Una herida abierta en el Ateneo de Madrid: ¿por qué sus asambleas son batallas campales?

Las asambleas en la institución bicentenaria se han recrudecido en los últimos meses: por un lado, la nueva junta del Grupo 1820; en frente, los ateneístas que les acusan de secuestrar el centro

Presentación del grupo 1820 en el Ateneo de Madrid
Presentación del grupo 1820 en el Ateneo de Madrid FOTO: Jesús G. Feria La Razon

Enfrentamientos, interrupciones, cruce de acusaciones, gritos, algún exabrupto y, por qué no decirlo, mucha «bronca». De un tiempo a esta parte, las asambleas del Ateneo de Madrid, emblemática institución que ya ha cumplido dos siglos de historia, se han convertido en auténticas batallas, quizá no intelectuales como antaño, pero sí en las que chocan dos posturas difícilmente reconciliables. Por un lado, la actual junta directiva, elegida en las elecciones celebradas el pasado mayo, y conformada por el Grupo 1820; por otro, los ateneístas agrupados en el bando Defensa del Reglamento, descontentos con el rumbo que ha tomado la institución en los últimos meses. ¿Qué es lo que les separa?

«Todo sería más fácil si estas personas contribuyeran al buen funcionamiento del Ateneo y no estuvieran empeñados en destruirlo», afirma a LA RAZÓN Luis Arroyo, sociólogo, asesor de comunicación política y, actualmente, presidente del Ateneo. En su opinión, la reacción de la actual oposición, formada por «grupúsculos pequeñísimos de socios» que utilizaban la institución «como casa de esparcimiento personal y nada más», responde a que «han perdido el control del Ateneo». Porque, frente a las críticas, Arroyo defiende su gestión: «Empezamos esta aventura hace dos años para devolver la luz a una institución de la que fueron miembros todos los Nobel españoles. Nos habían dejado una casa degradada, mediocre, con una enorme crisis económica y de gobernanza. Ahora, hemos traído dinero privado, hemos vuelto a abrir la cantina, que estuvo cerrada tres años por un litigio absurdo con el concesionario, hemos nombrado a un gerente para que dirija el día a día del Ateneo... En las asambleas ahora ves 140 personas, y no las 20 o 30 que acudían antes. Sin embargo, para esta gente, todo está mal».

Algunos de los logros de los que se enorgullece Luis Arroyo constituyen, precisamente, varias de las críticas de los ateneístas de Defensa del Reglamento. Uno de ellos, Francisco Alonso, presidente de la Liga Pro-Derechos Humanos de España, ha publicado algunos artículos en este periódico al respecto. Uno de los últimos, titulado «¿OPA al Ateneo de Madrid?»

«Se trata de un proyecto de laboratorio, perfectamente organizado, y que representa el ala más dura del capitalismo del grupo Prisa», afirma Francisco Alonso a LA RAZÓN. Y es que, desde Defensa del Reglamento, señalan a la mujer de Luis Arroyo, Pepita Marín, vocal del Consejo de Administración de Prisa y ahora en la junta directiva del Ateneo, como nexo de unión con el grupo de comunicación. «Cuando tengan un número suficiente de miembros, el Ateneo pasará de ser un centro cultural a uno comercial. Su proyecto, desde el principio, está destinado a sus fines privados», añade.

En opinión de Alonso, la multitudinaria presencia de personas en las asambleas se debe al desembarco de personas «que llevan menos de un año de socios. Estudiaron la situación durante unos meses, vieron que a las asambleas no iban más de treinta personas, y, ahora, se sitúan en puntos estratégicos del salón de actos, para que parezca que lo ocupan entero. En el momento en que se acaban las votaciones, se levantan y se van. Son votos obligados a ir. Votos ‘’ovejunos’', que suponen la antesala de las dictadura», asegura Alonso. De hecho, en ese sentido, afirma que los nuevos socios jóvenes conforman un «ejército» para amedrentar a los más mayores. Entre otros efectos colaterales, nombra la «difamación constante» y el «acoso psicológico» a algunos de los socios.

Dichas asambleas son, según su criterio, «nulas de pleno derecho», en las que se «violan los estatutos y se ríen del reglamento». Por ejemplo, recuerda, en una de ellas solo se contabilizaron los votos afirmativos y negativos, no las abstenciones. «En los últimos 75 años nunca he visto un comportamiento tan organizado para apoderarse de una institución de forma tan dictatorial, menospreciando a los socios. Quieren destrozar la historia del Ateneo para contarla según su visión».

Por su parte, Luis Arroyo niega cualquier ápice de sectarismo en su junta. «Ahora dicen que Prisa, pero antes afirmaban que el CNI estaba detrás, debido a que Félix Sanz Roldán (ex director del Centro Nacional de Inteligencia) estaba en la junta. Dicen que que queremos privatizar el Ateneo... ¿cómo vamos a privatizar algo que ya es privado?», se pregunta. Por otro lado, Arroyo defiende que, si por algo se distingue su grupo, es, precisamente, por ser «heterogéneo, con gente de la derecha y de la izquierda, de norte y sur».

En lo que respecta a los enfrentamientos de las asambleas, su visión es muy distinta. Arroyo señala que, recientemente, se celebraron elecciones a las distintas secciones del Ateneo. De un total de 26 secciones, el Grupo 1820 «ganó siete, tenemos presencia en otras siete y, el resto, las ganaron ellos. Perdimos las elecciones por sus estrategias de dilación. Montan follones, las votaciones se aplazan... En algunos casos, las reacciones están siendo muy violentas y desagradables. Se levantan cuatro socios –reaccionarios no, lo siguiente–, arman su follón y no hay forma de callarlos».

La orientación económica es uno de los puntos de fricción. Arroyo recuerda que han heredado una institución con un «agujero económico» de dos millones de euros, con «pérdidas de más de 100.000 euros anuales». Y, frente a eso, han conseguido atraer patrocinadores que, ahora mismo, suponen unos ingresos de medio millón de euros.

Sin embargo, Alonso le reprocha su gestión en lo relativo a la cantina del Ateneo, con cuyo dueño había un contencioso abierto. «Condonó 600.000 euros al dueño, pese a que el Ateneo había ganado el pleito», señala. Además, critica la labor del nuevo gerente, nombrado por la junta, y «por la que está cobrando más de 65.000 euros anuales. Esta persona, que se ha puesto allí su despacho, está creando un ambiente muy problemático en el personal del Ateneo, que trabaja allí desinteresadamente. Desconoce la filosofía del Ateneo».

De acuerdo a Alonso, todas ellas son decisiones «de espaldas al reglamento». Como también lo es el nuevo uso de la biblioteca o de la escalinata, no accesible para los socios pero sí para el ex ministro José Luis Ábalos y Margarita Robles, que, el pasado mes de septiembre, presentaron un libro en la institución.

El próximo 9 de diciembre, a las 19:30 horas, el salón de actos acogerá una nueva asamblea. La cita supondrá una toma de la temperatura que reina ahora mismo en el Ateneo. Y, a tenor de lo expuesto, será mucho menos gélida que la que ahora mismo indican los termómetros.

La biblioteca, en el centro de la polémica

Hablar del Ateneo es también hacerlo de su biblioteca: unos 150.000 títulos de monografías, entre los que destaca una colección de 27.000 folletos. Entre sus estanterías, han caminado miembros de la generación del 98 y del 27. La intención de la nueva junta directiva era darle una nueva vida a este espacio, lo que incluye la celebración de tertulias y talleres. Sin embargo, algunos socios critican el hecho de que, ahora, no siempre está disponible para su uso original: el estudio. Y es que, según su visión, estas nuevas funciones de la biblioteca podrían suponer una vulneración de la Ley de Patrimonio. Para los socios contrarios a la nueva junta directiva, el de la biblioteca es un ejemplo más de que «la cultura no se puede rentabilizar desde un punto de vista comercial; solo puede hacerse desde un punto de vista social».