
El Madrid de
Pils García-Ferrer: "El equilibrio entre emoción y rigor es el hilo que une lo que hacemos”
La arquitecta apuesta por una creatividad con método, capaz de sostenerse en el tiempo

Pils García-Ferrer, arquitecta, interiorista e ilustradora, trabaja para unir orden y emoción, materia y color, intuición y método. Desde su estudio, ubicado en la capital, proyecta viviendas, oficinas, locales y objetos que buscan, según la entrevistada, una estética cálida, contemporánea y profundamente humana.
Su nombre aparece estos días vinculado a la presentación de “Fridge Studio”, la nueva colección de frigoríficos de la marca española Create. Pero su participación no responde a la lógica del embajador publicitario, sino a su especialización en teoría del color y psicología de las emociones, herramientas que aplica de forma transversal en todos sus proyectos. Su mirada, más allá del producto, nos permite entender cómo se transforma la experiencia doméstica cuando el color se concibe como lenguaje.
En conversación con LA RAZÓN, Pils cuenta que el color no es un adorno: es estructura, emoción y herramienta narrativa. “El color tiene la capacidad de cambiar por completo la percepción de un espacio”, afirma. “Aporta emoción, profundidad y ritmo. Cuando un espacio funcional se llena de color, deja de ser solo un lugar de paso y se convierte en una estancia vivida”. La arquitecta defiende una visión en la que la técnica y lo sensorial no son dimensiones opuestas. “Empiezo siempre por cómo quiero que se sienta el espacio: calmado, energético, acogedor, luminoso… y a partir de ahí construyo. La arquitectura me da la estructura, proporciones, recorridos, luz, pero el color es el que termina de ajustar la emoción”, explica. Ese enfoque ha sido central en el taller “El color del hogar”, impartido en el marco de la presentación de la colección Fridge Studio. Para ella, los tonos arena y blancos rotos “envuelven”, el verde sage “genera sensaciones de orden incluso en espacios tan caóticos como las cocinas”, y el negro “evoca estructura”. Más allá de cualquier producto específico, su lectura del color es una invitación a repensar el hogar desde la psicología de la percepción: qué sentimos en cada estancia, qué experiencias construimos, cómo la luz modifica los matices y cómo la identidad personal se deposita en las superficies.

En el universo de Pils, “buscamos siempre reflejar la identidad de cada proyecto, garantizando un equilibrio entre modernidad y atemporalidad”, explica sobre su estudio. “La atención al detalle, la selección de materiales y la armonía visual son aspectos que nos definen y que crean coherencia entre arquitectura, interiorismo y arte”. Ese equilibrio se sostiene, sin embargo, sobre una base metodológica: “A la parte más creativa se suma una forma de trabajar muy estructurada: la excelencia en la gestión de proyectos, la precisión técnica y la transparencia en la planificación económica”, apunta. “La creatividad necesita método para sostenerse en el tiempo. Ese equilibrio entre emoción y rigor es, probablemente, el hilo que une todo lo que hacemos”.
Así, su evolución profesional ha consistido precisamente en comprender que una casa no termina con la obra. “Termina cuando llegan los muebles, las telas, el olor, las rutinas”, afirma. “Por eso quisimos lanzar nuestra segunda línea de decoración: para completar el relato. Entendí que diseñar hoy es diseñar la experiencia de habitar, no solo el continente”.
Madrid, hogar
Pils cuenta que La ciudad ha sido su centro de trabajo, su laboratorio de experimentación y su principal fuente de encuentros. En su manera de concebir los espacios aparece ese Madrid luminoso y contemporáneo, pero también la herencia arquitectónica que la capital atesora, a menudo, lejos de los focos más turísticos. “La Casa Carvajal me parece una de las obras más bellas de la arquitectura española: serena, honesta, perfectamente integrada en la naturaleza”, dice. “El Edificio Girasol, de Coderch, me fascina por cómo introduce la intimidad doméstica en plena ciudad, con una luz y unas proporciones magistrales. Y las Escuelas Pías de San Fernando, en Lavapiés, son un ejemplo precioso de cómo lo contemporáneo puede convivir con la memoria”.
Aunque formarse en arquitectura implica años de cálculo y estudio, Pils reivindica también el papel central de la mirada y el gesto. “Hay decisiones que las tomo con el ojo: mover una moldura, bajar un tono, cambiar una tela por otra más potente”, cuenta. “La intuición se entrena viendo, tocando y trabajando con artesanos. Buscas que el espacio tenga pulso, que no se quede plano. La serenidad viene del orden; la energía, de esos pequeños gestos intuitivos”. Esa intuición está muy presente en su aproximación al color. Cuando le preguntamos cuál sería para ella el “color del hogar”, lo define como un tono cálido entre arena y terracota. “Es un color que acompaña, que deja respirar los materiales... transmite calma sin resultar neutro”. Pero nunca sin contrapunto: “Siempre me gusta introducir un acento que rompe esa serenidad: un rojo inesperado, que aporta energía y carácter. Ese toque imprevisto me parece fundamental”.
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