El rey de Armenia que fue señor de Madrid (I)

«El rey don Juan le envió muchos paños de oro y de seda y muchas joyas y doblas y vajillas de plata y dióle para en toda su vida la Villa de Madrid...» y 150.000 maravedíes

Tumba de León V, en la Basílica de Saint Denis
Tumba de León V, en la Basílica de Saint Denis FOTO: LRZ LRZ

La historia, aunque conocida, no por ello ha de dejar de ser recordada.

Antes de entrar en materia hay que remontarse a finales del siglo XII y contar con unos protagonistas, cuyos nombres nos recuerdan a los de los libros de caballerías y sus cuitas dejan por tierra cualquier novela de intrigas, o rosa: Enrique II de Champagne último rey consorte de Jerusalén por su matrimonio con Isabel –reina de Jerusalén– viuda de Conrado de Monferrato que convirtió la Nueva Armenia en reino independiente (1197). Heredó el reino León II, hermano del príncipe Rupen, coronado por el arzobispo de Maguncia y confirmado por el emperador Enrique VI y por el Papa Celestino III. Si así empezó el reino, no menos complicada es la historia posterior de herencia jurídica de los cruzados y vasallajes de Armenia, o la aparición de unos Juan de Lusiñán, Soldana de Georgia, Guido I, Boemundo y su esposa Phemia, condes de Gorigos y sus historias de asesinatos, secuestros, rescates huidas, acogimientos en Venecia apariciones de genoveses y chipriotas en escena y un maduro León V que a sus 32 años e instigado por el papa Urbano VI regresa a Armenia tras tantos avatares familiares y se corona rey por la fuerza. Sin embargo, depuesto, es confinado en El Cairo, donde no reniega de su fe.

Tumba de León V, en la Basílica de Saint Denis
Tumba de León V, en la Basílica de Saint Denis FOTO: LRZ LRZ

Su fama se extiende por el Mediterráneo y en 1377 dos frailes franciscanos Juan Dardel y Antonio Monópoli llegan a la capital egipcia. El primero logra conectar profundamente con el rey cautivo, que al fin y a la postre le hace su embajador por la cristiandad. Su misión fundamental, conseguir su rescate que el sultán de Babilonia lo cifra en joyas «de las que non había en su tierra, así como paños de escarlatas y falcones gerifaltes» y «otras cosas como estas». Esos datos son riquísimos para abrirnos los ojos de la interacción económica entre unas y otras orillas del Mediterráneo.

El 1 de marzo de 1380 se sabe que Dardel y Monópoli han llegado a Barcelona y unos días después son recibidos por el rey Pedro IV de Aragón. La reina, Sibila de Forciá es chipriota y por las alteraciones aludidas, poco amiga del rey de Armenia. Aragón no le concede más que una galera, inútil en este rescate, salvo si se usara para transporte, como así se hizo.

Así pues, deciden pasar a Castilla. El 18 de octubre de 1380 llegan a Medina del Campo. El rey les recibe, primero en Medina y luego en Salamanca. Mientras se acopian las piezas del rescate. Volvieron a Barcelona, embarcaron en la galera prometida y llegaron a Alejandría el 14 de agosto de 1382. El 30 de septiembre de 1382 León de Armenia fue liberado.

Las fuentes medievales a veces son escasas o parcas en información. De lo que no hay duda es de que León V, se encaminó hacia la Península parando antes en Italia y Francia. Luego, aprovechando que Juan I se casaba en Badajoz, acudió presto a ponerse a su servicio. De ese encuentro dejó jugosas noticias Pedro López de Ayala, canciller de don Juan.

De aquel fraternal encuentro, y como agasajo al rey de Armenia, otro sin tierra, «el rey don Juan le envió muchos paños de oro y de seda y muchas joyas y doblas y vajillas de plata y dióle para en toda su vida la Villa de Madrid, y la de Villarreal y la de Andújar con todos su pechos y derechos y rentas…» y 150.000 maravedíes.

Con estas buenas nuevas, León V decidió hacerse un camino de Santiago. En definitiva, durante los reinados de Juan I (1379-1390) y de Enrique III (1390-1406) hubo una cesión de derechos y rentas de Madrid entre 1383 y 1391 a León V de Armenia que fue señor de la Villa para que con ese dinero se financiara. Concluida la peregrinación, León V determinó volverse a su reino, levantando por el camino una nueva Cruzada. Su viaje por España y Francia, y su envío como embajador extraordinario a Londres, fueron también increíbles.

León V volvería a Castilla, porque cuando Juan I se cayó del caballo y murió, su protegido quiso estar en los funerales en Toledo. Volvió a París. Dictó testamento el 20 de julio de 1392. Murió unos meses después el 29 de noviembre de 1393. Sus restos reposan en su sepulcro en Saint Denis de París: «Aquí yace el muy noble y excelente príncipe León de Lusignan, quinto rey latino del reino de Armenia...».

Alfredo Alvar Ezquerra es profesor de Investigación del CSIC