Los fans de «La casa de papel»: listos para el atraco final en Madrid

Los aficionados a la serie del Profesor y su banda reciben con ganas la quinta y última termporada, que se ha rodado en la capital

Fans de «La casa de papel» posan en algunas de las localizaciones de la serie en Madrid.
Fans de «La casa de papel» posan en algunas de las localizaciones de la serie en Madrid.Jesús G. FeriaCristina Bejarano

Si es cierto que Madrid es España, Madrid es sol todo el año y siesta a diario, vermús antes de comer y cañas después de cenar, taconeos de tablao y juergas de discoteca, es, incluso, amores en la playa a la luz de una hoguera. Porque eso es lo que significa España allende las fronteras, o eso es lo que significaba hasta que Internet y sus dinámicas vino a romper con ellas. «Las plataformas de películas y series en línea han ampliado el acceso a este contenido que es capaz de generar una nueva percepción sobre los espacios geográficos en los que se rueda y de crear un imaginario en torno a ellos, así como en torno a la cultura y a la forma de vida que los envuelve», explica sobre el poder de una buena producción audiovisual Alicia Orea, doctora en Turismo y en Geografía y profesora en la URJC.

Que Madrid es la ciudad española en la que más reverbera aquello de «¡Silencio, se rueda!», y eso sin contar las veces que se escucha en el resto de localidades de la región, lo que la ha convertido en destino de vacaciones de audiencias: «El turismo ligado a las series es un tipo de turismo cultural vinculado a la identidad del territorio, un turismo que ofrece una visión diferente de las ciudades, saliéndose de los enclaves más visitados y las actividades más normalizadas para establecer conexiones con otros lugares que son reinventados», continúa exponiendo la experta.

Así, donde antes solo había fiesta y sangría, ahora hay escenarios de atracos para la historia, de la misma manera que, donde antes cualquiera veía el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ahora más de uno y más de una ven una Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT) que, en realidad, está a tres kilómetros de allí. Esto, asegura la profesora, solo puede conseguirlo un enredo con el gancho del drama creado por Álex Pina que ostenta el título de serie de habla no inglesa más vista de Netflix con más de 65 millones de espectadores repartidos por todo el mundo al arranque de su cuarta parte en 2020: «La casa de papel», que acaba de estrenar su quinta y última temporada, cuya segunda entrega llegará el 3 de diciembre de 2021.

Y esto lo saben sus fans y todos los madrileños y madrileñas, que han visto como el color rojo y las máscaras de Dalí vuelven a hacerse con la capital para transformarla en un universo de ficción digno de visitar.

Irene (24 años) posa en el número 33 de la calle Miguel Yuste, en la que sería la puerta del almacén del Profesor. FOTO: Cristina Bejarano La Razón

¿Cómo si no el portón desconchado de un edificio cualquiera entre talleres de coches podría despertar el interés de nadie dispuesto a desplazarse hasta allí para contemplarlo? «Se supone que esta es la puerta al cerebro de la trama, un lugar secreto en el que suceden todas las cosas importantes de la serie, donde se planean las estrategias y se organizan los atracos», describe el emplazamiento Irene, una joven seguidora de «La casa de papel» que no puede ocultar su predilección por el personaje del Profesor. Opositora en Educación Primaria e Infantil, esta madrileña de 24 años dice haber aprovechado algún que otro viaje para hacer turismo de series, como cuando salió a la caza de localizaciones del rodaje de «Juego de tronos» en Irlanda. Ahora, sin embargo, lo hace sin alejarse demasiado de su barrio, Canillas, desde el que ha tomado un autobús para llegar a la calle Miguel Yuste y seguir las pistas hasta el almacén del líder de los asaltantes en esta aventura.

«¡Es justo ahí, en el número 33! Yo vi en directo cómo grababan el último capítulo de la cuarta temporada, es más, pusieron aquí mismo el catering», señala con entusiasmo un guardia de seguridad de la zona que, sin duda, entiende la referencia de la pajarita de papel que lleva en la mano Irene. Y a estas horas, ella, que sigue la serie desde el principio en solitario, estará ya compartiendo con sus amigas impresiones de la continuación de esa escena que se desenvolvió en el punto exacto en el que posa orgullosa.

Endika y Oihane (27 años), posan en la azotea del Círculo de Bellas Artes, desde la que se grabó el dirigible lanzabilletes de la serie. FOTO: Jesús G. Feria La Razon

Pero el poder de una producción como «La casa de papel» sobre el terreno que la vio nacer va mucho más allá, que hasta los forasteros como Oihane y Endika son ahora embajadores de la capital: «Aunque sigue haciéndome especial ilusión cuando se trata del País Vasco, me gusta reconocer lugares de Madrid cuando veo una serie, como pasa con esta», afirma él, que lleva un año viviendo fuera de Álava. Su novia dejó Guipúzcoa tres años antes y ahora los dos disfrutan de uno de los horizontes más bellos de la ciudad desde la azotea del Círculo de Bellas Artes, vistas capturadas por el rodaje de la tercera temporada al paso del dirigible responsable de la lluvia de billetes de 50 euros sobre Callao.

A sus 27 años, los dos se dedican profesionalmente al diseño de servicios y dicen no ser turistas de series…por el momento, porque les encantaría ir a Nueva Zelanda y ver en primera persona las localizaciones de «Juego de tronos». Mientras, los dos fans de Nairobi, que en palabras de Oihane es «una mujer fuerte y empoderada que mantiene la cabeza fría en situaciones complicadas y cuida de la gente que le importa», esto de subirse a las alturas de Madrid puede que se le parezca un poco y, a juzgar por sus sonrisas, ha merecido la pena.

Eva (57 años) y Marcor (23 años) posan frente al Ministerio de Fomento, el Banco de España en «La casa de papel». FOTO: Jesús G. Feria La Razon

Como les ha merecido la pena a Eva y a Marcos el confinamiento y las tardes de tele y sofá si con eso han encontrado una motivación más para pasar tiempo de calidad juntos, por qué no, siendo de pronto turistas en su propia ciudad. «Estamos acostumbrados a ver producciones de otros países, por eso, al reconocer un edificio, un tipo de señalización de tráfico o un coche de Policía, uno se siente más cercano a esa ficción», explica el estudiante de Arquitectura de 23 años, que es el responsable de que su madre se haya enganchado a «La casa de papel», serie que a él le recomendó un compañero de intercambio que la veía para aprender español.

«De la última temporada espero un desenlace feliz, que los atracadores ganen y logren su objetivo como la especie de Robin Hood que son», lanza Eva, una informática prejubilada de 57 años, mientras rastrea el encuadre exacto de la fachada del Ministerio de Fomento que en la serie de éxito simula ser el Banco de España, la reserva de oro como el que, quién les iba a decir a ellos, Eva y Marcos han reproducido en papel pluma antes de acercarse allí donde la serie pondrá punto y final a su historia con esta quinta parte recién estrenada.

Esto que mueve a Irene, como a Oihane y a Endika o a Eva y a Marcos, podría ser la clave para combatir la estacionalidad del turismo español, y hacerlo empezando por Madrid: «Tenemos la oportunidad de proponer un modelo turístico cultural y sostenible y abandonar el basado hasta ahora en el sol y la playa, garantizando así la recepción de visitantes en cualquier época del año», insiste la profesora Alicia Orea, que concluye: «Desde el punto de vista de la creación de rutas turísticas, esto supone una ventaja, ya que empuja a innovar y a que las empresas vinculadas al sector sean más creativas a la hora de planear sus contenidos conforme avanzan las temporadas de las series, es decir, que el trabajo de guía turístico se vuelve más dinámico y la experiencia ofrecida se aleja de lo tradicional».

Así que, venga el otoño y el invierno, la lluvia y el frío, y que empiece el espectáculo, que el escenario de Madrid está más que listo para recibir a su público más seriéfilo.