Madrid: así han reaccionado los vecinos tras conocer que el centro de “menas” de Casa de Campo cerrará este año

Celebran su clausura a partir de noviembre y esperan recuperar al antiguo albergue juvenil

Centro de Menores no acompañados, conocidos como Menas, en la Casa de Campo
Centro de Menores no acompañados, conocidos como Menas, en la Casa de Campo FOTO: Jesus G. Feria La Razón

Ahora sí, parece que la decisión es definitiva. El pasado diciembre, la Comunidad de Madrid anunció el futuro cierre del centro de Primera Acogida de Casa de Campo para menores extranjeros no acompañados (los conocidos como «menas»). Ayer, puso fecha a su clausura: una cuenta atrás de seis meses. Presumiblemente cerrará sus puertas en noviembre, cuando los internos sean realojados en un nuevo espacio en el distrito de Barajas. Así lo avanzó Europa Press, haciéndose eco de las intenciones de la Consejería de Familia, Juventud y Política Social del Ejecutivo madrileño.

De esta forma, el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha tenido en cuenta las numerosas peticiones vecinales de estos últimos tres años. Concretamente, desde la primavera de 2019. Fue entonces, debido a la sobresaturación del centro de Hortaleza, cuando se decidió habilitar la actual institución para acoger a los menores: el albergue juvenil Richard Schirrmann en Batán. Desde su apertura, los vecinos venían denunciando un aumento de la delincuencia en la zona, sobre todo en lo que se refiere a robos con la llamada técnica del «mataleón»: estrangular a la víctima por la espalda, de tal forma que pierda el sentido, y robarle sus pertenencias. A esto hay que sumar numerosas intervenciones policiales en el propio centro, debido a las agresiones a los trabajadores o entre los propios internos.

«Estamos muy contentos. Pero no solo deberíamos estarlo los vecinos de Batan, sino todos los madrileños», afirman a LA RAZÓN desde la Asociación de Vecinos de Casa de Campo Unidos, creada por el hartazgo de los residentes ante la situación. «Creemos que el tiempo nos ha acabado dando la razón: han sido años perdidos para los vecinos y también para los menores. No ha ganado nadie», añaden.

Y es que consideran, por encima de todo, que el lugar no era el adecuado para los internos: una zona con poca iluminación, mucho descampado (con piedras al alcance de la mano), sin apenas vigilancia... «El mejor sitio para educar a estos chicos no era la Casa de Campo. Teníamos la sensación de que, cuando contábamos lo que ocurría, nadie nos creía. Pero era imposible de ocultar. Eran hechos que sucedían a diario. Algunos de ellos muy graves. Los delitos no tienen ni nacionalidad y raza. Lo que importan son las víctimas», argumentan.

La alegría también viene dada porque la Comunidad de Madrid baraja volver a establecer el antiguo albergue juvenil. «Se trataba de un Bien de Interés Cultural (BIC) y, como tal, no se podía abrir, cerrar o reconvertir de la noche a la mañana. El albergue tiene que regresar, recibiendo a ‘’mochileros’' de toda Europa, habilitado para viajes de fin de curso, para actividades con niños con discapacidad, etc.».

En los últimos meses, la situación había mejorado, aunque «cien por cien bien no estábamos. El número de residentes era menor y también de menor edad, pero seguía habiendo problemas. Nosotros mismos veíamos cómo se colaban en el Parque de Atracciones o en la Venta del Batán». Ahora, ya solo les queda esperar. No solo al cierre del centro de menores, sino también a que, en el futuro, «se cuiden mejor los recursos públicos y, si puede ser, arrancar un compromiso de que algo así no puede suceder nunca más».