Historia

La puerta más antigua de Madrid

Escondida en la angosta y medieval calle del Codo es vieja entrada de la Torre de los Lujanes

Puerta más antigua de Madrid en la calle del Codo
Puerta más antigua de Madrid en la calle del CodoAyuntamiento de Madridfreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@54c2060e

No hablamos de puertas de entrada a la Villa y Corte. Esas monumentales construcciones como la Puerta de Alcalá o la de Toledo, y tantas otras que los ensanches y ampliaciones de la ciudad, en algunos casos, se llevaron por delante. Nos ocupa una más pequeña y recoleta. Pero cargada de historia. Y obviamente, se oculta en una de las zonas más antiguas de la ciudad, en la Plaza de la Villa.

La “guarda” la escultura de Álvaro de Bazán, uno de los artífices de la victoria de Lepanto y terror de los piratas ingleses y corsarios del Mediterráneo, y se acomoda, si eso fuera posible, en la Calle del Codo. Está en la construcción civil más primitiva de toda la Villa, la Torre de los Lujanes, un edificio el siglo XV mandado levantar por unos comerciantes de origen aragonés. En el lado que da a la calle del Codo se encuentra la puerta que nos ocupa, de acceso robusto e inspiración árabe, tal y como muestras el arco de herradura que exhibe.

La puerta de herradura, de clara inspiración morisca, no desentona con el resto del edificio. El conjunto, de estilo mudéjar tiene esta entrada que nos ocupa y una robusta torre alamborada rematada por una torreta con cubierta a cuatro aguas. La casa, de planta irregular y con un patio central, fue reconstruida, como decíamos, por Juan de Luján en 1494, y en ella residió la familia de los Lujanes llamados de San Salvador, hasta el fallecimiento de María de la Peña de Francia Casimira Luján, IV condesa de Castroponce.

Cabe apuntar que, si bien no hay datos contrastados, la tradición oral y algunos autores, afirman que el rey Francisco I de Francia residió alrededor de un año en la torre, mientras esperaba al acondicionamiento de algunas estancias en el Real Alcázar, durante su cautiverio tras ser capturado en la batalla de Pavía en 1525.

Curiosamente, dado que era uno de los edificios más altos de la capital, probablemente el más alto de los edificios civiles, a principios del siglo XIX se eligió la torre para ubicar una estación del telégrafo óptico de la línea Madrid-Aranjuez. Desde 1858 se convirtió en sede de varias sociedades y entidades, como la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas o la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Azulejo de la calle del Codo
Azulejo de la calle del CodoAyuntamiento de Madridfreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@54c2060e

Una puerta morisca de entrada a un edificio que da importancia a una calle, la del Codo, de singular nombre. Una estrecha vía, de 75 metros, que nos “lleva” al Siglo de Oro. El nombre que recibe se lo otorgó al parecer el marqués de Gabral. La elección de esta denominación se debe al ángulo de 90 grados de la callejuela que simula a un codo. En su placa, hay dibujado un brazo en una armadura medieval con esa posición. Se dice que debido a esta configuración era una calle predilecta para los duelos. Otra curiosidad sobre la calle del Codo es que Francisco de Quevedo, el renombrado escritor del Siglo de Oro de la literatura española, orinaba en esta calle. Tras salir de las tabernas de alrededor, el literario hacía uso de la estrechez y la oscuridad que le brindaba la calle para orinar.

Al respecto, un vecino harto de la situación pintó una cruz en la pared junto a un mensaje: “No se mea donde hay una cruz”. El dramaturgo, muy agudo, le respondió: “No se coloca una cruz donde se mea”.

Así pues, la calle del Codo, con su estrechez y oscuridad, nos parece transportar a un Madrid medieval con espadachines, rufianes y cortesanos.

Baraja de Ayet
Baraja de AyetAyuntamiento de Madridfreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@54c2060e

En 1886, durante unas reformas en las que se demolió un desván, se encontró una de las barajas españolas más antiguas que se conservan, la Baraja de Ayet. Actualmente se conserva en la Real Academia de Historia. Historia y vivencias que tuvieron lugar tras atravesar la que para muchos es la puerta más antigua de Madrid.