Libros de segunda mano

Todas las vidas de los libros de Alcaná

La librería que fundó Miguel Díaz en el 2002 ha sido galardonado con el premio «Trip Advisor Travelers’ Choice Awards Best of the Best 2025»

Librería Alcaná
Librería AlcanáDavid JarLa Razón

Miguel Díaz tuvo el nombre de su librería mucho antes de tenerla. Era el deseo de un apasionado la lectura. Y un día leyendo El Quijote, justo al llegar al novelo capítulo, le vino la idea.

—Estando yo un día en el Alcaná de Toledo vino un muchacho a vender un cartapacio a un sedero. Y yo que soy aficionado a leer hasta los papeles rotos de las calles, tomé el cartapacio que el muchacho vendía, recita en alto Díaz.

«Y ahí es donde Cervantes cuenta que venía el manuscrito de El Quijote escrito en caracteres arábigos. Entonces me pareció una palabra tan bonita, tan relacionada con El Quijote, con la venta de libros antiguos, pues que dije: el día que tenga una librería, la llamaré Alcaná. Y así fue», dice Díaz. Fue en 2002 cuando se cumplió su deseo y abrió su negocio de libros de segunda mano. Este mes de julio la Librería Alcaná fue galardonada con el premio «Trip Advisor Travelers’ Choice Awards Best of the Best 2025». Las reseñas de millones de viajeros de la plataforma la situaron entre el 10% más destacado del mundo.

Librería Alcaná
Librería AlcanáDavid JarLa Razón

«He sido mucho de ir al rastro, de ir a la Cuesta de Moyano, a comprar literatura a segunda mano», dice. Sin embargo, Díaz tiene ahora todos los libros que nunca tuvo. Y es que sus , quizá de esa carencia surgió su pasión por libros, aunque no lo tiene claro. «O bien fue la escasez de libros que había en mi casa, que no había libros, porque mis padres son desertores del arado del pueblo, y nunca tuvimos libros, que incluso los del colegio eran heredados. No sé si por ese motivo o porque simplemente me gustaban, no lo sé. Pero sí recuerdo ser muy pequeño, y cuando iba a casa mis abuelos, en frente tenía la biblioteca pública. Y allí me acuerdo que, siendo muy pequeño, me tenía que subir a unos taburetes enormes con unos escritorios inclinados donde leía yo los tebeos».

En 2002 Díaz tenía ya tantos libros en su casa que no sabía que hacer con ellos. «Como ya compraba online también, porque eran los principios de Internet, pues entonces decidí venderlos yo directamente». Al tiempo vio que los libros se iban vendiendo y fue comprando más y más, ya pensando en la venta. Pero llegó un momento en que estos «colonizaron su terraza». Cuando esta se desbordó, pues ya tuve que alquilar un trastero. Cuando el trastero se llenó, tuve que alquilar otro trastero. Y ya con el segundo trastero ya pasé a un local en la calle con 30 metros cuadrados». Hoy cuenta con un catálogo online de 250.000 libros. Y en la tienda hay entre 7.000-8.000, dice Díaz.

Librería Alcaná
Librería AlcanáDavid JarLa Razón

La primera tienda física estuvo en Estrecho. «Pero como nos gustan tanto los libros, seguimos comprando. Y cuando ya nos desbordamos y llenamos los dos locales, pues tuvimos que comprar otro, y luego otro, y luego otro, hasta los cinco que tenemos». Díaz explica que la alternativa sería irse a un polígono industrial, pero que no quieren porque todos son del barrio. Son 18 empleados en total. «Hay que andarse con mucho cuidado para llegar a final de mes y poder seguir reinvirtiendo para seguir creciendo», dice Díaz.

Marcos sale todos los días a la calle a comprar libros a particulares: de gente que se muda y ya no tiene espacio. Después lleva todo el cargamento a alguno de los locales, donde los catalogan. «Todos se fotografían uno a uno. Y se ponen todos los detalles de la descripción».

El cliente es tan variado como su catálogo. «Tenemos estudiantes del colegio de enfrente que viene a buscar “El sí de las niñas” que se lo han pedido en el colegio y lo viene aquí a comprar por un euro. Tenemos señoras y señores que simplemente les gusta la literatura. También estudiantes que buscan libros raros para sus trabajos en clase, para sus tesis doctorales. Y profesores de universidad», explica Díaz. «Al final, con los clientes habituales se llegar a generar como una cierta relación de amistad», dice.

Las ventas, según explica Díaz, se reparten al cincuenta por ciento entre el negocio online y en la tienda. Pero muchos de los que van a la librería lo hacen tras haber visto el libro en la página web.

En Alcaná también hacen encuadernaciones artesanales, aunque todavía no admiten libros de clientes para restaurar, pero sí están pensando en poder hacerlo. «En las formaciones profesionales ahora se estudia encuadernación industrial. Pero la encuadernación artesanal ha desaparecido. Entonces encontrar uno es más complicado», explica Díaz. Por eso tuvieron suerte al encontrar a su trabajadora más reciente: Irene Ortiz, de 27 años. Se formó en la escuela taller de encuadernación del Palacio Real y estudió Historia del Arte. «Me gusta mucho el trabajo manual. A veces te llegan joyas muy chulas», dice. Ahora Ortiz se ha animado y graba vídeos en los que enseña algún proceso de la encuadernación, y también ha realizado algún curso. Las redes sociales las lleva Genesis Vera (Venezuela, 1993). Lleva casi cinco años en España. Alcaná fue su primera y única entrevista.

Se trata de llegar a la gente. Dice Díaz. «Vender libros usados no es solamente generar ventas y empleo. Aparte de eso, llegas a la gente de otra forma. Mucha gente busca un libro desde hace mucho tiempoy lo encuentra aquí».