El “Árbol de Guernica” que nació en la calle Montera de Madrid

La música del “bardo” Iparraguirre se oyó por primera vez en el café de San Luis, muy cerca de la Puerta del Sol, antes de popularizarse en el País Vasco y los inmigrantes de esa tierra en América

El "bardo" Iparraguirre
El "bardo" Iparraguirre FOTO: Efe

Una de las canciones emblema del nacionalismo vasco fue compuesta en Madrid, donde residía su autor, José María Iparraguirre, allá por el año 1853. Un personaje que fue muchas cosas en la vida, reinventándose en innumerables ocasiones, hasta el fin de sus días.

El cantante, el bardo como fue conocido por muchos, de largas barbas y siempre acompañado de su guitarra, nació en un contexto político singular. La caída del Antiguo Régimen y del absolutismo sumió en una crisis importantísima al País Vasco y a España entera. Un momento político marcado por el carlismo, antecesor del nacionalismo vasco, entre otros en nuestro país. Una de las consecuencias más importantes se reflejó en la lucha entre absolutistas y liberales y en las sucesivas Guerras Carlistas que asolaron el País Vasco. José María Iparraguirre participó en la primera, alistándose con tan solo 13 años.

En aquel momento residía en Madrid, donde acudía al Colegio San Isidro, que dirigían los padres jesuitas. Iparraguirre, años más tarde, reconoció que ese tomar las armas no lo hizo por razones políticas, aunque parece claro que la tendencia carlista de su familia algo tuvo que ver. Lo cierto es que ese perfil ideológico parece obvio, pues llegó a formar parte de la Guardia personal de Don Carlos.

Recuerdo a Iparraguirre y al café de San Luis, en Montera
Recuerdo a Iparraguirre y al café de San Luis, en Montera FOTO: Efe

Tras la contienda había viajado por Francia, donde conoció a una cantante que le enseñó música y a tocar la guitarra. Algo que auspició un cambio radical en su vida. Prosiguió viaje por Europa mientras componía un buen número de canciones, viviendo siempre en una situación de precariedad económica. Una precariedad que ayudo a levantar una leyenda romántica en su derredor.

En el año 1853 regresó a España y se instaló durante un tiempo en Madrid, actuando en el café de San Luis, en la zona de la calle Montera. Precisamente allí estrenaría su célebre «Gernikako Arbola» (El árbol de Guernica) que se convertiría en casi un himno del País Vasco. Iparraguirre había compuesto la letra de la canción, que interpretó acompañado de su ya popular guitarra, y del pianista Juan José Altuna, quien sería el artífice de la música. El indudable éxito alcanzado aquella noche, entre la numerosa colonia vasca de la capital, es recordado aún hoy por una placa sobre la fachada del que fuera café de San Luis, situado en el número 48 de la calle de la Montera.

Cabe apuntar que el zorcico, del euskera «zortziko», significa «octava» (de «zortzi», ocho), pues sus partes constan de ocho compases, es un ritmo típico de baile popular vasco. Así se entiende que la música conectase con el gusto de las gentes, algo que sin duda Iparraguirre buscaba.

Así las cosas, desde aquella lejana noche en el café de San Luis, Iparraguirre volvería al País Vasco en 1854, recorriendo pueblos e interpretando su melodía. Una canción que, al paso de los años, se convirtió, como decíamos, en himno. Tal entusiasmo producía entre la población que incluso fue detenido temiendo que se alterara el orden público. Entonces, el «bardo» marchó a América para regresar, posteriormente, a España y sufrir continuas penalidades debido a su falta de recursos. Una imagen de «maldito», golpeado por el destino, que ayudó a acrecentar la simpatía de muchos. Varios escritores e intelectuales vascos de la época lograron una pensión para él, que poco tiempo pudo disfrutar porque fallecería a los pocos meses.

Una canción que llegó a las Cortes, pues en un elocuente discurso en defensa de los fueros vascongados, que pronunció el antiguo ministro isabelino Pedro de Egaña en el Senado, el 16 de junio de 1864, se dio a conocer la letra de la canción en castellano. Y hasta el carlista andaluz José Suárez de Urbina compuso además una letra de este himno en castellano. Todo desde aquella noche en el café de San Luis.