Agujeros Negros

Es uno de los mayores enigmas siderales, intuido por Albert Einstein, y definido como un lugar del espacio cósmico que absorbe por completo cualquier materia o energía situada en su campo gravitatorio.

Esa capacidad de absorción es tal que hasta la luz resulta captada. El interés por tan enigmática realidad astrofísica se ha recrecido, al haberse designado como Premios Nobel de Física de 2020 al británico Roger Penrose, físico matemático de la Universidad de Oxford, con la mitad del Premio; Reinhard Genzel, cosmólogo del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre en Alemania, y finalmente Andrea Ghez, cosmóloga de la Universidad de California, que comparte con el anterior la segunda mitad del galardón. Que este año tiene una valoración global de 950.000 euros, algo menor de lo habitual, porque la Fundación Nobel también padece caídas de rentabilidad de sus activos, derivadas de la pandemia. La confirmación de que los agujeros negros ya estaban en la mente de Einstein la hizo Penrose en los años 70. Teoría que adquirió mayor verosimilitud con Stephen Hawking, a quien le quedó por comprobar sus consideraciones sobre el escape de energía del agujero, para recibir el Nobel, que no le llegó en vida.

Las suposiciones sobre los agujeros negros se confirmaron definitivamente cuando se logró la primera imagen fotográfica, en 2019, en la M-87, una galaxia a 57 años luz de la Tierra. Habiéndose calculado que el cuerpo en cuestión constituye una masa equivalente a cuatro millones de veces nuestro Sol, en un espacio físico no mucho mayor que el centro de nuestro sistema planetario. En los próximos tiempos vamos a tener muchas noticias sobre este tema. Y a los más propicios a la ciencia ficción, les recomendamos un poco de paciencia sobre otro tipo de agujeros, los «de gusano», que supuestamente permitirían atravesar el Universo a la velocidad de la luz, o incluso más.