacerse con esta distinción?

A favor

Mónica Luengo, historiadora del Arte y arquitecto-paisajista, ha coordinado el expediente de la candidatura, de unas 1.500 páginas y que ha sido posible gracias «al trabajo fabuloso de técnicos del Ayuntamiento y consultores externos», afirma a LA RAZÓN. Entre los puntos fuertes, Luengo señala la singularidad del conjunto. «En la lista de la Unesco encontramos jardines y parques relacionados con palacios, como puede ser Versalles. Pero Madrid sería la primera candidatura en presentar un paisaje urbano, resultado tanto de elementos naturales como de la mano del hombre», explica. De hecho, el Paseo del Prado «es el primer paseo arboledo y el primer espacio verde dentro de una capital europea». Desde su origen en el siglo XVI, y, posteriormente, con la llegada de Carlos III, todo el entorno pasó a ser un área «para disfrutar del ocio y de un ambiente natural dentro de la ciudad». Así, la zona se vio progresivamente enriquecida, sumando los jardines del Retiro, el Jardín Botánico, el Real Observatorio Astronómico, el Museo del Prado... Todo a la luz del espíritu de la ilustración, que buscaba «universalizar el conocimiento, uniéndolo con el ocio y el deleite». En resumen, que la gente pudiera pasear, en una gran zona verde y, a su vez, aprender».

Un concepto este último que se vería reforzado con el establecimiento de otras salas como el Reina Sofía o el Thyssen-Bornemisza. Y es que, con la excepción de la Isla de los Museos de Berlín, no hay otra ciudad europea que albergue tantas pinacotecas, y de esa envergadura y calidad arquitectónica, en tan poco espacio.

Dentro de este intercambio cultural, señala Luengo, hay que sumar un factor más: el nexo del Paseo del Prado con Latinoamérica. Paises como Perú, México o Cuba, antiguos virreinatos, incorporaron alamedas similares en sus territorios.

En contra

Toda esta riqueza y diversidad puede suponer, a su vez, una pequeña desventaja. El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), organización asociada con la Unesco y encargada de evaluar las candidaturas, se ha referido a la complejidad de la propuesta. De hecho, han sugerido la posibilidad de presentar únicamente el Paseo del Prado, olvidándose del resto del entorno. En todo caso, Madrid lo descarta. «Es mucho más fácil juzgar algo más sencillo. Pero, ¿cómo se puede separar el Retiro del Paseo del Prado o del Botánico? Es una historia común y con una dimensión universal», afirma Luengo.

La contaminación es otro de los inconvenientes señalados por Icomos. No solo por el tránsito de vehículos privados, sino por la celebración de eventos multitudinarios, como puede ser la Feria del Libro. También han llamado la atención en lo que respecta a la protección de algunos edificios incluidos en el paisaje. Y es que, como explica Luengo, en algunos casos, existen expedientes de declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) que llevan esperando 30 años en ser incoados, si bien eso no significa que esos inmuebles estén desprotegidos. De ahí que se tengan que incluir nuevos límites en el entorno candidato.

¿Qué supondría para la ciudad de Madrid contar con un espacio Patrimonio Mundial? Primero, sería «un sello de calidad, por el cual el Estado se compromete a llevar a cabo una gestión integral, teniendo en cuenta sus valores y protegiéndolo para generaciones futuras». Sin olvidar que hay estudios económicos que demuestran «la repercusión que una declaración de Patrimonio Mundial tiene para la ciudad en lo que respecta a sus ingresos, con un aumento del turismo».

En resumen, Luengo opina que, si bien es un «partido complicado», Madrid cuenta con sus posibilidades. Sin olvidar que otras ciudades hoy Patrimonio de la Humanidad, como Úbeda y Baeza, tardaron más de diez años en obtener este reconocimiento.