El teletrabajo ayuda a combatir la polución urbana

Realizar las tareas laborales sin trasladarse a la oficina puede reducir, según algunos estudios, el equivalente anual a las emisiones contaminantes de una ciudad como Londres. Sin embargo, son muchas las organizaciones que alertan de que por sí sola no es la única «medicina» en la lucha contra el cambio climático. Incluso, dicen, puede aumentar el CO2 con el consumo adicional de energía en los hogares o si se dispara el uso de internet y ordenadores

Quizá el término teletrabajo sea uno de los más usados estos últimos meses. Era una tendencia que estaba ahí, aunque quizá andaba un poco vacilante. La Organización Internacional del Trabajo dice que antes de la pandemia solo un 5% de los trabajadores en China desarrollaban su jornada laboral en casa. Los más telemáticos eran los holandeses, con un 14% de la población activa trabajando desde sus hogares. Unos baremos muy dispares también en cuanto a potencial, porque si bien en líneas generales y a nivel mundial el 20% de los trabajos puede realizarse desde el salón, dice la OIT, en el África subsahariana solo se podría hacer telemáticamente un 10% de los empleos, mientras que en los países ricos de Europa hasta el 45% haría prescindible la oficina.

Grandes multinacionales como Google o Facebook anunciaban ya en primavera que sus plantillas trabajarían en remoto al menos hasta principios del año próximo. Incluso Twitter ha decidido mandar a sus empleados a casa de forma permanente. En España también son muchas las empresas que estos meses hablan de los cambios en su régimen de trabajo y de cómo estos conllevan una serie de bondades medioambientales. Una de ellas es que se reducen las emisiones del transporte. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, durante el confinamiento el tráfico rodado sufrió una caída de entre el 50 y el 75%. Mientras, un 60% de los trabajadores afrontaba su jornada en casa. «El uso de gasolina se redujo en más de nueve millones de barriles por día, una caída sin precedentes». Parecen buenas noticias.

Sin embargo, varios estudios hechos en este tiempo se muestran más cautelosos. Un grupo de investigadores de la Universidad de Sussex ha valorado 39 paper y documentos publicados en Europa, Asia, EE UU y Oriente Medio sobre este tema y, sus conclusiones ponen de manifiesto una gran diversidad de resultados y la necesidad de hacer más investigación.

Hay estudios que sugieren que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) pueden reducirse hasta un 77% y los que afirman todo lo contrario; que hasta podrían crecer. «El trabajo desde casa ahorra energía por las emisiones de transporte. Sin embargo, el teletrabajo está rodeado de una variedad de factores en el comportamiento personal, que complican la ecuación. Si bien puede eliminar o reducir el consumo de energía y las emisiones de los desplazamientos a la oficina, también puede conducir a un mayor uso de energía en el domicilio. Este efecto rebote se debe a un mayor uso de electrodomésticos, climatización e iluminación», dice. Y sigue explicando otras variables sobre la movilidad. «En un documento encontramos que la distancia de viaje en vehículo es un 8% menor por mes para los teletrabajadores que para los no teletrabajadores». Es decir, que quien teletrabaja al final hace más uso del coche para otras cosas. Cristina Alonso, responsable de Justicia Climática y Energía de Amigos de la Tierra, opina que «el escenario de cambio climático es muy complejo; lo que es necesario es una total transformación del modelo productivo. El teletrabajo está muy bien, pero no se debe desviar la atención del hecho de que hay que transformar muchas cosas, como la movilidad».

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha hecho su propio análisis y sus conclusiones son bastante gráficas: «Para las personas que van en coche, es probable que trabajar desde casa reduzca su huella de CO2 si su viaje es superior a unos seis kilómetros. Sin embargo, para desplazamientos cortos en coche o en transporte público, trabajar desde casa podría incrementar las emisiones debido al consumo adicional de energía residencial (ha aumentado entre un 7 y un 25%)». A pesar de todo, el potencial de reducción que estima la IEA es de 24 millones de toneladas anuales. Lo mismo que emite una ciudad como Londres.

Eso sí, advierte el organismo, a pesar de que la reducción es importante, se queda pequeña frente a la que es necesaria en términos globales. De hecho, investigadores del Instituto de Tecnología de Karlsruhe (Alemania) han calculado que durante el «lockdown» las emisiones en el mundo se redujeron hasta un 8%, pero que aun con todo esto no se ha llegado a notar en al atmósfera. Para alcanzar los Acuerdos de París sería necesaria una reducción similar cada año de aquí a 2030. Entonces, ¿qué es más sostenible ir a trabajar o no? Pues todo apunta a que es mejor quedarse en casa con ciertos peros. Porque ¿y si sucede como en los países del norte de Europa donde hasta casi la mitad de los coches que circulan son eléctricos? ¿Y si se trata de un país en el que, por el contrario, el sistema que alimenta las calefacciones de los teletrabajadores sigue dependiendo de los combustibles fósiles?

OJO AL DATO

Una de las grietas de la economía digital es el aumento en el consumo de datos. El Foro Económico Mundial alerta en un reciente documento de lo que supone en términos energéticos. «El tráfico IP global es de casi 150.000 GB por segundo en comparación con los 100 GB por día hace tres décadas. Y la conectividad será casi tres veces más para 2025. La Inteligencia Artificial, el Big Data y millones de dispositivos conectados están detrás de esto. En términos energéticos, toda esta economía digital ya supone la décima parte del consumo mundial de energía». Como dicen muchos expertos desde hace años, si intenet fuera un país sería la sexta economía más contaminante del mundo. «Teletrabajar puede suponer más necesidad de aparatos electrónicos y de sus materias primas derivadas, muchas de las cuales son raras y provienen de extracción dudosa. Hay que abrir un debate sobre todo lo que va a traer consigo el teteletrabajo en cuanto a posibles desigualdades o uso de intenert. Nadie sabe muy bien cuánto consumimos por tener archivos en la nube, etc.», dice Alonso. Desde Sussex admiten que les falta información sobre esto. «Servicios como el almacenamiento en la nube y la transmisión de vídeo podrían estar aumentando el uso de energía del trabajo desde casa. Estamos llevando a cabo una investigación para tratar de comprenderlo mejor, pero no tenemos una respuesta clara en este momento sobre si el trabajo a domicilio digital actual reduce las emisiones en general».